Jonathan Gallagher Lección 5 – «Todo para la gloria de Dios» – (3T 2026 1 y 2 Corintios)

Lección 5. Todo para la gloria de Dios

(3T 2026 Primera y Segunda a los Corintios)

Textos bíblicos:1 Corintios 8; Hechos 15:20; 1 Cor. 9:1–6; 1 Cor. 10:5–22; Deut. 6:4–5; Mar. 12:28–31; 1 Corintios 10:31.

Citas

  1. Nuestro objetivo supremo en la vida no es tener salud, riqueza, prosperidad o una vida sin problemas. Nuestro objetivo supremo es dar gloria a Dios. Anne Graham Lotz
  2. ¿Cómo damos gloria a Dios? La respuesta breve de la Biblia es: llegando a parecernos cada vez más a Jesucristo. Sinclair B. Ferguson.
  3. La gloria de Dios siempre llega al precio del sacrificio propio. Aiden Wilson Tozer
  4. El anhelo más profundo del corazón humano es conocer y disfrutar la gloria de Dios. Para eso fuimos creados. John Piper
  5. No dividimos nuestra vida, entregando una parte a Dios y otra a nuestro trabajo o estudios, mientras reservamos ciertas áreas para nosotros mismos. La idea es vivir toda nuestra vida en la presencia de Dios, bajo su autoridad y para su honra y gloria. De eso trata realmente la vida cristiana.R.C. Sproul
  6. Cada uno de nosotros es, desde el vientre de nuestra madre, un experto fabricante de ídolos. John Calvin
  7. La idolatría realmente no es buena para nadie. Ni siquiera para los ídolos. John Bach

Para dialogar
¿Cómo termina una discusión sobre alimentos sacrificados a los ídolos con el mandato de hacerlo todo para la gloria de Dios?¿Qué nos enseña el debate sobre los ídolos acerca de cómo debemos actuar hoy?¿Por qué Pablo tiene que recordar a los corintios la importancia de sostener a quienes sirven en el ministerio?¿Qué relación tiene todo esto con la autoridad dentro de la iglesia?

Resumen bíblico
En 1 Corintios 8 se aborda el tema de los alimentos sacrificados a los ídolos, una cuestión muy importante en aquella época y que con frecuencia dividía a la iglesia.El Concilio de Jerusalén, registrado en Hechos 15:20, instruyó a los cristianos a abstenerse de alimentos sacrificados a los ídolos.En 1 Corintios 9:1–6, Pablo trata el tema del sostenimiento de los ministros, señalando sus credenciales como apóstol.En 1 Corintios 10:5–22, analiza la adoración a los ídolos, afirmando que los ídolos, en realidad, no existen.
Deuteronomio 6:4–5 habla del único Dios verdadero, enseñanza que Jesús repite en Marcos 12:28–31.Finalmente, Pablo concluye:“Así que, ya sea que coman o beban, o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios.” (1 Corintios 10:31)

Comentario
Esta semana estudiaremos tres capítulos de 1 Corintios, junto con otros pasajes bíblicos; sin duda, es demasiado material para abarcar por completo. La cuestión de los alimentos sacrificados a los ídolos obviamente ya no es un tema en las iglesias occidentales de hoy, aunque todavía puede ser motivo de preocupación en algunas partes del mundo. Sin embargo, ilustra una cuestión de convicciones profundamente arraigadas que puede dividir a la iglesia, como la ordenación de las mujeres. Aunque la experiencia de nuestra iglesia es muy diferente, casi 2000 años después del Concilio de Jerusalén descrito en Hechos 15, este sigue siendo un ejemplo muy útil de cómo la iglesia afrontó un asunto de gran importancia.

De hecho, para aquellos primeros cristianos, el principal desafío era cómo manejar la transición del judaísmo. No existía un claro “así dice el Señor” que indicara que la circuncisión, las fiestas religiosas, las leyes alimentarias, la impureza ritual, etc., habían sido abolidas. Cuando se tomaron las decisiones registradas en Hechos 15, no cuestionaron a quienes seguían creyendo que tales aspectos eran importantes. Sin embargo, a los creyentes de origen gentil solo les impusieron cuatro requisitos. Mientras debatimos asuntos como la ordenación sin distinción de género en los concilios de nuestra iglesia, deberíamos seguir el ejemplo de aquellos primeros creyentes. En primer lugar, se aseguraron de que sus conclusiones estuvieran fundamentadas en la Biblia y, lo más importante, buscaron la dirección del Espíritu Santo.

