Lección 5. Revelación e inspiración
(4T 2026 El don de profecía)
Textos bíblicos:Hebreos 1:1, 2; 2 Timoteo 3:15–17; 2 Pedro 1:18–21; Éxodo 17:14; Apocalipsis 1:19; Ezequiel 4:1–8; Apocalipsis 1:1, 2.
Citas
- La singularidad de cada autor del Nuevo Testamento no quedó anulada de ninguna manera por el proceso único de la inspiración. Por el contrario, el Espíritu Santo primero preparó y luego utilizó las particularidades de su formación, experiencia, temperamento y personalidad, a fin de comunicar por medio de cada uno alguna verdad distintiva y apropiada. John Stott
- El camino más corto para comprender la Biblia es aceptar que Dios habla en cada línea. Donald Grey Barnhouse
- La Biblia te habla con los mismos tonos de la voz de Dios. C. H. Spurgeon
- Las Sagradas Escrituras proceden de la plenitud del Espíritu; por tanto, no hay nada en los Profetas, en la Ley, en el Evangelio o en las Epístolas que no provenga de la majestad divina. Orígenes
- Las Escrituras procedieron de Dios. William Tyndale
- La Biblia es una revelación del pensamiento y de la voluntad de Dios a los seres humanos. En ella podemos aprender cómo es Dios. Jupiter Hammon
Para debatir
¿Qué significa realmente la palabra inspiración? ¿Cómo entendemos la manera en que fueron inspirados los profetas? ¿Es más preciso decir que las Escrituras son el producto de la inspiración? ¿Qué podemos decir acerca de la inerrancia, es decir, la ausencia de errores? ¿Por qué es importante la inspiración y cómo influye en nuestra manera de comprender la Biblia? ¿Qué relación existe entre revelación e inspiración? ¿Cómo se comunica Dios?
Resumen bíblico
Hebreos 1:1, 2 nos dice que Dios habló anteriormente por medio de los profetas, pero ahora nos ha hablado por medio de su Hijo. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia (2 Timoteo 3:16). Segunda de Pedro 1:18–21 explica que Dios habló por medio de sus profetas y que la revelación es digna de confianza. Dios le indicó a Moisés que escribiera lo sucedido para que pudiera leerse posteriormente como recordatorio (véase Éxodo 17:14). Apocalipsis 1:19 ordena escribir lo que Juan ha visto, lo que sucede y lo que sucederá después. Ezequiel 4:1–8 presenta una parábola representada mediante acciones para simbolizar lo que le ocurriría a Israel. Apocalipsis 1:1, 2 presenta la revelación de Jesucristo, destinada a mostrar a sus siervos lo que sucederá pronto.
Comentario
La Biblia, en sí misma, no es inspirada, puesto que el Espíritu Santo inspira a las personas. La Biblia es el producto de la inspiración, no de un dictado divino. Los escritores de la Biblia eran los escribientes de Dios, no su pluma (Elena de White, Mensajes selectos, t. 1, p. 24). Como resultado, los temas y principios fundamentales concuerdan plenamente. Sin embargo, las formas de expresión varían, los estilos son diferentes y los detalles no siempre coinciden. En lugar de ser motivo de preocupación, esto debería animarnos a reconocer cómo obra Dios por medio de nosotros: seres humanos con todos nuestros defectos, pero a quienes él desea salvar con una voluntad inquebrantable.
No siempre hay orden perfecto o aparente unidad en las Escrituras. […] Los que tan sólo dan un vistazo a las Escrituras, con un conocimiento superficial que piensan que es muy profundo, hablan de las contradicciones de la Biblia y ponen en duda la autoridad de las Escrituras. […] El alma iluminada ve una unidad espiritual, una gran hebra de oro que corre por todo el conjunto (Elena de White, Mensajes selectos, t. 1, p. 22). La cuestión de la inspiración suele comprenderse mal y puede dar lugar a muchas ideas equivocadas. La evidencia bíblica no respalda el concepto de que la Biblia fue dictada por Dios.
Tampoco respalda la idea de que sea infalible en sus aspectos humanos, como cuando describe al sol deteniéndose, conforme a antiguas concepciones de la astronomía. Los escritores humanos emplean su propio lenguaje y procuran comunicar las ideas de Dios de la mejor manera posible. El Espíritu Santo los guía para que no haya error en la comunicación de los asuntos espirituales. Sin embargo, la verdad se va desplegando, la comprensión se profundiza y el significado se amplía. Esto se aprecia especialmente al comparar el Nuevo Testamento con el Antiguo.
