Libro Complementario Capítulo 11 – La Creación y el sábado – Para el sabado 16 de marzo de 2013

La Creación y el sábado
La riqueza de significado del séptimo día, el sábado, se aprecia pocas veces como debería. La observancia del sábado es un tes-timonio de nuestra fe en el informe bíblico de una Creación en seis días, y el descanso en el séptimo, y todo lo que esto significa. Y significa mucho. La historia de la Creación revela mucho acerca de Dios, acerca de nuestro mundo y acerca de nosotros; todo lo cual está simbolizado por el sábado bíblico. En este capítulo, exploraremos algo del significado inherente al sábado del séptimo día. Comenzaremos re-pasando dos pasajes bíblicos que tratan acerca del sábado.
Génesis 2:1 al 3 presenta la base para el sábado en el séptimo día. El texto dice: “Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejérci-to de ellos. Y acabo Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación”.
Este pasaje presenta varios puntos importantes:
Una obra completada. Al final de los primeros seis días, la obra de la Crea-ción estaba completa (kaláh; Génesis 2:1, 2). Dios había colmado los cie-los y la tierra, y estaban funcionando como él quería. Nada más era ne-cesario.
Lo que Dios sintió cuando concluyó su obra de creación debió haber sido semejante a lo que sentimos cuando terminamos de construir un edificio. La palabra hebrea traducida “completó” en este pasaje es la misma que la que usó Salomón cuando expresó: “Fue acabada la casa con todas sus dependencias y con todo lo necesario” (l Reyes 6:38; la cursiva fue añadida).
El séptimo día. Dios descanso en el séptimo día de esa primera sema-na. Podemos inferir dos puntos, de esta declaración. Primero, tuvieron que pasar seis días antes de que Dios descansara, a fin de que el día de descanso fuera llamado el séptimo día. No podía haber séptimo día en el cual observar el descanso sabático sin los seis precedentes de la se-mana de la Creación. La numeración de los días de la semana sigue el modelo de los seis días de la Creación, y la identidad del séptimo día está basada en la semana de la Creación.
Segundo, el séptimo día es un día literal. El sábado del séptimo día siempre ha sido observado como un día literal de veinticuatro horas. 1
La descripción del séptimo día es la única representación de un día de la semana de la Creación que no termina con la mención de “tarde” y “mañana”. La actividad de Dios en el séptimo día fue diferente de su actividad en los días precedentes. En cada uno de los seis días de la Creación, Dios había completado la obra de esa jornada al final del día. En contraste, el descanso de Dios de su acción creadora no terminó cuando concluyó el séptimo día, sino que continúa hasta nuestros días, y aun más allá. Al referirse a la Creación, el autor de Hebreos dice: Las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo” (Hebreos 4:3, 4). En algún momento futuro, Dios creará de nuevo (2 Pedro 3:13). Actualmente, su obra en este mundo no es la de crear, sino la de soste-ner.
Dios descansó. Cuando completó la creación, Dios descansó de crear. Literalmente, “sabatizó” (shabat) de su obra. La palabra lleva consigo el significado de detener lo que estaba haciendo porque el proyecto esta-ba terminado, no porque estuviera cansado. Cuando los abogados “de-jan reposar” su caso es que dejan de presentarlo, no porque estén can-sados de hablar, sino porque completaron su presentación; dijeron todo lo que querían decir. En forma similar, Dios descansó porque había completado lo que deseaba hacer. “Reposó de toda la obra que había hecho en la creación” (Génesis 2:3). 2 Esto no significa que Dios no tenía nada más para hacer con lo que ya había creado; lejos de ello, Dios con-tinua manteniendo y gobernando la creación. 3 Ha cesado de “crear” y de “hacer”, porque había completado el proyecto.