Puesto que siempre hemos creído en la “verdad presente” y en que esta es progresiva, sin duda debemos hacer del Espíritu Santo el centro, permitiendo que nos guíe hacia toda la verdad. Pablo retoma este tema en su carta a los Romanos (capítulo 14). Su principal llamado allí es a no provocar divisiones. Esto establece un principio fundamental sobre la manera en que nos relacionamos unos con otros y sobre nuestra propia conducta. La actitud debe ser de respeto hacia el otro, sin insistir en imponer nuestra propia voluntad. No se trata de comprometer los principios, sino de permitir que el principio del amor gobierne la forma en que nos tratamos mutuamente.

La clave se encuentra en estas palabras: “Por tanto, acéptense unos a otros, así como Cristo los aceptó para gloria de Dios” (Romanos 15:7). Esta aceptación mutua contribuye en gran medida a desactivar los conflictos y a asegurar que convivamos en un espíritu de armonía.
Pablo llegó claramente a la conclusión de que, puesto que los ídolos no existían realmente, no importaba si alguien comía alimentos sacrificados a ellos. En esto adoptó una postura diferente de la expresada en Hechos 15. Sin embargo, para algunos el asunto seguía siendo motivo de preocupación, y Juan, en Apocalipsis, critica a Balaam por inducir a los hijos de Israel a comer alimentos sacrificados a los ídolos (Apocalipsis 2:14).

Quizá lo más interesante del Concilio de Jerusalén sea lo que no hicieron. No realizaron una votación. Santiago simplemente dijo: “Nos ha parecido bien al Espíritu Santo y a nosotros…” (Hechos 15:28, VBL). Tampoco exigieron obediencia ni amenazaron con imponer sanciones en caso de desobediencia. Simplemente aconsejaron: “Harán bien en observar estos requisitos” (versículo 29, VBL). Y, como vemos más adelante, incluso ese consejo no fue considerado absolutamente obligatorio, ya que posteriormente Pablo vuelve a tratar el tema de los alimentos sacrificados a los ídolos. La base de la decisión fue: “No debemos poner dificultades a los gentiles que se convierten a Dios” (versículo 19, VBL).

La solución fue inspirada por el Espíritu Santo y luego puesta en práctica.
Jaime White ofrece esta excelente conclusión: “El relato de aquella bendita reunión en Jerusalén para resolver una dificultad que iba en aumento comienza de esta manera: “Porque ha parecido bien al Espíritu Santo y a nosotros”. Y los hermanos de entre los gentiles en Antioquía, Siria y Cilicia “se regocijaron por el consuelo recibido”. Las diferencias resueltas de esta manera con frecuencia quedan más que resueltas y, por lo general, permanecen resueltas; mientras que aquellas solucionadas únicamente mediante el ejercicio de la autoridad eclesiástica rara vez llegan a resolverse realmente”. Life Sketches (1880), p. 407.

Comentarios de Elena de White
El Señor reclama su supremacía. Pero Satanás sabe muy bien que la adoración al Dios vivo eleva, ennoblece y exalta a una nación. Sabe que la idolatría no eleva, sino que degrada las ideas del ser humano al asociar la adoración con aquello que es vil y corrupto. Constantemente trabaja para apartar la mente del único Dios verdadero y viviente. Lleva a las personas a rendir honor y gloria a objetos hechos por manos humanas o a criaturas sin vida racional que Dios ha creado. Los egipcios y otras naciones paganas tenían muchos dioses extraños: seres producto de su propia imaginación. {4BC 1145.5} Hacer una imagen de Dios lo deshonra. Nadie debería poner al servicio de la adoración el poder de la imaginación para venerar aquello que rebaja a Dios en la mente y lo asocia con cosas comunes.

Quienes adoran a Dios deben adorarlo en espíritu y en verdad. Deben ejercer una fe viva. Entonces su adoración será guiada, no por la imaginación, sino por una fe genuina. {4BC 1145.7} Que los seres humanos adoren y sirvan al Señor Dios, y únicamente a Él. Que el orgullo egoísta no sea exaltado ni servido como un dios. Que el dinero no sea convertido en un dios. Si la sensualidad no se mantiene bajo el control de las facultades superiores de la mente, las pasiones más bajas dominarán a la persona. Todo aquello que se convierte en objeto de una admiración y preocupación desmedidas, absorbiendo la mente, es un dios elegido en lugar del Señor. Dios escudriña el corazón. Él distingue entre el verdadero servicio del corazón y la idolatría (Manuscrito 126, 1901). {4BC 1145.8}

Preparado y escrito por: © Jonathan Gallagher 2026
Traducción: Shelly Barrios De Ávila

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