EL SÁBADO ENSEÑARÉ…
RESEÑA
Texto clave: Colosenses 1:15–17.
Enfoque del estudio: Col. 1:15–20.
La Biblia dice que Jesús tiene la preeminencia en todas las cosas (Col. 1:18). ¿Qué significa eso? La palabra griega derivada del verbo pr?teu? y traducida generalmente como ‘preeminencia’ es interpretada por numerosas versiones bíblicas como “ser en todo el primero” (NVI) o “tener el primer puesto” (DHH) en lugar de “tener la preeminencia”. El término en cuestión aparece solo en este pasaje del Nuevo Testamento, lo que sugiere que fue cuidadosamente seleccionado porque enfatiza la posición única e insuperable de Jesús. El texto original implica que la resurrección de Jesús le otorga la autoridad para convertirse en Señor de todas las cosas: “Él es […] el principio, el primogénito de los muertos, para que en todo tenga la preeminencia” (Col. 1:18). En otras palabras: Jesús era Señor por derecho propio, pero ¡ahora se convierte en Señor de hecho! La supremacía y la soberanía universales son los resultados de su victoria sobre la muerte. En Apocalipsis, Juan también destaca esta noción al afirmar que Jesús es el “primogénito (principal) de los muertos y soberano de los reyes de la tierra” (Apoc. 1:5; énfasis añadido). La muerte y la resurrección de Jesús conducen inevitablemente a su gobierno sobre todas las cosas.
La lección de esta semana enfatiza dos temas principales:
Los títulos de Jesús que aparecen en Colosenses 1:15 al 20 subrayan su obra redentora en favor de la humanidad. Él es la Imagen del Dios invisible, el Primogénito sobre toda la Creación, la Cabeza del cuerpo (la iglesia) y el Principio.
Jesús vino a este mundo para hacer posible la reconciliación entre Dios y el ser humano, pero también, en un sentido más amplio, para reconciliar a Dios con la Creación.
COMENTARIO
Ilustración
El pastor de una iglesia de Boston se encontró con un joven que llevaba una jaula en la que revoloteaban nerviosamente varios pajarillos. El pastor le preguntó: “¿De dónde has sacado esos pájaros?” “Los atrapé en el campo”, respondió el muchacho.
“¿Qué harás con ellos?”, quiso saber el pastor. “Voy a jugar con ellos, y luego se los daré de comer a un gato viejo que tenemos en casa”.
Cuando el pastor le ofreció comprarlos, el muchacho exclamó: “No le conviene, pues solo son pajarillos silvestres que no saben cantar”.
El pastor replicó: “Te daré dos dólares por la jaula y los pájaros”.
“De acuerdo, pero conste que está haciendo un mal negocio”, dijo el joven.
Se hizo el intercambio, y el muchacho se marchó silbando, feliz con sus relucientes monedas. El pastor se dirigió a la parte trasera de la iglesia, abrió la pequeña puerta de la jaula de alambre y dejó que las aves que luchaban por salir volaran hacia el cielo.
El domingo siguiente llevó la jaula vacía a la iglesia y la utilizó para ilustrar el regreso de Cristo para buscar y salvar a quienes estábamos, como aquellos pajarillos, destinados a la destrucción. La diferencia es que Cristo tuvo que comprar nuestra libertad con su propia vida (Green, 1500 Illustrations for Biblical Preaching, pp. 297, 298).
Como veremos más adelante, el retrato que Pablo hace de Cristo en Colosenses 1:15 al 20 es un poema que ensalza su papel como Creador (Col. 1:15-17) y Redentor (Col. 1:18-20). En estos pocos versículos, la historia de la Redención es narrada con una asombrosa economía de palabras.
Los títulos de Jesús y su obra redentora
Colosenses 1:15 al 20 es un himno de alabanza a Cristo por su obra redentora. Pablo recurre al Antiguo Testamento para aplicarle varios títulos a Jesús y, así, demostrar que él es el cumplimiento de las promesas de los pactos del Antiguo Testamento.
La Imagen del Dios invisible (Col. 1:15).
