Dios desea mostrarnos Su gloria, que es la misma que Su carácter, porque aquellos que la ven la reflejarán a los demás. Cuando Moisés entendió la naturaleza transformadora de estar en la presencia de Dios, era natural que quisiera más de esa gloria para el pueblo que estaba sacando de Egipto.
Dios es la encarnación de la bondad, la misericordia y la verdad. No podemos evitar brillar para Él cuando pasamos tiempo en Su gloria, alabando Sus maravillosas obras y carácter.
Cuando Jesús murió por nosotros en el Calvario, todo el universo fue testigo de la mayor demostración de la gloria de Dios jamás vista hasta ese momento. Fue una revelación de Su carácter que todavía atrae a hombres y mujeres a Él después de todos estos siglos. Fue un evento que hace que los ángeles en el cielo continúen inclinándose en adoración y alabanza.




