EL SÁBADO ENSEÑARÉ…
RESEÑA
Texto clave: Isaías 50:4.
Enfoque del estudio: Mat. 28:16-20; 1 Ped. 3:8-15, 21, 22.
La lección pasada concluyó con la certeza de Job acerca del Redentor, quien “vive, y que al fin se levantará sobre la tierra” (Job 19:25). Esta semana aprenderemos cómo compartir esta extraordinaria esperanza. Para ello, nos centraremos en dos importantes pasajes bíblicos.
El primero de ellos es Mateo 28:16 al 20, donde Jesús encomienda a sus discípulos —y a nosotros— la Gran Comisión. Este pasaje, que registra las últimas palabras de Jesús, constituye el clímax de todo el evangelio y nos confronta con nuestra responsabilidad de compartir la esperanza acerca de Jesucristo con todas las naciones. Esta misión, que se fundamenta en la autoridad divina de Jesús, tiene un alcance universal y garantiza la presencia de Dios a nuestro lado hasta el fin de los tiempos (Mat. 28:20).
El segundo pasaje es 1 Pedro 3:8 al 15, 21 y 22. Aquí, el apóstol nos exhorta a ocuparnos en la formación de nuestro carácter, a trabajar dentro de nuestras comunidades y a amarnos unos a otros como parte de nuestra preparación espiritual para compartir la buena noticia del evangelio con el mundo. Esta labor tiene como objetivo fomentar la unidad en la iglesia y alentar la resiliencia de sus miembros en tiempos de persecución. Esta labor también nos confronta con nuestra responsabilidad para con Jesucristo, quien murió por nosotros y nos salva a través de su resurrección y su intercesión en el Santuario celestial (Heb. 7:25).
COMENTARIO
La Gran Comisión (Mat. 28:16-18)
La resurrección de Jesús (Mat. 28:1-7) constituye el trasfondo inmediato de la Gran Comisión. En este contexto, se relatan tres acontecimientos: (1) la adoración a Jesús por parte de las mujeres (Mat. 28:9) y, luego, de los once discípulos (Mat. 28:16, 17); (2) el encuentro de los soldados romanos que habían estado custodiando la tumba de Cristo con los principales sacerdotes (Mat. 28:11-15); (3) la presencia de Jesús a lo largo de los dos incidentes anteriores. Estos tres acontecimientos preparan y justifican la Gran Comisión. La adoración a Jesús anticipa la afirmación que hizo sobre su autoridad divina “en el cielo y en la tierra” (Mat. 28:18). El informe engañoso de los guardias de la tumba, a instancias de los principales sacerdotes, prepara el cambio del pacto exclusivo —con Israel como único destinatario— al pacto universal con “todas las naciones” (Mat. 28:19). La presencia de Jesús con las mujeres y los discípulos prepara a su iglesia para el cumplimiento de su promesa de estar con ellos “hasta el fin del mundo” (Mat. 28:20).
La autoridad de Jesús. Tan pronto como los once discípulos vieron a Cristo resucitado, lo adoraron, pues comprendieron que había vencido a la muerte (ver Apoc. 1:18) y que era Dios. De hecho, la expresión “les dijo” (Mat. 28:18), que introduce las palabras de Jesús, es una réplica de la frase clave que introduce regularmente las palabras de Dios en el libro de Éxodo (Éxo. 6:10; comparar con Éxo. 6:29; 7:8; etc.). Las palabras de Jesús confirmaron la comprensión que los discípulos tenían acerca de la identidad de él y de su autoridad divina “en el cielo y en la tierra” (Mat. 28:18). Su dominio; es decir, el alcance de su autoridad, abarca toda la Creación, lo cual significa la soberanía universal propia de quien es el Creador (Gén. 1:1). La palabra “todo” se repite tres veces (Mat. 28:18-20), al igual que en la conclusión de la historia de la Creación (Gén. 2:1-3). Esa misma palabra, aplicada a su autoridad, aparece dos veces en su mandato (Mat. 28:19, 20). Es precisamente por “toda” su autoridad divina que Jesús tiene derecho a encomendar a sus discípulos la misión de llegar a “todas” las naciones y enseñar “todo” lo que él ha mandado.
El pacto universal. También es importante recordar que el mandato de Jesús es llevar discípulos a él, no traerlos a nosotros. Nuestra meta, como pastores, maestros, evangelistas o incluso como iglesia, no es reunir a nuestros propios seguidores, sino hacer discípulos para Cristo mediante el bautismo, ya que él es quien está por encima de las naciones y quien vendrá a reunir a los suyos.
