Mucha gente se siente poco entrenada cuando se trata de un estudio profundo de la Biblia. Sin embargo, no necesitas ser un estudioso de la Biblia para beber profundamente del agua viva que se encuentra en la palabra de Dios. Orar por la ayuda del Espíritu Santo, tanto antes como después de estudiar, te ayudará mucho a obtener una comprensión y una comprensión más profundas de lo que lees. Tanto el corazón como la mente deben estar comprometidos, por lo que el Espíritu Santo es necesario para prepararnos para sacar el máximo provecho de nuestro estudio.
Además, escribir nuestros pensamientos y observaciones es una excelente manera de recordar lo que hemos aprendido. Estas palabras almacenadas pueden permitirnos animar a alguien que está luchando por conocer mejor a Dios. La oración que se usa al final de nuestro tiempo de estudio puede incluir una petición para que nos muestres a alguien que necesite ese estímulo.
La Biblia es una lámpara que ilumina nuestro camino (Salmo 119:105). Un estudio profundo merece la pena. Especialmente cuando ayuda a otros que también necesitan más luz. Así que, bebe profundamente y prepárate para compartir lo que encuentres.