La expresión “la imagen del Dios invisible” apunta a la verdadera humanidad de Jesús, refiriéndose así a su encarnación. La palabra griega traducida como “imagen” es eik?n, que se utiliza con frecuencia en la Biblia para indicar que algo es una representación de otra cosa. Así, por ejemplo, la estatua de Nabucodonosor en Daniel 2:31 a 3:18 es llamada eik?n varias veces en la Septuaginta, la antigua versión griega del Antiguo Testamento. El concepto de representación se remonta a Génesis 1:26 y 27, donde se hace referencia a Adán como creado a imagen de Dios. Jesús vino al mundo como el segundo Adán para representar y revelar a Dios. Esta idea significa que, si Dios Padre hubiera venido al mundo en lugar de Jesús, habría sido como Jesús.
El Primogénito de toda la Creación (Col. 1:15).
Cada título dado a Jesús en Colosenses 1:15 al 18 destaca su preeminencia y llama la atención sobre diferentes aspectos de su obra redentora. El título “primogénito (el principal) de toda la Creación”, usado en Colosenses 1:15, prefigura el título similar de Colosenses 1:18, “primogénito de los muertos” y está relacionado con él. El uso que hace Pablo del término “primogénito” tiene sus raíces en el Antiguo Testamento. En términos generales, el título “primogénito de toda la creación” apunta simultáneamente a dos realidades: (1) Presenta a Jesús como Gobernante sobre toda la Creación y, por lo tanto, destaca su superioridad y su singularidad exclusivas; (2) presenta a Jesús como eternamente preexistente y el Creador de todas las cosas, pues “por él fueron creadas todas las cosas […]. Todo fue creado por medio de él y para él” (Col. 1:16), y “existía antes de todas las cosas” (Col. 1:17). No es necesario adoptar un punto de vista a expensas del otro, ya que se complementan mutuamente.
La Cabeza del cuerpo (Col. 1:18).
Al igual que otras metáforas aplicadas a Jesús en el Nuevo Testamento, el título “la cabeza del cuerpo” sugiere la autoridad de Jesús sobre la iglesia, pero también su tierno cuidado hacia ella. Como Cabeza de la iglesia, Jesús provee para el crecimiento de ella (Efe. 4:15) alimentándola (Col. 2:19; Efe. 5:29, 30). Y, lo que es más importante, la salva (Efe. 5:23) porque la ama (Efe. 5:2, 25). En cierto sentido, la metáfora de la Cabeza es bastante similar a la imagen del Pastor. Como tal, Jesús conduce a la iglesia “a fuentes de agua viva” (Apoc. 7:17); la conoce y es conocido por ella (Juan 10:14). Además, la ama hasta el punto de dar su vida por ella (Juan 10:11, 15) con el propósito de concederle la vida eterna (Juan 10:28).
El Principio (Col. 1:18).
La imagen de Jesús como Principio de todas las cosas no es infrecuente en el Nuevo Testamento. En mayor o menor medida, todos los usos de esta imagen se basan en Génesis 1:1. Así, aunque en la declaración inicial de Mateo 1:1 no aparece el término “principio”, la expresión “genealogía de Jesucristo” es una alusión al libro de Génesis (ver Gén. 5:1; 2:4). El Evangelio de Marcos comienza con la frase “principio del evangelio de Jesucristo, el Hijo de Dios” (Mar. 1:1), lo que, según muchos eruditos, evoca a Génesis 1:1. El Evangelio de Juan comienza con la siguiente afirmación: “En el principio existía el Verbo” (Juan 1:1), y continúa diciendo: “Desde el principio estaba con Dios” (Juan 1:2). Del mismo modo, Juan comienza su primera carta aludiendo tanto a su evangelio como al libro de Génesis (1 Juan 1:1). Más adelante afirma: “Conocen al que existe desde el principio” (1 Juan 2:13). Por último, en Apocalipsis, Juan atribuye a Jesús el título de “el Principio de la creación de Dios” (Apoc. 3:14, LBLA). Así, el título “el principio” (Col. 1:18) señala el papel de Jesús como nuestro Creador y Redentor.
