Para comprender mejor los parámetros de una guerra divina o santa, notamos que debe estar totalmente bajo la dirección de Dios. Además, encontramos que se limita a un determinado período de la historia y área geográfica. Eso incluiría la conquista de la antigua Canaán, que puede haber prefigurado la destrucción final del mundo por parte de Dios al final del milenio, de la que se habla en Apocalipsis 20.
El hecho de que existiera la posibilidad de cambiar de bando, como se vio con Rahab, Acán y los gabaonitas, demuestra la libre elección dada a todas las criaturas de Dios. A todos se nos da un tiempo razonable de prueba para tomar nuestras decisiones.
Las decisiones tomadas por Dios a este respecto no son de naturaleza arbitraria o nacionalista. A los hebreos se les advirtió que ellos también podrían perder su estatus privilegiado ante Dios, si se unían a los que se rebelaban contra la autoridad de Yahvé e imitaban el estilo de vida idólatra de sus vecinos paganos.