Dios bendijo el séptimo día. Esta es la tercera bendición que Dios ex-tendió durante la Creación. En los días quinto y sexto, bendijo a las criaturas que había hecho. Dirigió la bendición del sábado a un período de tiempo: el día sábado. Las dos primeras bendiciones fueron para la fertilidad y el llenado de la tierra. ¿Puede la bendición del sábado signi-ficar menos? La bendición del sábado es una seguridad de que Dios proveerá de todo lo que es necesario.
Dios lo santificó. La palabra santificar significa “dedicar como santo”. El séptimo día fue lo primero que Dios identificó como santo. Más tar-de, declaró lugares como santos: el suelo alrededor de la zarza ardien-do, el Lugar Santo en el Tabernáculo, la ciudad de Jerusalén, etc. Dios también instruyó que otras cosas -y personas- debían ser santificadas, o hechas santas; entre ellas, los sacrificios, los sacerdotes y el pueblo de Dios. Todos estos tienen en común la intención de Dios de manifestar su presencia. Cuando Dios santificó el sábado, significaba que debía ser reservado para su presencia.

El Mandamiento del sábado
El segundo pasaje sabático es el Mandamiento del sábado registrado en éxodo 20:8 al 11. Dios mismo pronunció este Mandamiento con sus propias palabras, como lo hizo con los demás. Dijo: “Acuérdate del día de reposo [sábado] para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna […] Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, bendijo el día de reposo y lo santificó”.
Este texto usa un lenguaje notablemente similar al que se empleó en la descripción del séptimo día de la semana de la Creación. Paralelos importantes incluyen día, “santo”, “obra”, “cielos”, “tierra”, “reposó”, “bendijo”, y “santificó”. El lenguaje apunta con énfasis a la semana de la Creación descrita en el Génesis.
Acuérdate del sábado. El sábado no era algo nuevo, una adición a las actividades de adoración del pueblo de Dios. No, existía desde la Crea-ción, como lo revela el lenguaje del texto. El problema era que el pueblo lo había olvidado durante su esclavitud. En los Diez Mandamientos Dios se lo hizo recordar.
El sábado no fue creado en respuesta a la llegada del pecado. Llama nuestra atención al séptimo día de la semana de la Creación, antes de que el pecado entrara en el mundo. Tampoco fue una institución moti-vada políticamente, que tuviera la intención de identificar a una nación nueva. Es una bendición que debía ser para toda la gente. Como todos los seres humanos han descendido a partir de la pareja creada en el Edén, así también toda la humanidad debía gozar de las bendiciones del sábado que Dios dio en ese lugar y en ese momento. Esto es parte de lo que significa acordarse del sábado.
Recordar el sábado, también, significa recordar su pasado y recordar lo que Dios nos declaró acerca de lo que será en el futuro. La dimensión pretérita del sábado es su rol de recordarnos que Dios creó nuestra ra-za, y que él nos invistió con individualidad y nos concedió el privilegio de llevar su imagen. Incluye, además, la proximidad a Dios que expe-rimentamos al recordar las bendiciones del sábado que hemos tenido. En cuanto al futuro, cada semana hemos de recordar que debemos pre-pararnos tanto para la venida del sábado como para el reposo que que-da para el pueblo de Dios”, el reposo que conoceremos en el Reino de Dios (Hebreos 4:9; Isaías 65:22, 23).
Paralelos lingüísticos con Génesis 2:1 al 3. Como se notó arriba, varias de las palabras clave en el Mandamiento del sábado también fueron utilizadas en la descripción de Génesis 2:1 al 3 del descanso de Dios de su obra creadora. La primera de estas es “Día” (yom). El día sábado, tanto en el Mandamiento como en el informe de la Creación, es un día específico, literal.
Otra palabra clave es “Santo” (qadesh), El sábado ha de ser guardado “santo”, porque al finalizar la semana de la Creación Dios lo “santifi-có”. La misma palabra hebrea se usa en los tres casos.