El Primogénito de los muertos (Col. 1:18).
El uso que hace Pablo del título “primogénito de los muertos” (Col. 1:18) es similar al que hace Juan del mismo calificativo en Apocalipsis 1:5. Es probable que ambos autores tuvieran en mente Salmo 89:27: “Yo también lo pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra”. En cierto sentido, ese salmo es una especie de comentario acerca de 2 Samuel 7:8 al 16, que detalla el pacto de Dios con David. Sin embargo, una lectura atenta del salmo muestra que, en última instancia, el texto se refiere a Alguien más grande que una figura humana (ver, por ejemplo, Sal. 89:29, 36). El Nuevo Testamento indica que Jesús es el Hijo escatológico de David (ver, por ejemplo, Mat. 1:1). Al aplicar el título “primogénito” a Jesús (Col. 1:18), Pablo lo identifica con el cumplimiento de la promesa del pacto de Dios a David.
La obra reconciliadora de Jesús
Lo que Jesús hizo (Col. 1:15-18) dio como resultado que ocupe el primer lugar en todo (Col. 1:18). Según Pablo, Cristo es digno de todos esos títulos “por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda su plenitud” (Col. 1:19). En otras palabras, Jesús era plenamente Dios y plenamente humano. Como tal, cumplió los requisitos necesarios para reconciliar a la humanidad con Dios (Col. 1:20-22). En Efesios 2:14 al 17, Pablo utiliza el vocabulario propio de la reconciliación en relación con la idea de que Jesús vino al mundo para ser nuestra Paz (Efe. 2:14), de modo que hizo la paz (Efe. 2:15) y anunció la paz (Efe. 2:17). No solo el ser humano, sino “toda la creación de Dios será pacificada y reconciliada, y se restaurará la plena armonía” (Grant R. Osborne, Colossians and Philemon: Verse by Verse [Lexham Press, 2016], p. 46).
APLICACIÓN A LA VIDA
Medita acerca de los siguientes temas y pide luego a los integrantes de tu clase que respondan las preguntas que aparecen al final de esta sección.
En Colosenses 1:15 al 20, Jesús es presentado como el excelso Señor de toda la Creación. ¡Él es nuestro Señor! El señorío de Jesús se basa en el hecho de que resucitó victorioso de entre los muertos para ser nuestro Rey e Intercesor en el Santuario celestial. Podemos entregarnos a él confiadamente, seguros de que nos restaurará a su imagen. Pablo dice que Dios nos “predestinó” (griego prohoriz?; literalmente: ‘señaló [una meta] de antemano’) “para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Rom. 8:29, LBLA).
En Cristo tenemos la promesa de una restauración total. “Hizo la paz con todo lo que existe en el cielo y en la tierra, por medio de la sangre de Cristo en la cruz” (Col. 1:20, NTV). Tal como Isaías había profetizado siglos antes, Jesús vino para ser el “Príncipe de Paz” (Isa. 9:6; comparar con Efe. 2:14). Más adelante, Isaías dice: “El castigo que nos trae paz lo cargó él” (Isa. 53:5). En Romanos 5:10, Pablo afirma que “cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo”.
La Biblia enseña que Jesús es nuestro Creador y Redentor. Vino a este mundo y murió en la Cruz para llevarnos nuevamente a él. El que nos creó (Juan 1:1-3) es el mismo que vino en carne (Juan 1:14) para “dar su vida en rescate por muchos” (Mat. 20:28). Mediante su muerte y su resurrección, venció el pecado y la muerte, y alcanzó la preeminencia sobre todas las cosas en el Cielo y en la Tierra. Por eso, porque “todas las cosas son de él, por él y para él. ¡A él sea la gloria por siempre! Amén” (Rom. 11:36).
Preguntas:
¿Qué significa ser conformado a la imagen de Jesús? ¿De qué maneras prácticas ves que esa obra de transformación está ocurriendo en tu vida por la gracia de Dios?
¿De qué manera es Jesús el Señor de tu vida? ¿Qué significa para ti su preeminencia sobre todas las cosas? ¿Cómo te da esperanza su preeminencia?




