Lección 11 Edición Maestros. 1er Trimestre – Vivir con Cristo – Sábado 14 de Marzo 2026

EL SÁBADO ENSEÑARÉ…

RESEÑA

Texto clave: Colosenses 3:14.

Enfoque del estudio: Col. 3:1–17.

En Colosenses 3:1 al 17, Pablo analiza las características de una auténtica vida cristiana. Hace hincapié en la unión del creyente con Cristo. Esa unión significa que el cristiano participa de la vida, la muerte, la resurrección y la glorificación de Jesús. Pablo desarrolla esta noción al decir que Cristo es nuestra vida (Col. 3:4). Hemos muerto con él, nuestra vida está escondida con él en Dios (Col. 3:3) y hemos resucitado con él (Col. 3:1). Por lo tanto, debemos buscar “las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios” (Col. 3:1), lo que implica que reinamos con él (ver Rom. 5:17).

El tema de la unión con Cristo es abordado en otras partes del Nuevo Testamento.

Esta enseñanza procede de Jesús (Juan 15:5). Al referirse a la profunda conexión del creyente con Cristo, Pablo utiliza la expresión “en Cristo” (ver, por ejemplo, Rom. 6:11 y 2 Cor. 5:17, entre otros muchos pasajes). El apóstol también sugiere que la vida de un verdadero creyente es, en cierto sentido, una “repetición” de la misión de Jesús. Como seguidores de Jesús, debemos, pues, caminar como él lo hizo (1 Juan 2:6). Nuestra vieja naturaleza fue crucificada con Cristo (Rom. 6:6; Gál. 2:20). Hemos muerto con él (Rom. 6:5), fuimos sepultados con él (Rom. 6:4; Col. 2:12), resucitamos con él (2 Cor. 4:14; Col. 3:1) y nos hemos sentado con él en los lugares celestiales (Efe. 2:6).

La lección de esta semana destaca dos temas principales:

1. El verdadero cristiano ha reemplazado la mentalidad terrenal por una celestial.

2. El creyente genuino exhibe las características de una nueva vida en Cristo.

 

COMENTARIO

Ilustración

En las antiguas murallas romanas, la argamasa que une las piedras parece tan dura como ellas. El conjunto se comporta como una sola pieza. Sería necesario volar la muralla entera para derribarla. Lo mismo sucede con el verdadero creyente: se apoya en su Señor y crece en él hasta que se convierte en uno con Jesús en virtud de su unión viviente con él, de modo que resulta difícil precisar dónde termina el fundamento y dónde comienza la edificación, pues Cristo y el creyente están totalmente identificados el uno con el otro (Charles H. Spurgeon, “Faith’s Sure Foundation”, en The Metropolitan Tabernacle Pulpit Sermons [Passmore & Alabaster, 1878], t. 24, p. 463).

 

Mentalidad terrenal versus mentalidad celestial

En Colosenses 3:1 al 11, Pablo analiza el contraste existente entre la nueva vida en Cristo y la vida pasada con sus deseos carnales. Pablo comienza la sección con las palabras: “Siendo que ustedes han resucitado con Cristo” (Col. 3:1). No hay aquí duda alguna acerca de la participación del creyente en la resurrección de Cristo.

De hecho, estas palabras podrían traducirse como: “Puesto que ustedes han resucitado ciertamente con Cristo”. Esto completa el pensamiento introducido en Colosenses 2:20: “Siendo que ustedes han muerto con Cristo”. Pablo está argumentando que, puesto que los colosenses murieron con Cristo (Col. 2:20) y resucitaron con él (Col. 3:1), deben vivir en armonía con esa realidad. Es importante notar que la expresión “han resucitado” aparece en voz pasiva en griego (“han sido resucitados”, DHH). El uso de la voz pasiva indica que la nueva vida en Cristo no es el resultado de logros humanos, sino la obra de Dios en el corazón. Este principio es un correctivo contra la enseñanza errónea de que los seres humanos pueden alcanzar la salvación mediante sus propios esfuerzos.

En los primeros versículos de Colosenses 3, Pablo resume el concepto de la nueva vida en Cristo mediante las palabras “las cosas de arriba” (Col. 3:1, 2; griego ta an?).

