Hay otras características de la nueva vida que debemos considerar. Aporta una paz única a nuestros corazones, una que supera todo entendimiento (Filipenses 4:7). No es una paz impuesta desde fuera, sino por cualquier fuerza terrenal o gobierno. En cambio, viene de dentro, de lo más profundo de nuestro corazón.
Esta paz especial que caracteriza nuestra nueva vida nos llega a través de la palabra de Dios: leerla y escucharla predicada, y también mediante música espiritualmente elevadora. Recordamos cómo David usó su relajante música de arpa para calmar al rey Saúl antes de que se convirtieran en rivales por el trono. El tipo adecuado de música tiene el poder de llegar a nuestras emociones de forma positiva: reduce la ansiedad e incluso nos ayuda a afrontar el dolor, tanto físico como emocional.
Por eso cada uno debe determinar qué tipo de música es perjudicial o beneficiosa para nuestro propio camino cristiano. Puede variar de persona a persona y de congregación a congregación. Pero reconocer que las elecciones musicales son importantes nos permitirá manejar estas preguntas.
Nuestras palabras y acciones que se hacen en el nombre de Jesús y para Su reino también son factores que Pablo reconoció como importantes para nuestra nueva vida. También son expresiones de nuestro agradecimiento al Creador y muestran que nuestros corazones han sido renovados.




