Nuestra relación con Dios afecta todas las áreas de nuestra vida. Nuestro matrimonio, crianza, amistades, salud y finanzas, pero sobre todo, nuestro destino eterno está determinado por cómo nos relacionamos con nuestro Creador.
Aprovechar al máximo nuestras oportunidades para desarrollar una relación fuerte y amorosa con Dios debe ser nuestra prioridad. Las pruebas y otras distracciones intentarán desviar nuestro camino de fe. Pero, afortunadamente, tenemos un Ayudante divino en el Espíritu Santo, que nos guía hacia el tipo de relevancia y arrepentimiento que necesitamos para ganar la carrera de la vida.
Un buen punto de partida para un toque de realidad así es el mensaje que Jesús dio a la iglesia laodicea a través de Juan en el altamente simbólico libro del Apocalipsis. Dado que esta iglesia es la séptima y última del capítulo tres, muchos estudiosos de la Biblia creen que se refiere a la última era de la iglesia, justo antes del regreso de Cristo a la tierra en la Segunda Venida. Por tanto, mucho se puede aprender de este pasaje para medir nuestra vida espiritual, tanto corporativa como personal.