A la inversa, la vida antigua es descrita mediante una expresión similar, “las [cosas] de la tierra” (ver Col. 3:2, 5; ta epi t?s g?s, en griego). Pablo exhorta encarecidamente a su audiencia a hacer dos cosas en relación con las realidades celestiales: buscarlas (Col. 3:1) y enfocarse en ellas (Col. 3:2). La palabra griega traducida como “pongan la mira en” (frone?) refleja el acto de pensar (ver Rom. 12:3; 1 Cor. 4:6; Fil. 1:7; 3:15).

En otras palabras, Pablo está diciendo que lo celestial debe ocupar nuestros pensamientos.

Colosenses 3:1 al 4, que introduce la nueva sección, está saturado de referencias a Cristo: hemos resucitado con Cristo (Col. 3:1); él está a la diestra de Dios (Col. 3:1); nuestra vida está escondida con él (Col. 3:3); y él es nuestra vida (Col. 3:4). Para Pablo, buscar y pensar en las realidades celestiales es sinónimo de vivir una vida por y para Cristo hasta el día en que participemos de su gloria (Col. 3:4).

Vivir para Cristo significa estar muerto para las cosas terrenales (Col. 3:2, 3). Para esclarecer este punto, Pablo ofrece una lista de conductas que los creyentes deben evitar a toda costa (Col. 3:5). Además, menciona que “por esas cosas viene la ira de Dios sobre los desobedientes” (Col. 3:6). En estos dos versículos, Pablo está describiendo la antigua vida, previa a la conversión. Los hijos de desobediencia son quienes buscan las cosas terrenales y ponen su mente en ellas. Esto contrasta con la actitud de quienes murieron al yo y fueron resucitados con Cristo.

Para caracterizar aún más la vida antigua o pasada, Pablo presenta una segunda lista de faltas: “Ira, enojo, malicia, maledicencia, palabras groseras” y mentiras (Col. 3:8, 9). El apóstol califica a quien vive según “las cosas de la tierra” como “el viejo hombre” (Col. 3:9) y a quien vive según “las cosas de arriba” (Col. 3:1) como “el nuevo hombre” (Col. 3:10, LBLA). El contraste entre ambos resalta más por el uso de los verbos “despojar” (griego apekduomai) y “revestir” (endu?). Pablo emplea un juego de palabras para subrayar una importante verdad bíblica: el hombre viejo está inmerso en sus obras (Col. 3:9), mientras que el hombre nuevo “se renueva hasta el conocimiento pleno, conforme a la imagen de su Creador” (Col. 3:10). El apóstol ofrece luego más detalles de la nueva vida en Cristo.

 

Características de la nueva vida en Cristo

Pablo comienza la nueva sección de Colosenses 3:12 al 17 con la expresión “por tanto”. Con ello indica que las exhortaciones de esa sección deben verse como una consecuencia o resultado de lo expuesto en Colosenses 3:1 al 11. De acuerdo con Colosenses 3:1 y 2, quienes buscan las cosas de arriba y piensan en ellas (y han sido regenerados espiritualmente, en consonancia con la designación “nuevo hombre” usada en Colosenses 3:10) son descritos ahora como “elegidos de Dios, santos y amados” (Col. 3:12).

Según Pablo, el verdadero creyente es alguien que se despoja de ciertas cosas (Col. 3:8) para revestirse de otras, como de “compasión, de benignidad, humildad,

mansedumbre y tolerancia” (Col. 3:12). Mientras que la vida del viejo hombre se caracteriza por mentirse “unos a otros” (Col. 3:9; griego allel?n), la vida del nuevo hombre se destaca por la disposición a “soportarse unos a otros” (Col. 3:13; también allel?n en griego) y “perdonarse unos a otros” (Col. 3:13). Sin embargo, en referencia a la lista de virtudes de Colosenses 3:1 y 2, Pablo dice: “Sobre todo, vístanse de amor, que es el vínculo de la perfección” (Col. 3:14). El apóstol da a entender que solo es posible practicar todas las demás virtudes cuando el amor permea las relaciones dentro de la iglesia. En otras palabras, Pablo está diciendo que, cuando amamos, demostramos “entrañable compasión, […] benignidad, humildad, mansedumbre y tolerancia” (Col. 3:12). También nos soportamos y nos perdonamos unos a otros (Col. 3:13). ¡Qué poderosa declaración!