El bautismo señala el comienzo de una nueva vida
La ceremonia del bautismo recuerda el acto divino de la Creación a partir de las inertes aguas primigenias, señalando así la obra generadora del Señor en los primeros capítulos del libro de Génesis. Al mismo tiempo, el bautismo es también una ceremonia que señala hacia la futura creación de un nuevo Cielo y una nueva Tierra tras el regreso del Hijo del Hombre. El bautismo no es solo una señal de la presencia de Dios y un símbolo de la regeneración espiritual; también es una señal escatológica de que la presencia de Jesús está garantizada “hasta el fin del mundo” (Mat. 28:20). Jesús ya era designado como Emanuel, “Dios con nosotros”, antes de regresar como el Hijo del Hombre en las nubes del cielo. En consecuencia, la Gran Comisión concluye con la esperanza de la presencia de Jesús aquí y ahora (comparar con Mat. 1:23).
Preparación para compartir las buenas noticias del evangelio (1 Ped. 3:8-15, 21, 22)
1 Pedro 3:8 al 15, 21 y 22 es introducido con la palabra “finalmente” (griego telos), indicando así la conclusión de la sección anterior, que se refiere al testimonio de la iglesia ante el mundo (1 Ped. 2:11-3:7). Por lo tanto, este pasaje es particularmente relevante para la misión de la iglesia. Sin embargo, mientras que el texto de la Gran Comisión se ocupa de por qué debemos llegar a las naciones, la carta de Pedro se centra en cómo prepararnos para esa misión. En primer lugar, aborda el problema de las relaciones dentro de la comunidad de los creyentes (1 Ped. 3:8, 9). A continuación, aborda el desafío de las relaciones con los no creyentes, quienes no comparten con nosotros los mismos valores y objetivos espirituales para la vida (1 Ped. 3:13-17). Para animar a sus hermanos y hermanas a sobrellevar el sufrimiento por hacer el bien, Pedro se refiere al ejemplo de Jesús (1 Ped. 3:18).
Llamado a la unidad y al amor. Pedro comienza con el aspecto más importante, y probablemente el más desafiante, de nuestra preparación para compartir el evangelio. Exhorta a “todos” (1 Ped. 3:8) los miembros de la iglesia a relacionarse de la manera adecuada unos con otros. Con ese fin, Pedro enfatiza la necesidad de la unidad y el amor. El apóstol tiene en mente las disputas que provocan divisiones dentro de la iglesia y afirma que la solución para este problema es el amor fraternal, que él no define como una mera emoción o sentimiento. Pedro utiliza cinco adjetivos para describir lo que significa estar unidos en un espíritu de amor:
1. Debemos tener “un mismo sentir” (1 Ped. 3:8), una expresión que se refiere a la necesidad de estar en armonía unos con otros.
2. Los creyentes también deben ser compasivos unos con otros. Es decir, debemos ser sensibles a las necesidades y las preocupaciones de los demás.
3. Las palabras “amándose fraternalmente” (1 Ped. 3:8) implican la bondad que existe entre los integrantes de una misma familia. En virtud de nuestra conexión común con Cristo, formamos parte de la familia de Dios, por lo que debemos amarnos mutuamente.
4. Los miembros de la iglesia deben ser “misericordiosos”; es decir, estar dispuestos a perdonarse unos a otros, tal como Cristo los ha perdonado.
5. Por último, deben ser “humildes” (NVI), que consiste en la deferencia; es decir, la disposición a estimar a nuestros hermanos más que a nosotros mismos.
Las siguientes líneas profundizan en la aplicación práctica de estas cualidades. Este ideal de amor significa concretamente que no debemos devolver mal por mal al hermano o hermana que nos ha hecho daño (1 Ped. 3:9). Por el contrario, debemos bendecirlos, como Jesús nos instó a hacer (Luc. 6:29). Para apoyar su argumento, Pedro cita el Salmo 34, que se centra en el daño potencial de la lengua cuando esparcimos chismes o insultamos a alguien (Sal. 34:13). Pedro contrasta este daño potencial con la bendición que acompaña a quienes buscan la paz (1 Ped. 3:11, 12), o shalom, que une a los miembros de la iglesia y trae consigo una bendición de Dios para que el mundo sepa que él envió a Jesús y nos ha amado como ha amado al Hijo (Juan 17:22, 23).