La frase “Es día de reposo (shabbath) [sábado] para Jehová tu Dios” (Éxodo 20:10) se refiere a Génesis 2:2 y 3, que menciona que Dios des-cansó (shabat) en el séptimo día. Las palabras hebreas son casi idénticas. El sábado del séptimo día es un monumento al descanso de Dios des-pués de su “obra” (mela’kah, Génesis 2:3), después de completar la crea-ción de los cielos (shamáyini) y de la tierra (‘éretz) en seis días literales. Del mismo modo, hemos de descansar de nuestro trabajo el séptimo día. Esto no significa que debemos abstenernos de toda actividad. De la misma manera en que Dios sigue sustentando la obra de la Creación incluso el día sábado, así debemos continuar sustentando la vida en ese día.
Una séptima palabra importante común a los dos pasajes es “Bendi-to” (barák). 4 Tanto en Génesis 2:2 y 3 como en Éxodo 20:11 se dice que Dios bendijo el séptimo día. En ambos pasajes, la bendición está vincu-lada con que el día fue santificado (qadésh), el cual es otro paralelo muy estrecho que contienen los pasajes. Las similitudes en el lenguaje de los dos pasajes muestran el fuerte vínculo entre el sábado del séptimo día y la semana de la Creación.

Por qué guardar el sábado
Hay dos aspectos en el asunto de por qué debemos guardar el sába-do en el séptimo día. El primero es el más limitado, un asunto más es-pecífico del séptimo día: ¿por qué guardamos el sábado en el séptimo día? La respuesta a esta pregunta es que seguimos, en lo que hacemos, el modelo de lo que Dios realizó: y él trabajó seis días, y descansó el séptimo. El segundo aspecto es un tema más amplio: el por qué obser-vamos, a fin de cuentas, el sábado.
Una razón para guardar el sábado se da en Deuteronomio 5. En el discurso de despedida de Moisés justo antes de su muerte, él repasa la historia de los israelitas y expone delante de ellos cómo deberían con-ducir sus vidas. Entre sus otras instrucciones, él indica que deben ob-servar “el séptimo día [que] es reposo [sábado] a Jehová tu Dios” (Deu-teronomio 5:12-15). El reposo de Dios, obviamente, se refiere a su “re-poso” después de los seis días de la Creación. Pero, Moisés alega otra razón para guardar el Mandamiento del sábado: fue este Dios Creador el que los libró de la esclavitud. Por causa de esto, ellos deben obede-cerlo, en vez de obedecer a cualquier otro dios. En el versículo 6, el mismo punto se aplica a todos los Diez Mandamientos, que aquí se re-piten.
Una segunda razón para observar el sábado se da con mucho énfasis en Éxodo 31:12 al 17. Aquí, Dios indica a los israelitas que debían “guardar (shamár) el sábado, el reposo de Dios. La palabra traducida como guardar aquí es la misma que se utilizó para describir el trabajo de Adán –debía “guardar” el Huerto–; y también para la obra de los ángeles ubicados en la entrada al Jardín: debían “guardarlo”, es decir, cuidar el árbol de la vida (Génesis 3:24). De esta manera, “guardar” el sábado es proteger, o resguardar, su santidad.
De acuerdo con este pasaje, el sábado es una señal de que Dios es “Jehová que os santifico” (versículo 13; cf. Ezequiel 20:12). Así como Dios apartó el séptimo día, y lo bendijo y santificó al final de la semana de la Creación, así él nos santifica a nosotros -nos pone aparte- para una bendición especial. La observancia del sábado en el séptimo día es un reconocimiento público de que somos criaturas caídas. Fuimos creados moralmente mejores de lo que somos ahora, y dependemos completamente del poder creativo de Dios para nuestra salvación. El sábado es una señal o un reconocimiento de la promesa divina del pac-to de que él santificará a su pueblo.
