Lección 11. Mayordomía y misión
(3T 2026 Primera y Segunda a los Corintios)
Textos bíblicos:2 Corintios 8–9; Juan 3:16; Juan 17:5; Lucas 9:58; Apocalipsis 13:8; Romanos 12:8; Romanos 15:26–27.
Citas
- Permíteme recordar tus bendiciones —todas ellas y cada una de ellas— con gran
reverencia y cuidado, para que de ahora en adelante pueda darte gracias dignamente por ellas. Sé que soy incapaz de agradecer debidamente incluso el más pequeño de tus dones. Soy indigno de los beneficios que me has concedido y, cuando considero tu generosidad, mi espíritu desfallece ante su grandeza. Todo lo que tenemos, en alma y cuerpo, todo cuanto poseemos interior o exteriormente, por naturaleza o por gracia, son dones tuyos, y proclaman tu bondad y tu misericordia, de las cuales hemos recibido todas las cosas buenas. — Tomás de Kempis. - Lo normal es vestirse con ropa que compras para ir a trabajar y conducir entre el tráfico en un automóvil que todavía estás pagando, para llegar al empleo que necesitas para pagar la ropa, el automóvil y la casa que dejas vacía todo el día para poder permitirte vivir en ella. — Ellen Goodman.
- De la cruz surge la resurrección. De la debilidad surge la verdadera fortaleza. Del arrepentimiento y de admitir que eres débil surge el verdadero poder. De dar y servir a los demás surge la verdadera fortaleza. De la generosidad y de regalar tu dinero surge la verdadera riqueza. Esa es la línea narrativa del evangelio. — Tim Keller.
- Si vamos a ser bondadosos, que sea por simple generosidad, no porque temamos la culpa o el castigo. — J. M. Coetzee.
- La generosidad es para el materialismo lo que la kriptonita es para Superman. — Lloyd Shadrach.
- ¿No sabes que Dios te confió ese dinero (todo lo que excede lo necesario para cubrir las necesidades de tu familia) para alimentar al hambriento, vestir al desnudo, ayudar al extranjero, a la viuda y al huérfano y, en la medida en que alcance, aliviar las necesidades de toda la humanidad? ¿Cómo puedes, cómo te atreves, a defraudar al Señor empleándolo para cualquier otro propósito? — John Wesley.
- Conservamos aquello que regalamos. — Tim Hiller.
Para dialogar
¿Qué nos impide ser generosos? Aunque entendemos que la organización de la iglesia necesita recursos económicos para funcionar, ¿es necesario que continuamente se nos recuerde este tema mediante estudios sobre mayordomía?¿Cuál fue la base del llamado de Pablo para solicitar ayuda a los corintios?¿Cómo reflejamos el carácter de Dios mediante nuestra generosidad?¿Cómo ilustra esto la manera en que Dios actúa en el gran conflicto?
Resumen bíblico
En 2 Corintios 8–9, Pablo habla de la generosidad que los corintios habían demostrado anteriormente y los anima a continuar siendo generosos.Juan 3:16 habla del don que Dios hizo de sí mismo. Juan 17:5 forma parte de la oración de Jesús, en la que pide a su Padre que lo glorifique en su presencia.En Lucas 9:58, Jesús señala que no tiene dónde recostar la cabeza.Apocalipsis 13:8 habla de todos los habitantes de la tierra adorando a la bestia.En Romanos 12:8, Pablo dice que quien da, debe hacerlo con generosidad.También menciona la ofrenda enviada por Macedonia y Acaya para los creyentes pobres de Jerusalén en Romanos 15:26–27.
Comentario
Pablo pasa ahora a tratar asuntos relacionados con la ayuda práctica a los demás. Aunque podríamos ver esto como una cuestión de mayordomía, Pablo prefiere considerarlo como un asunto de generosidad. Esto refleja mucho mejor la actitud de liberalidad que nace del corazón agradecido y lleno de gratitud de un cristiano comprometido. La palabra “mayordomía” puede dar la impresión de ser un deber impuesto, una obligación definida, en lugar de una maravillosa oportunidad para bendecir a otros, así como uno mismo ha sido bendecido. Por eso, veamos las palabras de Pablo desde esta perspectiva. Porque, al fin y al cabo, ¿qué es lo que realmente tiene valor? Si tu tesoro está en el cielo, te diriges hacia él; si tu tesoro está en la tierra, lo dejarás atrás.
Como nos dice Jesús, donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón… La tragedia de poner nuestra confianza en las riquezas y las posesiones es que ellas no pueden salvarnos. Al final descubrimos que todas las cosas materiales que tanto valoramos carecen de verdadero valor. En lugar de acumular riquezas, debemos utilizar los recursos que tenemos mientras podamos. El único valor real del dinero es el beneficio que puede producir, especialmente para los demás. No puedes comer dinero, ni vestirte con él, ni vivir dentro de él.
