Capitulo 3 – “Los Siguientes tres Dias” – L. James Gibson (Libro complementario de Escuela sabatica) Leccion 3

Capítulo 3 – Los Siguientes 3 Días

Muchos eruditos notaron un esquema en la secuencia de los eventos de la Creación. Los primeros tres días se dedicaron a formar el mundo, y los segundos tres días a llenarlo.  Más to-davía, hay un paralelismo en la secuencia de los temas. El primero y el cuarto días se refieren a la luz; el segundo y el quinto días tratan con el cielo y los mares; y el tercero y el sexto días se concentraron en la tierra. Este esquema puede reflejar las palabras de Génesis 1:2, por las cuales la tierra se describe como “desordenada y vacía”. Sin embargo, el es-quema en la secuencia no es una estructura rígida a la cual los eventos de la creación debieron seguir, sino más bien reflejan una secuencia creadora que formó un esquema. Que el esquema no es rígido se ilustra con el hecho de que el cielo fue formado en el día segundo, pero el sol y la luna son mencionados en el día cuarto. También, los mares fueron formados en el día tercero, pero llenados en el día quinto. No obstante, podemos ver un esquema, un proyecto; y las excepciones al esquema son una evidencia de que el esquema es real, y no fabricado.

Día 4: Haya lumbreras
En el cuarto día, Dios hizo el sol y la luna para ser señales para la humanidad y para otros organismos vivos. Se ha producido mucho de-bate sobre el tema de si el sol y la luna llegaron a existir el cuarto día, o si ya existían y fueron sometidos a algún cambio en ese día. No existe una contradicción lógica aquí; se pueden proponer varias explicacio-nes. La dificultad es que no sabemos cuál de ellas, si alguna, es la co-rrecta. El texto hebreo permite alguna amplitud en la interpretación.
Una idea es que el sol fue creado antes del día cuarto,  pero en este día fue designado para su función de dividir la luz de la oscuridad.

Pudo haber provisto luz antes del día cuarto, o pudo haber estado os-curo anteriormente y apareció en su luz completa cuando la atmósfera se limpió el cuarto día. Esta explicación puede ser incorporada en cual-quiera de los modelos de la Creación, excepto en aquellos que depen-den de que el sol llegara a existir el día cuarto de la Creación.
La otra idea principal es que el sol fue creado el día cuarto. Ya nota-mos  que la presencia de Dios es luz; y que la luz de su presencia pue-de ser expresada en un ciclo diurno de luz y oscuridad. No había nece-sidad de otra fuente de luz que actuara hasta que él creara el sol. Po-demos estar inseguros acerca de cuál idea es la correcta, pero no hay una contradicción lógica aquí.
Las estrellas se mencionan en la descripción del día cuarto, pero el texto hebreo no indica si las estrellas fueron creadas durante ese día o en algún momento anterior. El texto dice algo así como: “Dios hizo […] la luz menor para gobernar la noche, y las estrellas”. Esto podría inter-pretarse con el significado de que la luna gobernaría la noche, con las estrellas. 6 La Biblia es clara en cuanto a que las estrellas fueron creadas (Juan 1:1-3; Salmo 148:1, 5) y que no son dioses, sino que dependen del Dios Creador.
El sol y la luna no se mencionan con esos nombres en Génesis 1, sino que se las menciona como “la lumbrera mayor” y “la lumbrera menor”. En el mundo antiguo, el sol y la luna tenían los nombres de dioses. Siendo que es evidente que el informe del Génesis deliberadamente evita nombrar el sol y la luna, muchos eruditos creen que Moisés inten-cionalmente eligió brindar el informe de esta manera, con el fin de oponerse a la adoración del sol que realizaban las culturas circundan-tes. 7 Estos cuerpos celestes no son dioses; son los siervos del Dios Creador, creados para hacer su voluntad, para dividir el día y la noche, para marcar el tiempo y para proveer de señales a las criaturas vivien-tes.
Tanto el sol como la luna están diseñados para sostener la vida. La contribución que hace la luz fue descrita en el estudio acerca del primer día.  La luz del sol puede viajar a gran distancia en el espacio, prove-yendo de energía y llevando señales a los habitantes de la distante tie-rra. La producción principal de energía del sol es lo suficientemente po-tente para abastecer la vida sobre la Tierra, pero sin dañarla.
A menudo, no se ha notado que la luna también está diseñada para la vida.  La luna actúa como una señal de tiempo, dividiendo el año en meses. También, produce las mareas oceánicas, que dan señales para regular la conducta de muchos organismos. La conducta reproductiva de las tortugas marinas, ciertos peces, ciertos gusanos y muchas otras criaturas marinas está regulada por los cambios en la luna y sus efectos sobre las mareas. Las mareas también ayudan a crear playas y a mover materiales sobre las playas, alejándolos de ellas y limpiándolas, de este modo.
Aunque los beneficios de la luna no son tan obvios como los del sol, también dan evidencia de que fue diseñada para sostener la vida sobre la Tierra.

