Lección 9 Edición Maestros. 1er Trimestre – Reconciliación y esperanza – Sábado 28 de Febrero 2026

EL SÁBADO ENSEÑÁRÉ…

RESEÑA

Texto clave: 2 Corintios 5:21.

Enfoque del estudio: Col. 1:21-29; Rom. 5; 2 Cor. 5:18-21.

En su carta a los Colosenses, Pablo enseña que tenemos todas las cosas en Cristo. Jesús es nuestro Creador y Redentor. El apóstol desarrolla esta idea atribuyendo a Jesús títulos que reflejan lo que ha hecho por nosotros. Jesús es la Cabeza de la iglesia, el Principio y el Primogénito de entre los muertos, lo que implica su preeminencia en todas las cosas (Col. 1:18). Pablo dice también que “agradó al Padre que en él habitase toda su plenitud” (Col. 1:19). En otras palabras, Pablo está afirmando que Jesús es Dios. En resumen, Pablo dice que lo que Jesús hace es el resultado de quien es. Como Dios, es capaz de crear y redimir. En Colosenses 1:19 y 20, Pablo indica que a Dios le agradaron dos cosas: (1) que en Jesús habitara toda su plenitud, y (2) que por medio de Jesús todas las cosas fueran reconciliadas con él. Estas dos ideas indican que la condición divina de Jesús es inseparable de su obra de reconciliación. La lección de esta semana hace hincapié en tres temas principales:

1. Dios da el primer paso para reconciliarnos consigo. Para ello, envió a Jesús al mundo a fin de que la humanidad volviera a él. En respuesta, debemos permanecer “fundados y firmes en la fe” y no dejarnos mover “de la esperanza del evangelio” (Col. 1:23).

2. En nuestro trabajo por Cristo, debemos recordar que no somos más que sus agentes dentro de un plan divino mucho más amplio.

3. El poder del evangelio nos hace madurar para la salvación en Cristo.

 

COMENTARIO

Ilustración

Los padres de Elizabeth Barrett desaprobaban tanto su matrimonio con Robert Browning que la repudiaron. Casi semanalmente, ella enviaba cartas de amor a sus padres pidiendo una reconciliación. Nunca le contestaron. Después de diez años de escribir cartas, Elizabeth recibió una enorme caja por correo. La abrió. Para su consternación, la caja contenía todas las cartas que había escrito a sus padres. Ni una sola había sido abierta. Esas cartas de amor figuran hoy entre las más bellas de la literatura clásica inglesa. Si sus padres hubieran abierto y leído solo algunas de ellas, podría haberse producido una reconciliación. La Biblia es la carta de reconciliación de Dios para nosotros. Deberíamos abrirla y leerla atentamente y con frecuencia (Green, 1500 Illustrations for Biblical Preaching, p. 297).

Reconciliación, fe y esperanza

La Biblia indica claramente que Dios inició el proceso de reconciliación de la humanidad consigo. Cuando nuestros primeros padres cayeron en pecado, Dios visitó el Jardín del Edén para buscarlos (Gén. 3:9).

1 “cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo” (Rom. 5:10).

