EL SÁBADO ENSEÑARÉ…
RESEÑA
Texto clave: Hebreos 1:1-2.
Enfoque del estudio: Gén. 1:27-28; 3:1–8, 14–24; Luc. 15:11–32; Éxo. 19:16–22; Heb. 1:1-2; Juan 10:27–30.
Introducción En Génesis 2:4–25, Adán y Eva disfrutaban de una comunión íntima con Dios, caminando y hablando con él cara a cara. Sin embargo, la trágica caída en el pecado interrumpió esta comunión, y los padres de la humanidad perdieron su línea directa de comunicación con el Creador. Sin embargo, Dios no dejó de buscar a la humanidad. En cambio, estableció nuevas formas de comunicarse, a través de los profetas, la Palabra escrita y, en última instancia, mediante su Hijo, Jesucristo. Esta primera lección afirma que, aunque el modo de relacionarnos con Dios cambió tras la caída, su deseo de comunicarse con nosotros nunca ha cesado. Hoy, Dios continúa comunicándose a través de las Escrituras, donde los profetas y los apóstoles dan testimonio unificado de Cristo. Como manifestación contemporánea de esta comunicación divina, Elena de White también señala a Cristo al afirmar el testimonio bíblico.
COMENTARIO
1. Adán y Eva disfrutaron de una comunión perfecta y personal con Dios en el jardín del Edén. Adán y Eva fueron creados en un mundo perfecto más allá de nuestra imaginación más utópica. El jardín del Edén era la morada sagrada de la presencia de Dios en la tierra. Como el Dios trino es inherentemente relacional, creó a los seres humanos a su imagen para reflejar esta naturaleza relacional. Su mayor regalo para la humanidad no caída fue la capacidad de relacionarse con él mediante una comunión personal y relacional. Por ello, Adán y Eva disfrutaron de una comunión directa con Dios en este entorno perfecto.
2. El pecado alteró la situación perfecta en el jardín del Edén, y los humanos perdieron la comunión cara a cara con Dios. En el momento en que Adán y Eva participaron del fruto prohibido, experimentaron una nueva conciencia de sí mismos: «En ese instante se les abrieron los ojos a los dos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos». En consecuencia, «tejieron hojas de higuera y se cubrieron con ellas» (Gén. 3:7, RVC).
La comunión íntima, perfecta y cara a cara con Dios se rompió. Cuando la pareja, temerosa, oyó «a Dios el Señor, que se paseaba por el jardín a la brisa del atardecer», «se escondieron de su presencia entre los árboles del jardín» (Gén. 3:8).
Según Richard Davidson, «cuando Dios viene al jardín después de que Adán y Eva hubieron pecado, inicia un encuentro que constituye nada menos que un “proceso legal”, un “juicio punitivo por parte de Dios”. Dios comienza el proceso legal con un interrogatorio a los “acusados”, y las respuestas defensivas y acusatorias de Adán y Eva (Gén. 3:9–14) indican la ruptura en las relaciones interhumanas (marido-mujer) y divino-humanas que ha ocurrido como resultado del pecado. Tras el interrogatorio legal y el establecimiento de la culpabilidad, Dios pronuncia la sentencia en forma de maldiciones (sobre la serpiente y la tierra, vers. 14, 17) y juicios (sobre el hombre y la mujer, vers. 16–19)» (Flame of Yahweh: Sexuality in the Old Testament [Peabody, MA: Hendrickson, 2007], pp. 58-59).
Lamentablemente, Adán y Eva fueron expulsados del Jardín, y Dios «puso querubines al oriente del jardín del Edén, y una espada encendida» con el objetivo de «guardar el camino al árbol de la vida» (Gén. 3:24).
«Los querubines que custodian el Edén representan más que guardias armados.
Muestran que la presencia de Dios regresa a los cielos, pero se mantiene en la tierra mediada por símbolos y mensajeros/ángeles» (Dru Johnson, The Universal Story: Genesis 1-11 [Bellingham, WA: Lexham Press, 2018], p. 52).
3. Tan pronto como el pecado entró en el mundo, Dios tomó la iniciativa de restaurar su relación con la humanidad perdida. Adán y Eva quedaron destrozados. Su mundo cambió para peor en un instante. Mientras la pareja culpable escuchaba a Dios pronunciar maldiciones y juicios, oyeron una promesa de esperanza. En el mismo corazón de estos juicios apareció el evangelio de la gracia. El Descendiente prometido vendría y derrotaría a la serpiente y lograría la salvación para los seres humanos. Génesis 3:15 es el centro literario de Génesis 3 y se considera el primer anuncio del evangelio.
Inmediatamente después de la caída de Adán y Eva en el pecado, Dios anunció que todas las futuras revelaciones divinas se centrarían en la persona y la misión del Redentor venidero. El resto de las Escrituras fluye de esta promesa. «Esta pasmosa proclamación de la decisión divina de enviar a la Simiente y derrotar a la serpiente (Satanás), para garantizar la redención de la humanidad, es la base y la clave para el reconocimiento de la voz profética en el Antiguo Testamento» (Jiri Moskala, «La voz profética en el Antiguo Testamento», en El don de la profecía en las Escrituras y en la historia, [Doral, FL: IADPA, 2016], p. 1).
Curiosamente, la palabra usada para «llamar» en Génesis 3:9 es la misma que se usa cuando Dios llamó a los profetas a su ministerio (Isa. 51:2). Aunque aquí se utiliza en el contexto del juicio, la connotación de conexión y relación está presente.
