Se nos insta a mantener nuestro enfoque en el cielo porque allí está nuestra ciudadanía, allí está nuestra esperanza y allí está nuestro Maestro, el Señor Jesucristo. Él creó todas las cosas, y todas las cosas en el cielo y en la tierra han de ser reconciliadas entre sí por Él. A través de la Cruz, Dios reconcilió al mundo consigo mismo (2 Corintios 5:19) y estableció la paz entre el cielo y la tierra porque Cristo ha recuperado el dominio que Adán había perdido (Juan 12:31, 32).
Es el designio de Dios que Su pueblo en la tierra ejemplifique el amor, la paz y el gozo del cielo. Los hogares y las congregaciones cristianas deben ser un pequeño pedazo de cielo. Nuestras palabras, nuestros pensamientos y sentimientos, incluso nuestra música y la forma en que interactuamos unos con otros, indican el grado en que la voluntad de Dios, hecha en la tierra como en el cielo, es una prioridad para nosotros.




