Jonathan Gallagher Lección 8. Jesús mostraba compasión (3T 2016—La Iglesia en la Comunidad)

Jesús mostraba compasión (3T 2016—La Iglesia en la Comunidad)

Textos bíblicos: 2 Reyes 13:23; Éxodo 2:23–25; Lucas 7:11–16; 1 Juan 3:17; Juan
11:35; Romanos 12:15; 2 Corintios 1:3, 4; Mateo 14:14.

Citas
• No desear ni esperar nada para nuestro beneficio propio y tener una profunda compasión por los demás es auténtica santidad. Ivan Turgenev
• Aunque la compasión por sí sola no puede cambiar los hechos, puede ayudar a hacerlos más llevaderos. Bram Stoker
• Cuando comprendamos plenamente la brevedad de la vida, sus alegrías efímeras y dolores inevitables; cuando aceptemos el hecho de que todos los hombres y mujeres nos aproximamos a un final inevitable: la consciencia de ello debería hacernos más amables y considerados unos con otros. Y este sentimiento debería hacer que hombres y mujeres hagan sus mejores esfuerzos por ayudar a sus compañeros de viaje, para que el camino sea más brillante y fácil de soportar.
Debería producir una amistad más cercana, una mejor comprensión, y una simpatía más profunda por los viajeros que van a pie y deben vivir una vida común y morir una muerte común. Clarence Darrow
• Cristo literalmente caminó en nuestros zapatos y participó de nuestra aflicción. Los que no ayudan a otros revelan que el amor de Cristo aún no los ha transformado en las personas solidarias que el evangelio debería hacer de ellas.
Timothy Keller
• La compasión no sustituye la acción. David Livingstone

Para debatir
¿En qué se basa la auténtica empatía? ¿Cómo respondió Jesús a las tragedias de la vida que le rodeaban? ¿Qué evidencia tenemos para mostrar que Dios realmente es empático? ¿Cómo encaja todo esto en la gran controversia? ¿Cuál es la mejor manera en que podemos mostrar un espíritu de empatía?

Resumen bíblico
La bondad de Dios para con el pueblo de Israel se relata detalladamente en 2 Reyes 13:23. Su preocupación por ellos al estar en Egipto se confirma en Éxodo 2:23–25. La compasión de Jesús por el hijo de la viuda de Naín se relata en Lucas 7:11–16. También se nos dice que si no tenemos compasión por los que tienen necesidad, el amor de Dios no está en nosotros, según 1 Juan 3:17. Vemos que Jesús lloró sobre la tumba de Lázaro (Juan 11:35). Luego en Romanos 12:15 FBV se nos dice: “Alégrense con los que están felices, y lloren con los que lloran.” Hemos de consolar a otros así como Dios nos consuela (2 Cor. 1:3, 4). Finalmente Mateo 14:14 registra que Jesús tenía compasión por
las personas y sanaba a los enfermos.

Comentario
Para este estudio, en los textos bíblicos se nos refiere a Lucas 7. Un poco más adelante en este mismo capítulo leemos que Jesús se encontraba en la casa de Simón el fariseo. Este hombre había sido sanado de la lepra, pero todavía tenía una actitud pecaminosa, y ve a la mujer que unge los pies de Jesús como una pecadora. No es compasivo en ninguna manera. No reconoce cuánto se le ha perdonado a él, de modo que Jesús debe recordárselo.
Jesús explica lo que la mujer ha hecho. Porque el verdadero perdón trae resultados. Y los actos de María por Jesús expresaban lo que ella sentía en su corazón: su enorme amor por él, su admiración ante el hecho de que Jesús pudiera considerar a alguien como ella, su enorme gratitud por el perdón sanador de Dios en Cristo. En contraste, la falta de consideración y cuidado de Simón demuestran su frialdad, y cuán poco él apreciaba lo que Jesús había hecho por él. Porque aunque él había sido curado, en realidad no había experimentado la salvación sanadora de Dios.
Simón ve la gran compasión de Dios que se extiende a alguien que ha sido catalogada como imposible de salvar. Y en lo profundo de su corazón, él se da cuenta que necesita aún más perdón por la dureza de su corazón. Y al aceptar el perdón y la sanidad de Dios para consigo, Simón se convierte en uno de los discípulos de Jesús, un orgulloso
fariseo transformado en un humilde y abnegado seguidor de Jesús. ¡Este es el resultado de la sanación de Dios!
A menudo se nos dificulta incluso aceptarlo. Quizás como Simón podemos razonar y pensar: “Está bien, estoy perdonado.” O quizás no nos sentimos capaces de aceptar tan magnánimo perdón. Como dijera Alfred Korzybski: “Puede que Dios perdone tus pecados, pero tu sistema nervioso no lo hará.” Sin embargo, la verdad es que en el momento en que pedimos perdón con sinceridad, el don es nuestro. Y todos necesitamos estar en paz con Dios, sabiendo que él nos ama, cuida de nosotros, nos ha perdonado y nos está sanando.
Dios vino a ser uno con nosotros para que nosotros pudiéramos ser uno con él. Esta es la verdad del Dios que es la compasión encarnada. Vino a revelarnos la verdad acerca de Dios, a ser nuestra salvación, a responder los interrogantes que dejó el conflicto cósmico. Y al venir, él restaura la relación basada en el amor y la confianza que se había perdido. Al llegar a ser uno en Cristo, nos volvemos uno con Dios, y nos levantamos para caminar una vida nueva.

Comentarios de Elena de White
Cuando comprendáis que sois pecadores salvados solamente por el amor de vuestro Padre celestial, sentiréis tierna compasión por otros que están sufriendo en el pecado. No afrontaréis más la miseria y el arrepentimiento con celos y censuras. Cuando el hielo del egoísmo de vuestros corazones se derrita, estaréis en armonía con Dios, y participaréis de su gozo por la salvación de los perdidos. {Palabras de Vida del Gran Maestro, p. 166} Es obra de Satanás llenar los corazones humanos de duda. Los induce a mirar a Dios como un Juez severo. Los tienta a pecar, y luego a considerarse demasiado viles para acercarse a su Padre celestial o para despertar su compasión. El Señor comprende
todo esto. Jesús asegura a sus discípulos la simpatía de Dios hacia ellos en sus necesidades y debilidades. No se exhala un suspiro, no se siente un dolor, ni ningún agravio atormenta el alma, sin que haga también palpitar el corazón del Padre. {El Deseado de Todas las Gentes, p. 323} Y a todos los que, en tiempo de prueba y escasez, dan simpatía y ayuda a otros más menesterosos, Dios ha prometido una gran bendición. {Profetas y Reyes, p. 96} ¿Por qué deberíamos dudar del amor y del poder de Dios? ¿Por qué no ubicarnos en el lado de la fe en este asunto? ¿Logramos contemplar los encantos y atractivos de Jesús? Entonces procuremos seguir sus pasos. Él vino a revelar al Padre al mundo, y nos ha encomendado la obra de representar su amor, su pureza, su bondad, y su tierna compasión, a los hijos de los hombres. {Signs of the Times, 15 de Abril de 1889} La muerte de Cristo nos muestra el gran amor de Dios por el hombre. Es la promesa de nuestra salvación. Quitar la cruz del cristiano sería como cubrir el sol…. Por medio de la cruz aprendemos que nuestro Padre Celestial nos ama con amor infinito y eterno, y nos trae hacia él con algo más que la anhelante compasión de una madre por su hijo obstinado. {The Review and Herald, 29 de Abril de 1902}
Preparado y escrito por © Jonathan Gallagher 2016
Traducción: Shelly Barrios De Ávila.

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