4. Después de la caída, al hablar de diversas maneras, especialmente en la persona de Jesucristo, Dios abrió las líneas de comunicación con la humanidad pecadora. Aunque ya no podían ver a Dios con sus ojos mortales, ni oír su voz audiblemente, los seres humanos recibieron comunicación divina a través de intermediarios humanos. Hebreos 1:1 dice que Dios «habló muchas veces y de muchas maneras a nuestros padres mediante los profetas». Durante siglos, Dios se comunicó con su pueblo a través de portavoces como Noé, Enoc, Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, Samuel, David y los profetas canónicos. Se reveló a estos individuos «muchas veces y de muchas maneras», a través de teofanías, sueños, visiones y manifestaciones de ángeles. También habló a través del Urim y el Tumim, milagros y señales. Estas son las formas en que Dios habló en el pasado durante la era del Antiguo Testamento.
«En estos últimos días nos habló por su Hijo» (Heb. 1:2). Las palabras del Antiguo Testamento continúan siendo autoritativas como la Palabra de Dios, pero deben leerse a través del cumplimiento realizado en Jesucristo. Él es la revelación última y definitiva de Dios. «La [revelación] vieja se produjo de manera fragmentaria y episódica, un poco aquí, otro poco allá y, como resultado, era incompleta, parcial e imperfecta. Pero la nueva se concreta en una manifestación culminante de Dios el Padre, en un momento, en una persona: su Hijo. Jesús recoge y supera toda la revelación divina del AT» (William G. Johnsson, «Hebreos», Comentario bíblico Andrews, ed. Ángel Manuel Rodríguez [Florida: ACES, 2025], t. 2, p. 737).
5. La experiencia de conversión de Elena de White la preparó para ser una manifestación contemporánea y centrada en Cristo del don profético. El don profético posterior a los tiempos bíblicos no añade nada al Nuevo Testamento, sino que afirma su testimonio de Cristo. La historia de conversión de la joven Elena de White sentó las bases de un amor y una pasión de por vida por Jesucristo. Ella veía al Padre celestial como un Dios de amor que quería salvar a las personas mediante las obras redentoras de su Hijo. Esta perspectiva se convertiría en la pieza clave de su ministerio profético y en su tema favorito: el amor paternal de Dios.
En una de sus declaraciones más conmovedoras, escribió: «Todo el amor paterno que se haya transmitido de generación a generación por medio de los corazones humanos, todos los manantiales de ternura que se hayan abierto en las almas de los hombres, son tan solo como una gota del ilimitado océano, cuando se comparan con el amor infinito e inagotable de Dios. La lengua no lo puede expresar, la pluma no lo puede describir. Podríamos meditar en él cada día de nuestra vida; podríamos escudriñar las Escrituras diligentemente a fin de comprenderlo; podríamos dedicar toda facultad y capacidad que Dios nos ha dado al esfuerzo de comprender el amor y la compasión del Padre celestial; y aun queda su infinidad. Podríamos estudiar este amor durante siglos, sin comprender nunca plenamente la longitud y la anchura, la profundidad y la altura del amor de Dios al dar a su Hijo para que muriese por el mundo. La eternidad misma no lo revelará nunca plenamente. Sin embargo, cuando estudiemos la Biblia y meditemos en la vida de Cristo y el plan de redención, estos grandes temas se revelarán más y más a nuestro entendimiento» (Elena de White, Testimonios para la Iglesia [Doral, FL: APIA, 1998], t. 5, pp. 691-692).
APLICACIÓN A LA VIDA
Las siguientes preguntas tienen el objetivo de enriquecer el debate en clase.
Elige entre ellas, y entre las que figuran en la lección, las que mejor lleven a tu clase a reflexionar. 1. Antes del pecado, Adán y Eva hablaron con Dios «sin ningún velo oscurecedor de por medio» (Elena de White, Patriarcas y profetas [Florida: ACES, 2015], p. 32).
1. ¿Cómo imaginas que fue experimentar la convivencia cara a cara con el Todopoderoso en el Jardín del Edén, «sin ningún velo oscurecedor de por medio»?
2. La palabra hebrea para «saber» significa conocimiento relacional y experiencial, así como conocimiento y comprensión intelectual. A la luz de esta definición, ¿cómo supieron Adán y Eva que estaban «desnudos» (Gén. 3:7)?
3. ¿Cómo cambió el pecado la comunicación entre Dios y los seres humanos?
4. ¿Qué significa vivir en la presencia de Dios para nosotros hoy, aunque ya no lo veamos cara a cara?
5. ¿Cómo podemos cultivar una relación personal más profunda con Dios a diario, como experimentaron Adán y Eva en el Edén?
6. ¿Qué significa que toda la Escritura fluya de la primera promesa del evangelio en Génesis 3:15? ¿Cómo vemos que este tema se repite a lo largo de la Biblia?
7. Hebreos 1:1-2 dice que en el pasado Dios habló a través de profetas, pero en los últimos días ha hablado por su Hijo. ¿Cómo nos dan la vida y las enseñanzas de Jesús la imagen más clara de Dios?
8. ¿De qué maneras sigue Dios comunicándose con nosotros hoy en día? ¿Cómo podemos estar más atentos a su voz?
9. El tema favorito de Elena de White era el amor paternal de Dios. ¿Cómo cambia nuestra perspectiva sobre la vida y la fe cuando reflexionamos sobre el amor de Dios?




