Lección 4. Profetas del nuevo testamento
(4T 2026 El don de profecía)
Textos bíblicos:Mateo 16:13–16; Efesios 2:20; Apocalipsis 22:6; Lucas 2:36–38; Hechos 21:9; Efesios 6:10–18; 1 Corintios 12:4–6.
Citas
A quienes se considera mensajeros con autoridad divina en el Nuevo Testamento se los llama, con mayor frecuencia, no profetas, sino apóstoles. Esto es significativo para nuestra investigación, porque, si los apóstoles del Nuevo Testamento son vistos frecuentemente como los equivalentes de los profetas del Antiguo Testamento, los profetas del Nuevo Testamento podrían ser, en muchos casos, algo bastante diferente. Wayne Grudem
También existe el peligro de convertirse en un esclavo irreflexivo de los profetas modernos. A algunas personas se les ha dicho con quién casarse, qué casa comprar o qué empleo aceptar, y han obedecido. En lugar de asumir la responsabilidad personal de tomar decisiones sabias basadas en los principios de la Palabra de Dios, simplemente esperan que se les diga qué hacer mediante una palabra del Señor. Stephen Kring
Un aspecto de cómo habla Dios hoy depende de cómo entendamos la profecía del Nuevo Testamento. A primera vista, al leer el Nuevo Testamento, especialmente Hechos y 1 Corintios, parece razonable concluir que debemos esperar que haya personas que comuniquen profecías tal como lo hacían en la Biblia. De hecho, he pasado buena parte de mi vida cristiana en iglesias donde comunicar profecías era algo bastante normal.
Estas iban desde la exhortación y la reprensión hasta el anuncio de lo que le esperaba a la iglesia… [Pero] las profecías del Nuevo Testamento proclamaban lo que el testimonio de los apóstoles significaba para la iglesia. Tengamos presente que, durante los acontecimientos narrados en el Nuevo Testamento, la iglesia contaba con las Escrituras del Antiguo Testamento, el testimonio de los apóstoles y la palabra de los profetas. Todavía no existía una Biblia completa. Sin embargo, una comprensión integral de la revelación de Dios a la humanidad reconocerá que el fundamento del Antiguo Testamento proporcionaba la base de lo que se cumpliría en Cristo, quien expresa de manera completa y definitiva el pensamiento, la voluntad, el carácter y el plan de Dios. Toda la actividad del Nuevo Testamento descrita en las epístolas debe encontrar su debido lugar en lo que Dios ha hecho por medio del Hijo. Lisa Spencer
Para debatir
¿Cómo entendemos el funcionamiento de la profecía en el Nuevo Testamento? ¿Qué les diríamos a quienes sostienen la posición cesacionista, según la cual el don de profecía terminó al completarse el Nuevo Testamento? En cuanto a comunicar el mensaje de Dios a la humanidad, ¿en qué se diferencia el Nuevo Testamento del Antiguo? ¿Cómo se relaciona esto con la perspectiva del gran conflicto?
Resumen bíblico
Mateo 16:13–16 presenta la pregunta de Jesús acerca de su identidad y la confesión de Pedro, quien lo reconoce como el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Pablo describe a la familia de Dios como edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, con Jesucristo como piedra angular (Efesios 2:20). En Apocalipsis 22:6, el ángel identifica al Señor como el Dios de los espíritus de los profetas. Lucas 2:36–38 menciona a la profetisa Ana. Hechos 21:9 habla de las cuatro hijas solteras de Felipe, que profetizaban. Efesios 6:10–18 describe la armadura del cristiano. Primera de Corintios 12:4–6 presenta la diversidad de dones espirituales
Comentario
Cuando hablamos de los profetas bíblicos, tendemos a pensar en las figuras sobresalientes del Antiguo Testamento. Sin embargo, el Nuevo Testamento también manifiesta la continuidad del don profético. Juan el Bautista es una especie de puente entre los profetas del Antiguo Testamento y los del Nuevo. Pero también hay varias referencias a profetas en el Nuevo Testamento, como señalan los textos bíblicos anteriores. Además, Pablo dedica considerable atención al tema de los dones espirituales, incluida la profecía.
Esta nueva perspectiva nos ayuda a comprender mejor el don de profecía. No es la única manera en que Dios se comunica, sino que forma parte del conjunto de dones espirituales. Incluso podría decirse que tiene una importancia algo menor después de la revelación de Dios mediante Jesucristo. En muchos sentidos, la predicación de las buenas nuevas de salvación por medio de Jesús sustituyó la función de los profetas, aunque Dios siguió utilizando, en ocasiones, a personas para comunicarse de manera más directa.
