Nuestras relaciones humanas, ya sean amigos o familiares, requieren algún tipo de comunicación para prosperar o incluso para sobrevivir. De igual modo, con Dios, no solo debemos leer la Biblia, Su palabra para nosotros, sino que necesitamos oración, hablar con Dios. Si nuestra vida de oración no es todo lo que debería ser, corremos el riesgo de perder el contacto con Dios y alejarnos de cumplir Sus planes para nosotros, planes para prosperar y hacer crecer nuestra fe.
Como escribió el salmista en el Salmo 116, Dios sí escucha y responde a nuestras oraciones, y cuando eso ocurre, naturalmente sentimos el deseo de mantener la comunicación fluyendo. Como muchos guerreros de oración en la Biblia, descubrimos que la oración permite que nuestra relación con Dios florezca, lo que nos hace más propensos a llevar a otras almas al conocimiento del evangelio.
Hay muchos guerreros de oración en la Biblia, como Daniel, Enoc y Moisés. Somos bendecidos de contar con varios ejemplos de sus oraciones y de las respuestas que recibieron. Estas personas dignas nos inspiran a orar con más fervor (persistencia) y con más frecuencia (intensidad).