Sufrir persecución. Siguiendo la misma línea de pensamiento, Pedro considera el caso de quien sufre persecución por su fe a manos de los incrédulos malvados (1 Ped. 3:13, 14). Incluso entonces, argumenta Pedro, si eres inocente y sufres injustamente, no debes devolver mal por mal por las siguientes dos razones. Primero, porque el sufrimiento de los justos por causa de la fe resulta una bendición. Dios está de tu lado. Segundo, porque la aflicción te brinda una gran oportunidad para dar testimonio y defender tu fe (1 Ped. 3:15). Pedro razona que es mejor sufrir por hacer el bien que por hacer el mal (1 Ped. 3:17). El principio ético que subyace en estas recomendaciones es que es mejor sufrir como víctima que causar sufrimiento como victimario. Para apoyar su argumento acerca de lo positivo del sufrimiento por la fe, Pedro se refiere a Cristo, el Justo, quien sufrió a causa de los injustos y, a través de su sufrimiento, hizo posible la salvación de ellos (1 Ped. 3:18). Como resultado, Cristo fue exaltado y está sentado a la diestra de Dios.
APLICACIÓN A LA VIDA
Orientación para el maestro: Divide la clase en pequeños grupos y asígnales una de las actividades que aparecen a continuación. Dales tiempo, como grupo, para analizar las actividades y las preguntas, y para compartir luego sus ideas con la clase. Anima a los miembros de la clase a incorporar los principios de estas actividades a su propia experiencia espiritual durante la semana. Ten en cuenta que algunas de las siguientes actividades son más adecuadas para la reflexión personal que para la participación en grupo.
1. Una reflexión acerca de la adoración (lee Lam. 3:29)
* Cuando ores, arrodíllate o inclina tu rostro; recuerda que eres polvo (Sal. 103:14). Jesús te resucitará a partir de ese polvo si mueres antes de que él regrese. Con este pensamiento humilde y maravilloso en mente, pide a Dios que transforme tu carácter y lo convierta en un reflejo viviente del suyo.
* Hazte la siguiente pregunta: ¿Por qué la adoración debería motivarme a acercarme a otras personas? Piensa en posibles respuestas, por ejemplo: Porque el Dios al que sirves es también quien creó a las demás personas a su imagen y anhela salvarlas.
2. “Vayan” (Mat. 28:19)
* ¿Qué te sugiere la expresión “vayan”?
* Comparen el mandato de Jesús, “vayan”, con el de Dios a Abraham de “salir”. Hagan una lista de similitudes y diferencias. Por ejemplo, Abraham iría a un lugar que no conocía, mientras que nosotros iremos a personas que no conocemos, etcétera.
* ¿De qué manera tu lista de comparaciones profundiza tu aprecio y tu comprensión de la Gran Comisión?
3. “Y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado” (Mat. 28:20)
* Enumera “todo lo que” Jesús te ha mandado hacer. Por ejemplo: amar, mostrar misericordia, recordar sus verdades. ¿Qué más puedes añadir a esta lista?
* Piensa en algunas maneras de poner en práctica estos mandamientos durante esta semana.
4. “Yo estoy con ustedes” (Mat. 28:20).
* Entona el himno “Cristo está a mi lado” (himno nº 116 del Himnario adventista).
* ¿Cómo te hace sentir este himno? ¿Qué consuelo y esperanza te da?
5. Lee Salmos 141:3 y Salmos 19:14.
* Al final del día, hazte estas preguntas: ¿Cómo me ayudó Dios a cuidar mi lengua hoy? ¿Hay alguna palabra en particular que haya dicho y por la que deba arrepentirme?
* Decide pedir al Señor que te ayude a mejorar tus palabras y todas tus formas de comunicación con los demás. Dile lo siguiente en oración: “Señor, guarda mi lengua. Inspira mis pensamientos. Con la ayuda de tu Espíritu, que las palabras que salgan de mi corazón y de mi mente te glorifiquen. Amén”.
6. Lee 1 Pedro 3:15 y responde las siguientes preguntas.
* ¿Por qué crees en Dios?
* ¿Por qué eres adventista del séptimo día?
* ¿Por qué no crees en la inmortalidad del alma?
* Prepara argumentos para defender tu fe en aquellas áreas en las que tus conocimientos son más débiles. (Este último ejercicio también puede ser asignado para ser realizado fuera de la clase).