Día 5: Las criaturas del mar y del cielo
Las criaturas del mar y del cielo fueron creadas el quinto día. Dios habló, y las aguas se llenaron con muchas clases de organismos vivien-tes; habló otra vez, y los animales voladores llegaron a la existencia. El texto habla de muchos géneros presentes desde el principio. No hay apoyo para la idea de que solo se creó una especie, o género, al co-mienzo, y todas las demás especies evolucionaron de ella. La creación original fue diversa, con una gran variedad de clases de vida.
El diseño, en las criaturas vivientes, es tan familiar y obvio que ne-cesitamos decir poco aquí. Las aves muestran un diseño sorprendente para volar. Los delfines poseen un maravilloso sistema de sonar, que los capacita para encontrar su rumbo en la oscuridad del agua. Todas las criaturas, grandes y pequeñas, fueron diseñadas para su lugar den-tro de la ecología general. Además, aun en nuestro mundo caído, las in-teracciones ecológicas mismas aparecen diseñadas para sostener la vi-da.

Día 6: Produzca la tierra seres vivientes
En el sexto día, la palabra creadora de Dios se oyó una vez más. Esta vez, se formaron seres vivientes del polvo de la tierra (Génesis 2:19), y se les concedió el aliento de vida. 10 Nota que la diversidad se menciona desde el comienzo. Había diferentes clases de bestias silvestres y dife-rentes clases de ganado y de animales que se arrastran. Cuando Dios creó a los animales terrestres, los formó en diversidad y abundancia, como había hecho con las criaturas del mar y del cielo.
Nos maravillamos por el diseño que se percibe en todas las criaturas vivientes, incluyendo las que viven en la tierra seca. Aunque nuestro mundo está manchado por los efectos del pecado, todavía podemos ver el diseño en las criaturas terrestres, desde el elefante hasta el mono,
desde el murciélago hasta el caballo y del conejo al zorro. Advertimos un diseño aun en el león y el oso. Y nos preguntamos cómo serían en un mundo libre del pecado y la violencia.
Finalmente, Dios creó a los seres humanos a su propia imagen, a fin de que lo representaran en el manejo de las demás criaturas. Hablare-mos de la creación de la humanidad en el capítulo 5.
La frase según su género o su equivalente, se aplica a las plantas, las criaturas acuáticas, las criaturas voladoras y los animales terrestres. En el contexto, había diversos “géneros” de plantas, cada una de las cuales producía su propia clase de fruta y semilla. Los animales fueron crea-dos en “géneros”. Nada se dice acerca de que las diversas clases cam-biarían, o si continuarían siendo las mismas. El punto es que Dios creó una diversidad de géneros vivientes durante el tercero, el quinto y el sexto días de la Creación.
Muchos han cuestionado si los “géneros” del Génesis son el equiva-lente de nuestras “especies”. La respuesta es No. En el campo de la ciencia, una especie se define por la posibilidad de ser cruzada con otra especie, o no. Los grupos de la misma “especie” que están aislados unos de otros pueden perder la capacidad de cruzamiento entre sí y, por lo tanto, se consideran como especies diferentes. La familia del pe-rro proporciona un ejemplo familiar. Los perros silvestres de la India no se cruzan naturalmente con los del Japón o de Sudamérica; cada área tiene su propia especie. Las categorías taxonómicas, tales como es-pecie, género y familia, fueron creadas por los biólogos, y no guardan una relación consistente con el término bíblico “género”, o “especie”.
Dios no dejó, sencillamente, a sus criaturas para que se las arregla-ran solas. Les proveyó con el alimento en la forma de plantas verdes. Para los seres humanos, él mencionó específicamente que el alimento incluiría toda planta que da semillas y todo árbol que da fruto. En for-ma más general, las plantas verdes fueron provistas para todas las bes-tias de la tierra y toda ave del cielo y todo lo que se mueve sobre la tie-rra. No hay indicio de depredación, violencia o muerte. Que la vida en el mundo que Dios creó se caracterizó por la paz y la tranquilidad se observa en la imagen de Dios hablando para que existiera la creación, en la relación entre las criaturas y en la provisión de alimento vegetal para todos ellos.