En última instancia, el dinero no tiene ningún valor por sí mismo si no se utiliza. Mientras permanece guardado en un banco no hace nada. Solo adquiere utilidad cuando se intercambia por algo que realmente sirve. Sí, quizás pienses que te proporciona seguridad para el futuro. Pero nada permanece para siempre, y mucho menos la propia vida. Y, como el avaro Scrooge, ¿qué verdadero beneficio obtenía sentado contando su dinero? Solo cuando comenzó a utilizarlo para hacer el bien encontró un auténtico beneficio.
Esto nos enseña mucho acerca de Dios y de aquello que realmente tiene valor en su universo. El verdadero valor no está en el oro ni en la plata, sino en la moneda del cielo: el amor, la bondad, la generosidad, la misericordia, la compasión, la hospitalidad y, especialmente, la generosidad; todas ellas cualidades que consisten en valorar al prójimo por encima de uno mismo.
Aunque, por supuesto, necesitamos los recursos para vivir, nuestra bendición para los demás se encuentra en dar y compartir, no en guardar lo que tenemos únicamente para nosotros. ¿Por qué ama Dios al dador alegre? Porque eso revela algo acerca de quien da: demuestra que esa persona no está centrada en sí misma ni preocupada principalmente por sus propios intereses, sino que desea compartir para que otros reciban beneficio. Del mismo modo que Dios da mucho más de lo que jamás podríamos imaginar, nosotros también debemos compartir dando, no solo para las causas organizacionales, sino también para las personas que encontramos y que necesitan nuestra ayuda. La clave está en reconocer que debemos preocuparnos por aquello que realmente tiene valor: enriquecernos para con Dios.
El joven rico era entusiasta, pero se fue triste porque no comprendía los valores del Reino. El comentario de Jesús acerca de lo difícil que es para los ricos entrar en el Reino sorprendió a los discípulos, quienes compartían la idea común de que los ricos debían ser personas especialmente bendecidas por Dios. Pero Jesús dijo que no era así; de hecho, tal vez ocurría todo lo contrario.
Él invirtió por completo ese sistema de valores y concluyó afirmando que los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros.
Lo que Dios desea que demostremos es que no somos personas egoístas, preocupadas únicamente por nosotros mismos. Él no necesita nuestro dinero; después de todo, todo le pertenece. Sin embargo, sabe cuánto valoramos nuestras posesiones. Y eso es una tragedia, porque, al igual que el joven rico, podemos llegar a obsesionarnos con aquello que creemos poseer. Pero, al final, ¿qué es lo que realmente tenemos? Un poco de tiempo, algunos recursos durante un breve período y, después, la vida termina. ¿Acaso no podemos permitirnos ser generosos?
Comentarios de Elena de White
Cristo leyó su corazón y, en su enseñanza, se detuvo en los principios de la benevolencia, que atacan la misma raíz de la codicia. Presentó ante Judas el carácter aborrecible de la avaricia, y muchas veces el discípulo comprendió que su propio carácter había sido descrito y que su pecado había sido señalado. Pero no confesó ni abandonó su injusticia. Se bastaba a sí mismo y, en lugar de resistir la tentación, continuó practicando sus actos fraudulentos.{Reflejemos a Cristo, p. 264} La riqueza se obtiene por toda clase de robos; no solo robando a las personas, sino también robando a Dios.
Los seres humanos utilizan los bienes que le pertenecen para satisfacer sus propios deseos egoístas. Todo cuanto pueden acumular es puesto al servicio de su codicia. La avaricia y la sensualidad prevalecen.{Reflejemos a Cristo, p. 349} Debemos ser súbditos fieles y dignos de confianza del reino de Cristo, para que aquellos que son sabios según el mundo tengan una verdadera representación de las riquezas, la bondad, la misericordia, la ternura y la cortesía de los ciudadanos del reino de Dios.{The Review and Herald, 24 de octubre de 1907, párr. 11}
La fidelidad en el lugar y en la vocación que Dios te ha confiado, junto con la disposición a negarte a ti mismo para beneficiar a los demás, traerán paz a tu mente y el favor de Dios. {Testimonios para la iglesia, tomo 4, p. 353} A lo largo del camino que recorremos debemos dejar señales del amor de Cristo. Ese amor, manifestado en la vida, siempre produce una respuesta. Hace que quienes aprecian su bondad presenten ofrendas de gratitud a Dios.{The Review and Herald, 24 de noviembre de 1910} La verdadera benevolencia cristiana brota del principio del amor agradecido.{Ser semejante a Jesús, p. 264}
Preparado y escrito por: © Jonathan Gallagher 2026
Traducción: Shelly Barrios De Ávila