Esta enseñanza se hace eco del sentir de Pablo en Colosenses 1:21 y 22. La iniciativa de Dios para lograr la reconciliación es un tema recurrente en Romanos 5:5 al 11, como puede observarse en la siguiente tabla.
Romanos 5:6“cuando aún éramos débiles,a su tiempo murió por los impíos”Romanos 5:8“siendo aún pecadores,Cristo murió por nosotros”Romanos 5:10“cuando éramos enemigosfuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo”
Existe un estrecho paralelismo entre los versículos 6, 8 y 10 (ver también Efe. 2:4, 5). Cuando aún éramos débiles, pecadores y enemigos, Cristo murió por nosotros y, así, nos reconcilió con Dios. Pablo también aborda este tema en otros lugares, con pequeñas adaptaciones, como muestra el siguiente cuadro.
TextoAgenteAcciónDestinatariosBeneficiariosAgente intermedio2 Corintios 5:18Diosreconciliónosotrosnosotros Dios mismoPor medio de Cristo2 Corintios 5:19Diosestaba reconciliandoel mundoDios mismoEn CristoColosenses 1:20Diosreconciliótodas las cosasDios mismoPor medio de CristoEfesios 2:4, 5Diosamó dio vidanosotrosnosotrosJunto con Cristo
Dios es siempre el Agente e Iniciador del proceso de reconciliación. En Gálatas 4:4 y 5, Pablo utiliza el lenguaje de la adopción para referirse a la iniciativa de Dios de reconciliarnos consigo. Como afirma elocuentemente Juan: “Nosotros lo amamos a él porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19). La reconciliación es posible gracias a la muerte de Cristo (Rom. 5:6; 2 Cor. 5:21; Col. 1:20; Efe. 2:13, 16), y da como resultado la paz con Dios (Efe. 2:14-19). Puesto que hemos sido adoptados por Dios como hijos (Rom. 8:15; Gál. 3:26; 4:4-6; 1 Juan 3:1, 2), nuestra elevada condición, mediante la fe en Cristo, da como resultado el acceso a él (Rom. 5:2; Efe. 2:18; 3:12; Heb. 10:19-22). En respuesta a la iniciativa de Dios, debemos permanecer “fundados y firmes en la fe” sin movernos “de la esperanza del evangelio” (Col. 1:23). La fe y la esperanza son virtudes cristianas que van de la mano (1 Cor. 13:13; Gál. 5:5; 1 Tes. 1:3; 5:8). Creemos y esperamos en Dios, no en los logros humanos, para la salvación (1 Ped. 1:21).

Partícipes de un plan mayor

Pablo declara, en Colosenses 1:25, que él fue hecho “ministro según la misión de Dios […] para que anuncie la palabra de Dios”. El apóstol sabía que su ministerio no era un fin en sí mismo. Él era solo parte de un plan mucho más grande. De lo contrario, ¿cómo podría alegrarse de sus sufrimientos (Col. 1:24)? Solo alguien que sabe que sus aflicciones en este mundo no son más que una punzada momentánea en comparación con la “eterna gloria, que supera toda comparación” (2 Cor. 4:17), que Dios nos está preparando, es capaz de alegrarse en medio de ellas. Pablo afirma que el cumplimiento de la Palabra de Dios tiene que ver con “el misterio que había estado oculto desde los siglos y generaciones, y que ahora ha sido revelado a sus santos” (Col. 1:26). El apóstol comprendió que él era parte de una historia que lo trascendía ampliamente. A fin de cumplir su eterno propósito, Dios ha llamado a muchos personajes a lo largo de los siglos para que desempeñen un papel en la historia de la Redención. Por ejemplo, José no percibió en un principio que Dios estaba encaminando los acontecimientos para preservar al pueblo por medio del cual llegaría al mundo el Mesías prometido. Pese a las apariencias, Dios estaba haciendo precisamente eso. De camino a Egipto, “durante algún tiempo José se entregó al terror y al dolor sin poder dominarse. Pero, en la providencia de Dios, aun esta experiencia sería una bendición para él. Aprendió en pocas horas lo que de otra manera le hubiera requerido muchos años” (Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 214; énfasis añadido). Finalmente, los años enseñaron a José que Dios estaba dirigiendo todos los acontecimientos para “salvar la vida de mucha gente” (Gén. 50:20; NVI). ¿Hay otros personajes bíblicos que ilustran este principio? Son tantos que es imposible hablar de todos ellos (ver Heb. 11). Por ejemplo, ¿qué puede decirse de Rut? A la luz de la narración bíblica más amplia, su historia muestra que Dios está actuando incluso cuando parece que no lo hace. Rut desempeñó un papel importante: se convirtió en la bisabuela de David, el gran rey de Israel (Rut 4:13, 21, 22). Ella no era más que un personaje dentro de una historia mucho mayor. Dios hizo un pacto con David prometiéndole que establecería su descendencia después de él y que afirmaría “para siempre el trono de su reino” (2 Sam. 7:12, 13). Esta promesa se cumplió en última instancia en Jesús, el escatológico Hijo de David (Mat. 1:1). ¡Dios está encaminando todos los acontecimientos de la Tierra para el cumplimiento de su propósito eterno por medio de Jesucristo! Este propósito es el misterio que estaba oculto, pero que ahora ha sido revelado (Col. 1:26).

