En lugar de la falta de fe de los discípulos durante la tormenta en el mar de Galilea, se cuenta otra historia sobre una mujer que fue elogiada por su fe. Caminaban hacia el pueblo de Capernúm, y multitudes rodeaban a Jesús, suplicando bendiciones de algún tipo. Una mujer muy enferma había oído hablar de su acercamiento al pueblo y se esforzó mucho por acercarse lo máximo posible a Él.
Con solo acercarse lo suficiente para tocar su prenda, sentía que podía recuperar su salud. Su deseo dio frutos cuando, tras un simple toque del Maestro, sintió su cuerpo renovado y normal, sin el problema de la sangre con el que había luchado durante tantos años.
Jesús también sintió ese toque de fe y anhelaba ver quién había sido sanado. Cuando la mujer admitió tímidamente ser quien había sentido el contacto, Jesús elogió su fe, recordándonos a todos que hay recompensa cuando nos acercamos lo máximo posible a Dios. No había nada mágico en la prenda. Todo giraba en torno a su fe en nuestro Dios milagroso que había aliviado su sufrimiento.