Día 7: Dios reposó
En el séptimo día, Dios descansó de la obra que había estado ha-
ciendo. La creación ahora estaba completada, y él podía encontrar satis-facción en lo que había hecho. En su tiempo, instituyó el descanso sabá-tico.
El texto declara que Dios descansó de su obra de crear (Génesis 2:2, 3). Esto no significa que él se haya retirado del mundo; continuó su obra en él guiando a su pueblo (Mateo 28:20), enviando la lluvia y el sol (Juan 5:17), y sosteniendo la existencia del universo (Colosenses 1:16,17). Este texto elimina la filosofía del deísmo, que pretende que Dios creó todo y luego dejó que el mundo funcionara por sí mismo. El mundo no tiene nada, en sí mismo, por el cual funcionar. También, desecha la filosofía evolucionista de la creación, que pretende que Dios continúa creando ahora de la misma manera en que siempre actuó, usando procesos graduales con el fin de producir nuevas clases de plantas y de animales. Contrario a esta filosofía, las acciones de Dios al sostener el universo, incluyendo a los seres vivos, difiere de las que usó para traer a la existencia al universo y los seres vivientes.
Al final del sexto día, cuando todo estaba en su lugar, el Creador de-claró que lo que había creado era muy bueno. Hay varias características de su creación que consideraríamos buenas. Primero, Dios creó por medios pacíficos: por mandatos divinos. El acto creador no involucró violencia o lucha. Segundo, el mundo que Dios creó estaba bien dise-ñado para sostener la vida, con cantidades adecuadas de energía, de oxígeno, de espacio vital, de diversidad y de alimentos. Tercero, Dios designó un administrador responsable y capaz, Adán, para cuidar de sus criaturas. Cuarto, el “reino” que Dios creó era pacífico; no había violencia entre sus criaturas. Quinto, para mantener un plan regular entre los organismos vivientes, Dios colocó en su lugar un sistema de señales, como el sol y la luna, que demarcan los ciclos diarios, mensua-les y anuales.
La bondad de la creación puede todavía verse en parte, pero los efectos del pecado introdujeron el mal en la creación, y ya no se la pue-de llamar “muy buena”, como lo fuera originalmente.
En un sentido, toda la creación fue bendecida cuando Dios la decla-ró “buena en gran manera”, pero sobre tres días de la semana de la Creación Dios dio una bendición especial. Primero, bendijo a las criatu-ras del mar y del aire. Esta fue una bendición para su reproducción y expansión territorial. En el mundo antiguo, la fertilidad era considera-da como una gran bendición. La bendición de Dios tenía la intención de que aun después de que las criaturas de la Tierra quedaran sujetas a la muerte, no dejarían de existir sino que, por el contrario, se multiplica-
rían y poblarían la Tierra.
Segundo, Dios bendijo a los seres humanos. Esta bendición incluía la reproducción y la extensión territorial y, además, incluía el dominio sobre las otras criaturas.
