Para los humanos, tener riqueza está asociado con privilegios que de otro modo no experimentaríamos. Pero recordemos que renunciar a parte de nuestra riqueza de manera que se cumpla la misión de Dios es el más precioso de todos los privilegios que nos han concedido. Este dar consiste en acumular tesoros en el cielo: el lugar más seguro para ellos (Mateo 6:21).
Dar con propósito para hacer avanzar el reino de Dios se convierte en un deber cuando lo reconocemos como parte de seguir el ejemplo de Jesús. Nuestro Salvador renunció a las vastas riquezas del cielo y nació en la pobreza cuando se hizo carne (Filipenses 2:7, 8). Esto nos motiva a seguir Su ejemplo y ser lo más generosos posible. 2 Corintios 8:9 es un resumen profundamente profundo de la historia de la redención y de por qué es importante nuestra mayordomía.
No podemos separar ser mayordomos fieles y ser servidores fieles, cumpliendo la comisión del evangelio. Tanto la mayordomía como la misión van de la mano, como lo describió Pablo en 2 Corintios, capítulos 8 y 9. Deberíamos estar tan emocionados como lo estaba Pablo por la oportunidad de ayudar a los necesitados. Nuestra actitud acerca de dar marca la diferencia en nuestra misión.