No decimos que los escritos anteriores sean deficientes, sino que cada escritor escribió únicamente aquello que podía comprender. Con la venida de Jesús, las cosas se vuelven mucho más claras, amplias y profundas. Por eso somos tan afortunados: vivimos con el beneficio de las explicaciones acumuladas de tantos escribientes de Dios. Dios es firme y digno de confianza. Nos habla y nos asegura su verdad, su amor y su fidelidad. La Biblia es su palabra para nosotros, pero nos llega por medio de nuestro lenguaje humano y de nuestra capacidad de comprensión.
No cabe duda de que la profecía forma parte de la evidencia. Pero, desde otra perspectiva, el mayor énfasis debería recaer en la naturaleza y el carácter del Dios que cumple esas profecías. Porque, aunque una profecía se cumpla, nadie querría relacionarse con un Dios que fuera como el diablo lo describe. Por consiguiente, debemos considerar no solo los acontecimientos, sino también sus razones y consecuencias. Dios siempre obra para el bien; sin embargo, en este mundo de pecado ocurren cosas trágicas y problemáticas. Esta es otra lección que debemos aprender de la historia: el pecado deteriora profundamente el reino de Dios y sus métodos, los inocentes sufren junto con los culpables y Dios también resulta afectado.
El asunto es, en realidad, una cuestión de confianza. No se trata únicamente de si podemos confiar en que Dios cumplirá las profecías, sino también de si podemos confiar en que gobierna el universo con sabiduría y bondad, y de si nos sentiremos cómodos y felices en su presencia. Sobre todo, ¿confiamos lo suficiente en Dios como para entregarnos a él, permitiéndole reparar el daño causado por el pecado, sanarnos de la enfermedad del mal y restaurar en nosotros su imagen divina? Solo entonces podremos decir que verdaderamente confiamos en este Dios digno de confianza.
Comentarios de Elena de White
La Biblia está escrita por hombres inspirados, pero no es la forma del pensamiento y de la expresión de Dios. Es la forma de la humanidad. Dios no está representado como escritor. Con frecuencia los hombres dicen que cierta expresión no parece de Dios. Pero Dios no se ha puesto a sí mismo a prueba en la Biblia por medio de palabras, de lógica, de retórica. Los escritores de la Biblia eran los escribientes de Dios, no su pluma. Considerad a los diferentes escritores.
No son las palabras de la Biblia las inspiradas, sino los hombres son los que fueron inspirados. La inspiración no obra en las palabras del hombre ni en sus expresiones, sino en el hombre mismo, que está imbuido con pensamientos bajo la influencia del Espíritu Santo.
Pero las palabras reciben la impresión de la mente individual. La mente divina es difundida. La mente y voluntad divinas se combinan con la mente y voluntad humanas. De ese modo, las declaraciones del hombre son la palabra de Dios (Manuscrito 24, 1886. Escrito en Europa en 1886). {1MS 24.1–24.2} La Biblia nos muestra a Dios como autor de ella; y sin embargo fue escrita por manos humanas, y la diversidad de estilo de sus diferentes libros muestra la individualidad de cada uno de sus escritores. Las verdades reveladas son todas inspiradas por Dios (2 Timoteo 3:16); y con todo están expresadas en palabras humanas. Y es que el Ser supremo e infinito iluminó con su Espíritu la inteligencia y el corazón de sus siervos.
Les daba sueños y visiones y les mostraba símbolos y figuras; y aquellos a quienes la verdad fuera así revelada, revestían el pensamiento divino con palabras humanas. El Señor habla a los seres humanos en lenguaje imperfecto, a fin de que puedan comprender sus palabras los sentidos degenerados, la percepción opaca y terrena de seres terrenos. Así se muestra la condescendencia de Dios. Se encuentra con los seres humanos caídos donde están ellos. La Biblia, perfecta como es en su sencillez, no responde a las grandes ideas de Dios: pues las ideas infinitas no pueden ser perfectamente incorporadas en los vehículos finitos del Pensamiento. {FV 12.4}
Preparado y escrito por: © Jonathan Gallagher 2026




