Jonathan Gallagher Lección 8. “Sangre inocente ” (4T 2016—El libro de Job)

Sangre inocente (4T 2016—El libro de Job)

Textos bíblicos: Job 10, Isa. 53:6, Romanos 3:10–20, Job 15:14–16, Job 1:18–20, Mateo
6:34, Hebreos 11:1.

Citas
• Es mejor arriesgarnos a salvar a una persona culpable que condenar a una inocente. Voltaire
• Es más importante proteger la inocencia que castigar la culpa. Porque la culpa y los crímenes son tan frecuentes en este mundo que no todos pueden ser castigados. John Adams
• Nuestra inocencia es muy profunda, y el secreto que más nos avergüenza es que no sabemos absolutamente nada; y el secreto más horrible y oculto es que no nos importa no saber nada. Dylan Thomas
• La inocencia es una de las cosas más excitantes del mundo. Eartha Kitt
• Algunos podrían recordar, si tienen buena memoria, que solía existir una ley anglo-americana llamada presunción de inocencia, donde alguien era inocente hasta que se demostrara lo contrario en una corte de justicia. Pero esa ley ha quedado en el pasado, tanto así que no tiene sentido mencionarla, pero existió una vez. Noam Chomsky

Para debatir
¿En qué sentido Job es realmente inocente? ¿Es Dios culpable de tomar “sangre inocente”? ¿Cómo los amigos de Job se relacionan con el concepto de la inocencia? ¿Cómo puede alguien con una naturaleza humana pecadora reivindicar su inocencia? ¿Cómo es que incluso Job cree que está sufriendo en las manos de Dios? ¿De qué manera
él también tiene una imagen imperfecta de Dios?

Resumen bíblico
En Job 10, Job se expresa a Dios en términos muy fuertes. Afirma que es inocente, pero sugiere que esto parece irrelevante a Dios: “A pesar de que sabe que no soy culpable, nadie me puede salvar de tus manos” “Si soy culpable, o si soy inocente no puedo mantener mi cabeza en alto porque estoy totalmente humillado cuando miro a mis
sufrimientos” Job 10: 7., 15 FBV. Elifaz contrarresta esto diciendo: “¿Qué es el hombre para creerse puro, y el nacido de mujer para alegar inocencia? Si Dios no confía ni en sus santos siervos, y ni siquiera considera puros a los cielos, ¡cuánto menos confiará en el hombre, que es vil y corrupto y tiene sed del mal!” Job 15: 14-16 FBV. En otras palabras, dice que Job está lejos de ser inocente. Por supuesto, sabemos que Job es valorado como
una buena persona por Dios (véase la introducción de Job). Isaías 53:6 dice que todos nos hemos desviado como ovejas, mientras que Romanos 3: 10-20 deja claro que nadie es justo. ¿Cómo podemos entonces entender Job 1:22 FBV: “En todo esto no pecó Job, ni culpó a Dios?”

Comentario
En lo que tiene que ver con inocencia, culpabilidad y la caída, entender el pecado como una relación quebrantada con Dios, como un acto de desconfianza hacia el Todopoderoso, una preferencia por hacer el mal, entonces es más fácil ver el enorme alcance de sus consecuencias. La mayoría de nosotros ve un desafío a Dios al tratar de
resolver esta fractura en el universo, y la manera en que él intenta ganarse el amor de sus hijos nuevamente.
La razón por la que existe tanta confusión y debate respecto a la manera como Dios nos vuelve justos nuevamente es que no logramos entender qué fue lo que salió mal desde un principio. Todas estas ideas de pago y propiciación asumen que Dios impuso un castigo por el pecado. Los conceptos de sustitución asumen que Dios exige una muerte
antes de poder perdonar el pecado. Los conceptos de “infusión” de alguna “sustancia” espiritual como si el pecado fuera un objeto con el que podemos tratar, o que es un pedazo de mugre metafísico que puede ser limpiado.
Todos estos conceptos están equivocados porque vemos el pecado de manera equivocada. El pecado no es un objeto, no es un mugre, un patógeno, tampoco es un agente de enfermedad o algo que se le parezca. El pecado no puede ponerse en una balanza ni puede observarse físicamente . Es una relación quebrantada. Esa es la clave.
Solo cuando aceptemos esta comprensión del pecado dejaremos de estar confundidos, ya que la respuesta a una relación quebrantada es una relación restaurada. Podríamos pensar  que llamar al pecado una enfermedad puede ser útil, pero aun en eso nos equivocamos porque entonces creemos que lo que necesitamos es un antídoto o antivirus en nuestro cuerpo. No—el pecado solo es una enfermedad en términos metafóricos—. Sencillamente no podemos ver el pecado a través de un microscopio.
De modo que la respuesta está en restaurar la relación trayéndonos de vuelta a una armonía con Dios, creando una relación de confianza y unidad. No necesitamos ningún tipo de inyección química, porque eso no solucionará el problema. La verdad es simplemente: “en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo” 2 Cor.
5:19 FBV. Lo que queremos es una relación inocente y pura con Dios que se perdió por nuestra desconfianza en él. Job nos muestra a través de su experiencia que en esta vida podremos tener pruebas, pero lo importante es la manera como las enfrentamos. Aunque ninguno de nosotros puede levantar la mano y decir “soy inocente,” sabemos también que experimentamos las consecuencias del mileno de pecado en las acciones de los demás. Lo esencial es no culpar a Dios, sino confiar en que él nos transformará y nos sanará de nuestro quebranto y vidas enfermas por el pecado.

Comentarios de Elena de White
Satanás trató de causar la impresión de que estaba trabajando por la libertad del universo. Incluso cuando Cristo estaba en la cruz, el enemigo decidió imprimir a sus argumentos tal alteración, tanto engaño, un carácter tan insidioso, que todos se convencieran de que la ley de Dios es tiránica. El mismo trazó todo plan, ideó todo mal,
encendió toda mente para causar aflicción a Cristo. El mismo instigó las falsas acusaciones que se lanzaron contra Aquel que sólo había obrado el bien. El mismo inspiró los crueles actos que añadieron sufrimientos al puro, santo e inocente Hijo de Dios {Cada Día con Dios, p. 12} Dice el apóstol: “Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo a sí”. 2 Corintios 5:19. Únicamente mientras contemplamos el gran plan de la salvación podemos apreciar correctamente el carácter de Dios. La obra de la creación era una manifestación de su amor; pero el don de Dios para salvar a la familia culpable y arruinada, es lo único que nos revela las profundidades infinitas de la ternura y compasión divina “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en
él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 3:16. A la par que se mantiene la ley de Dios, y se vindica su justicia, el pecador puede ser perdonado. El más inestimable don que el cielo tenía para conceder ha sido dado para que Dios “sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús”. Romanos 3:26. Por este don, los hombres son
levantados de la ruina y degradación del pecado, para llegar a ser hijos de Dios. Dice Pablo: “Habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos, Abba, Padre” {Testimonios para la Iglesia, Tomo 5, p. 590}

Preparado el 7 de abril de 2016 © Jonathan Gallagher 2016
Traducción: Shelly Barrios De Ávila

escuela sabatica jonathan gallagher

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