O quizá sería mejor decir que la profecía se transformó para expresar con mayor precisión lo que siempre debió ser: actuar como mensajero de Dios. Esto plantea la pregunta: ¿Eran profetas los apóstoles?. Quizá no se los identifica específicamente como tales, pero su unción por el Espíritu en Pentecostés ciertamente guarda semejanza con la bendición de Dios sobre los profetas. ¿Y en qué se diferenciaban la predicación de Pablo, sus viajes misioneros y su exaltación de Jesús ante el mundo de la función de un profeta? Esto no pretende restar valor al papel del profeta, sino dejar claro que Dios obra por medio de diferentes personas y de distintas maneras para comunicar su mensaje. Por consiguiente, en el Nuevo Testamento y posteriormente encontramos menos énfasis en los profetas y más en la predicación de la Palabra.
Para esto vino Jesús. En lugar de que el mensaje de Dios llegara a través de los profetas, seres humanos, ahora Dios podía hablar directamente. Por eso acudimos a las palabras de Jesús. Son el mensaje de Dios para nosotros, sin filtros. Aunque, desde luego, están expresadas en lenguaje humano, representan lo que Dios mismo quiere decirnos. Esto pone de manifiesto el problema que tienen en común los falsos profetas: desean presentar su propio mensaje y sus propias opiniones. Pero, desde el Nuevo Testamento hasta nuestros días, los verdaderos profetas señalarán el mensaje y la misión de Jesús.
En pleno desarrollo de su manifiesto del reino, el Sermón del Monte, Jesús advierte contra los falsos profetas: Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces (Mateo 7:15). Afirma que aparecerán falsos profetas que realizarán señales y prodigios (Mateo 24:24), y que engañarán a muchas personas (Mateo 24:11). La clave para reconocerlos es que no señalan a Jesús, sino que niegan al Señor que los rescató (2 Pedro 2:1). Juan es todavía más explícito: afirma que los falsos profetas —y hay muchos en el mundo— niegan la verdadera naturaleza de Cristo como plenamente humano y plenamente divino (véase 1 Juan 4:1–3).
De hecho, en el Nuevo Testamento hay más advertencias contra los falsos profetas que exhortaciones a escuchar a los verdaderos, lo cual constituye una observación interesante. Quizá esto indique que las pretensiones de poseer el don profético pueden resultar problemáticas y que el llamado a probar los espíritus cobra todavía mayor importancia.
Comentarios de Elena de White
Según la Palabra de Dios, el Espíritu Santo debía continuar su obra por todo el período de la dispensación cristiana. Durante las épocas en que las Escrituras tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento eran entregadas a la circulación, el Espíritu Santo no dejó de comunicar luz a individualidades aisladas, amén de las revelaciones que debían ser incorporadas en el Sagrado Canon. La Biblia misma da cuenta de cómo, por intermedio del Espíritu Santo, ciertos hombres recibieron advertencias, censuras, consejos e instrucción que no se referían en nada a lo dado en las Escrituras.
También habla de profetas que vivieron en diferentes épocas, pero sin hacer mención alguna de sus declaraciones. Asimismo, una vez cerrado el canon de las Escrituras, el Espíritu Santo debía llevar adelante su obra de esclarecimiento, de amonestación y consuelo en bien de los hijos de Dios.{El conflicto de los siglos,p. 12.1–12.2) Y Pedro, refiriéndose a los peligros a los cuales la iglesia se vería expuesta en los últimos días, dice que como hubo falsos profetas que indujeron a Israel a pecar, habrá falsos maestros, “que introducirán encubiertamente herejías de perdición, y negarán al Señor que los rescató, […] y muchos seguirán sus disoluciones”. 2 Pedro 2:1, 2. Así anunció el apóstol una de las características principales de los maestros espiritistas. Se niegan a reconocer a Cristo como el Hijo de Dios.
Tocante a esta clase de maestros, el amado apóstol Juan declara: “¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es el anticristo, pues niega al Padre y al Hijo. Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre”. 1 Juan 2:22, 23. El espiritismo, al negar a Cristo, niega tanto al Padre como al Hijo, y la Biblia declara que es manifestación del anticristo.{PP 686}
Preparado y escrito por: © Jonathan Gallagher 2026