La nueva vida en Cristo se caracteriza también por la presencia de la paz de Dios (Col. 3:15). Esta paz solo puede existir dentro de la comunidad eclesial porque Dios reconcilió consigo todas las cosas por medio de Cristo, quien hizo “la paz mediante la sangre de su cruz” (Col. 1:20). En otras palabras, la paz en las relaciones humanas es el resultado de la paz con Dios.

Por último, la nueva vida en Cristo incluye una adhesión inquebrantable a la Palabra de Cristo (Col. 3:16). Al decir que esta debe habitar “en abundancia en ustedes, enseñando y exhortándose unos a otros con toda sabiduría” (Col. 3:16; énfasis añadido), Pablo sostiene que las enseñanzas de Jesús deben permear completamente nuestra vida. Esta afirmación es semejante a la que se encuentra en Colosenses 1:28: “A él anunciamos, amonestando y enseñando a todos, en toda sabiduría, para presentar a todo hombre perfecto en Cristo” (énfasis añadido). De los paralelismos entre estos dos versículos se desprenden tres principios importantes. En primer lugar, Cristo y sus enseñanzas son inseparables, en el sentido de que no es posible aceptar a Cristo sin aceptar sus enseñanzas. En segundo lugar, el objetivo de la proclamación del evangelio es presentar “a todo hombre perfecto en Cristo” (Col. 1:28). En tercer lugar, las personas que han experimentado una verdadera conversión participan en la misión. Pablo concluye sus enseñanzas en Colosenses 3:1 al 17 con un pensamiento que hace de síntesis: quienes viven una vida nueva hacen todo “en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por él” (Col. 3:17).

 

APLICACIÓN A LA VIDA

Reflexiona acerca de los siguientes temas y pide luego a los integrantes de tu clase que respondan las preguntas que aparecen al final de la sección.

La afirmación de que Cristo es nuestra vida (Col. 3:4) es una de las declaraciones más notables de la Biblia. Si Cristo es nuestra vida, nada podemos hacer sin él (Juan 15:5), pero todo es posible por medio de él (Fil. 4:13). Si él es nuestra vida, su gracia nos basta (2 Cor. 12:9). Si Cristo es nuestra vida, estamos crucificados con él y ya no vivimos nosotros, sino que él vive en nosotros (Gál. 2:20).

Pablo habla de una relación tan profunda con Cristo que participamos de su vida, muerte, resurrección y glorificación. Para destacar esta realidad, el apóstol utiliza la frase “con Cristo” en siete ocasiones en su carta a los colosenses. Con él morimos (Col. 2:20), fuimos sepultados (Col. 2:12), resucitamos (Col. 2:12; 3:1), fuimos vivificados (Col. 2:13) y estamos escondidos (Col. 3:3), de tal manera que seremos “manifestados con él en gloria” (Col. 3:4; énfasis añadido).

De alguna manera misteriosa, cada creyente en Cristo está unido a él, de modo que su muerte, su sepultura, su nueva vida, su posición en el Cielo y su glorioso regreso son nuestros […]. Cuando llegamos a ser uno con Cristo, nuestras deudas son transferidas a él, y sus bienes son transferidos a nosotros (“Christ, Your Life: Colossians 3:4”, en Devotions on the Greek New Testament: 52 Reflections to Inspire and Instruct, eds. J. Scott Duvall y Verlyn D. Verbrugge [Zondervan, 2012], pp. 102, 103). Nada puede conferirnos un sentimiento de pertenencia más profundo que nuestra unión con Cristo.

Preguntas:

1. ¿Qué nos sugiere la notable afirmación de que Cristo es nuestra vida acerca del tipo de relación que podemos y debemos tener con él?

2. ¿Qué significa participar en la vida, muerte, resurrección y glorificación de Cristo? ¿Estás participando de estas realidades?

IA Para Docentes
0 comments… add one

Leave a Comment

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.