Tercero, Dios bendijo el día séptimo, otorgándole una condición es-pecial, sagrada. Estas bendiciones indican la aprobación de Dios. Pero, más que eso, revelan su expectativa de que mostraremos nuestro respe-to hacia él por medio de la manera en que alternáramos con las demás criaturas y la manera en que tratáramos el santo sábado.
Los días de la Creación tradicionalmente se han interpretado como días literales. El texto hebreo reza, literalmente: la “tarde” y la “maña-na”. Cada día sucesivo comienza con una nueva “tarde”, que represen-ta el período de oscuridad, y una “mañana”, que representa un período de luz; la misma clase de días que experimentamos hoy.
Los días de la Creación son consecutivos y abarcan una sola semana. Están numerados consecutivamente, lo que en otras partes de la Biblia siempre se refiere a días literales. El Mandamiento del sábado, que Dios escribió con su propia mano (Éxodo 20:8-11; 31:12-18), nos dice que tra-bajemos seis días, y observemos el séptimo día como un día literal de descanso, en conmemoración de la obra creadora de Dios en seis días y de que descansó en el séptimo. Esto implica que los días de la Creación fueron días literales. Parece sorprendente que algunos eruditos lo pon-gan en duda.
Los eruditos que desafían la idea de que debemos considerar los días de la Creación como días literales sugieren varias interpretaciones alternativas, pero todas ellas sufren conflicto con las evidencias físicas o tienen fallas en su lógica, o ambas. 18 Por ejemplo, la secuencia de los eventos de la creación no se adecúa a la secuencia del registro fósil, lo que elimina la teoría de que los días representan una sucesión de ex-tensas épocas. En la creación, los árboles frutales aparecieron antes que ningún animal, mientras el registro fósil muestra que los animales fue-ron enterrados antes que los árboles frutales. La interpretación directa de que los días de la Creación fueron días literales, que abarcaron una semana en el tiempo, es la mejor lectura del texto.
A menudo pensamos que la semana de la Creación consistió en una serie de acciones divinas, por las cuales Dios creó las diversas partes de nuestro universo de la nada. La Biblia es clara en que Dios creó el uni-verso a partir de la nada (Juan 1:1-3; Hebreos 11:3); pero las descripcio-nes de su creación no siempre implican que él creó la materia en cada caso. Previamente, notamos que parece improbable que Dios inventara la luz en el primer día de la Creación. La separación de la tierra seca y los mares no necesariamente demandó materia nueva. La formación de los animales terrestres y de los seres humanos del polvo de la tierra parece indicar que fueron creados con materia que ya existía. Dios pu-do haber creado materia nueva en algunos casos, mientras usó materia que había creado anteriormente en otros. El texto parece permitir am-bas posibilidades. Esto no significa que Dios haya dependido de mate-ria no creada. Con respecto al Dios Creador, no hay tal cosa como ma-teria que “existió previamente” antes de él. Todas las cosas fueron creadas por él (Juan 1:1-3). Esto significa que él creó toda la materia en el universo entero. Por lo tanto, él no tiene deuda, en absoluto, (ni pudo tenerla) con materia preexistente alguna.