Madurez en Cristo

Como cristianos, estamos llamados a crecer en madurez; es decir, a creer en la Palabra de Dios y a ponerla en práctica. Pablo indica que el objetivo del evangelio es “presentar a todo hombre perfecto en Cristo” (Col. 1:28). Dios quiere que crezcamos mientras nos preparamos para el regreso de Cristo, pues “el que empezó en ustedes la buena obra, la irá perfeccionando hasta el día de Jesucristo” (Fil. 1:6). El crecimiento espiritual implica al menos tres cosas. Primero, debemos crecer en la fe. Al escribir a los corintios, Pablo dejó claro que esperaba que la fe de ellos aumentara (2 Cor. 10:15). Del mismo modo, en 2 Tesalonicenses 1:3, el apóstol agradece a Dios por los tesalonicenses, porque su “fe va creciendo”. En segundo lugar, debemos crecer en conocimiento. Pedro nos exhorta a que crezcamos “en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Ped. 3:18; ver también 2 Ped. 1:3). Por su parte, Pablo insta a los colosenses a andar “como es digno del Señor” y a crecer “en el conocimiento de Dios” (Col. 1:10). En tercer lugar, debemos crecer en amor. En tal sentido, Pablo dice en 1 Tesalonicenses 3:12: “El Señor acreciente el amor entre ustedes y hacia todos, como también lo hacemos nosotros hacia ustedes” (ver también Fil. 1:9). Obviamente, el crecimiento espiritual proviene de Dios. Los creyentes están llamados a crecer “con el crecimiento que da Dios” (Col. 2:19, RVA-2015; ver también Fil. 1:6; 1 Cor. 3:6, 7; 2 Cor. 9:10).

 

APLICACIÓN A LA VIDA

Reflexiona acerca de los siguientes temas y pide luego a los integrantes de tu clase que respondan las preguntas que aparecen al final de la sección. El hecho de saber que Dios toma la iniciativa en nuestra salvación es sumamente alentador. Sin su ayuda inicial, ¿seríamos capaces de acercarnos a él por nosotros mismos? Ciertamente, no. Como Wilson Tozer dijo: “Dios debe buscar al ser humano para que este pueda buscar a Dios” (W. Tozer y W. L. Seaver, Prayer: Communing with God in Everything: Collected Insights from A. W. Tozer [Moody Publishers, 2016], p. 238). La Biblia muestra que Dios no tomó la iniciativa solo en un nivel cósmico al alcanzar a la única oveja descarriada (nuestro planeta, la Tierra), sino también en el nivel personal. ¿No es acaso eso lo que Jesús hizo con la mujer samaritana junto el pozo (Juan 4:1-42), con Natanael (Juan 1:48) y con muchos otros?

Aunque Dios toma la iniciativa de salvarnos, no debemos olvidar que espera que respondamos a su amor amándolo y cumpliendo nuestra parte dentro de su plan divino de salvación cósmica. Dios puede utilizarnos a pesar de nuestras debilidades y limitaciones. En virtud de su poder, podremos hacer más de lo que creemos. Sin embargo, debemos tener en cuenta que no somos más que actores dentro de una historia divina mucho más amplia que nuestros propios roles particulares. Algún día podremos comprender mejor el papel que han desempeñado nuestras historias individuales en la gran crónica de la Redención. Hasta que llegue ese día, Dios quiere que crezcamos en fe, conocimiento y amor como instrumentos de reconciliación y esperanza.

Preguntas:

1. ¿De qué maneras te ha buscado Dios en el pasado? Comparte con tu clase una de tus experiencias.

2. ¿Qué papel desempeñas en el gran esquema de la Salvación? ¿Con quién has compartido tu experiencia acerca del amor redentor de Dios? ¿De qué manera tu historia ha tenido ya un impacto significativo en la vida de los demás?

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