Conclusiones
Durante los días cuarto a sexto de esa primera semana, Dios comple-tó su creación al establecer el sol y la luna como señales de ciclos de tiempo y estaciones, y al formar las muchas diferentes clases de seres vivientes con los cuales llenó el mar, el aire y la tierra. El diseño es evi-dente en cada una de las características de la creación. Los días de la Creación fueron días literales, y constituyeron una semana literal de la misma magnitud de las semanas que experimentamos hoy. La creación original fue buena, ya que funcionaba de acuerdo con el plan de Dios; era completa y estaba libre de violencia, sufrimiento y muerte. Dios acabó su obra de crear en el séptimo día, y puso aparte el sábado como un recordativo continuo de lo que él había obrado en la Creación (Éxo-do 20:8-11).

Referencias
1 Notado por muchos autores; por ejemplo, Davidson, R. M. “The biblical account of or-igins”. Journal of the Adventist Theological Society 14/1(2003), pp. 4-43; Doukhan, J. B. “The Genesis Creation Story: Text, Issues, and Truth”. Origins 55(2004), pp. 12-33; Turner, L. Back to the Present (Grantham, Inglaterra: Autumn House, 2004), pp. 12-14.
2 Davidson, R. M. “La luz del primer día de la creación”. Diálogo Universitario 14/3(2002), p. 24 sigs.; Collins, C. J. Genesis 1-4. A Linguistic, Literary and Theological Commentary (Phillipsburg, NJ: P&R Publishing, 2006), pp. 56-58. Ver también el análisis de “hecho” y “creado” más adelante, en este capítulo.
3 Esto podría ser en el día 1, o como parte de un universo más antiguo, dependiendo de cómo se interpreta Génesis 1:1. © Recursos Escuela Sabática
4 Davidson, R. M. “La luz del primer día de la creación”, Diálogo Universitario 14/3(2002), 24, 33; Doukhan, (2004), p. 27.
5 En el capítulo 2.
6 Ver Salmo 136:8-9; House, C. L. “Some Notes on Translating [and the Stars] in Genesis Andrews University Seminary Studies 25/3(1987), pp. 241-248; Davidson, p. 38; Doukhan (2004), p. 28.
7 Hasel, G. F. “The Polemic Nature of the Genesis Cosmology”. Evangelical Quarterly 46/2 (abril-junio de 1974), pp. 81-102.
8 Ver el capítulo 2 de este libro.
9 Ver Comins, N. F. What If the Moon Didn’t Exist? Voyages to Earths That Might Have Been (Nueva York: Harper Perennial, 1995).
10 Génesis 7:21 y 22 atribuye la presencia del aliento de vida a las aves, los animales te-rrestres y las cosas que se arrastran.
11 Consideraremos el problema de la depredación y el mal natural en el capítulo 7.
12 min es la palabra hebrea que se traduce como “género” y “especie” en castellano.
13 Schafer, R. D. “The ‘Kinds’ of Genesis 1: What is the Meaning of Min?” Journal of the Adventist Theological Society 14/1 (2003), pp. 86-100.
14 Ver el capítulo 11 de este libro.
15 Hebreos 4:3, 4; Juan 5:17; Copan, P. y W. L. Craig. Creation Out of Nothing (Grand Rapids, MI: Baker Academic, 2004), capítulo 4.
16 Ver el capítulo 7 de este libro.
17 Hasel, G. F. “The ‘Days’ of Creation in Genesis 1: Literal ‘Days’ or Figurative ‘Peri-ods/epochs’ of Time? Origins 21 (1994), pp. 5-38; Booth, W. M. “Days of Genesis 1: Lit-eral or Non literal?”, Journal of the Adventist Theological Society 14 (2003), pp. 101-120.
18 Ver Gibson, L. J. “Issues in Intermediate Models of Origins”. Journal of the Adventist Theological Society 15/1(2005), pp. 71-92 para un repaso breve; Kidner, D. Genesis. An In-troduction and Commentary (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1967), pp. 54-58; Col-lins (2006), pp. 122-129.
19 J. H. Walton concede esto en The Lost World of Genesis One (Downers Grove, IL: Inter-Varsity Press, 2009), p. 91; y por J. H. Sailhammer, Genesis Unbound, Sisters, OR: Multnomah Books, (1996), p. 95.
20 Ver el análisis en el capítulo 2 de este libro.
21 “Dios no se valió de materia preexistente”. Elena de White, en Joyas de los testimonios (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1975), tomo 3, p. 258.
22 Ver los capítulos 6 y 7 de este libro, para un mayor análisis acerca de la muerte.

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