El sábado simboliza todos estos puntos. Pero, solo la semana de la Creación explica por qué el sábado es el séptimo día de la semana, en vez de serlo algún otro día. Puede resultar tentador preguntarse si po-demos ignorar la historia de la Creación y justificar la observancia del sábado solamente sobre la base de la liberación hebrea de Egipto; pero tal pensamiento aplica el sábado solo para los judíos. El vínculo entre el sábado del séptimo día y los seis días de la Creación nos recuerda que el sábado debía ser para toda la gente.

El significado simbólico del sábado
El sábado tiene una profundidad de significado que ofrece muchas bendiciones para quienes lo estudian. Brevemente, repasaremos algu-nos de los significados que contiene. 5
El sábado y Dios. El sábado nos recuerda al Dios Creador y su deseo de bendecir nuestras vidas con su presencia. El primer día completo de existencia de los seres humanos ocurrió un sábado; fue un tiempo de compañerismo entre Dios y los primeros seres humanos. Con la entra-da del pecado, el sábado añadió significado, al ser un recordatorio del plan de Dios de restaurarnos al compañerismo con él.
El sábado es una memoria de la generosidad de Dios. Al final de los seis días de la Creación, el mundo estaba completo. Dios ya había pro-visto de todo lo que los seres que había creado pudieran necesitar. El sábado es un símbolo de su generosidad, y nos recuerda que él ha pro-visto no solo lo necesario para nuestras necesidades físicas, sino tam-bién para nuestras necesidades espirituales. Es una promesa de que no tenemos que ganar nuestra salvación: podemos descansar en lo que Dios ha provisto.
El sábado y el mundo. El sábado es un recordativo del cuidado per-manente de Dios por el mundo. Así como Dios obró durante la semana de la Creación para originar el mundo, él ahora obra para sostenerlo. Cuando estaba creando el mundo, estableció las estaciones (Génesis 1:14); ahora, él envía el sol y la lluvia. Cuando Dios estaba creando, formó lo necesario para la vida; ahora, él sostiene la vida de día en día (Salmo 103:2-5; Hechos 17.25).
El sábado, también, es un recordativo de la promesa de Dios de res-taurar el mundo a su bondad original. El pecado derivó en una serie de maldiciones sobre el mundo, que resultaron en degeneración, sufri-miento y muerte. Hasta cierto punto, el diluvio revirtió los eventos de la Creación. 6 Al guardar el sábado, trabajamos con Dios a fin de apre-surar el día de la restauración. El sábado es una promesa de restaura-ción; una promesa de que Dios finalmente volverá el mundo a la armo-nía con él; que él producirá una nueva creación.
El sábado y la humanidad. El sábado es una rememoración de que Dios nos hizo a su imagen. Así como Dios descansó en la primera se-mana, quienes fuimos hechos a su imagen hemos de descansar en el séptimo día de cada semana. Podemos dudar a veces, pero el sábado nos recuerda que Dios nos valora lo suficiente como para confiarnos su imagen.
El sábado es un recordativo de la intención de Dios de llevarnos de nuevo al compañerismo con él. Nos recuerda no solo nuestra condición caída, sino también la promesa de Dios de restaurar su imagen en no-sotros y regenerar relaciones pacíficas entre los seres humanos. El sá-bado nos recuerda, también, el poder creativo necesario para santificar a los pecadores. Nuestra fe en su gracia salvadora no es mera presun-ción, sino que reposa sobre los hechos de la semana de la Creación, du-rante la cual la Palabra de Dios dio existencia y forma a todo lo que él creó. La bondad original de la creación durante el primer sábado es una seguridad de la bondad del carácter de Dios y de la confiabilidad de sus promesas de salvación.

Jesús y el sábado
Jesús nos mostró la intención de Dios para con el sábado. Asistió a la sinagoga el sábado: en ese día, se lo encontraba en la casa de adoración (Lucas 4:16-20). El sábado es dedicado, o puesto aparte, para propósitos santos. La adoración pública es uno de tales propósitos, y Jesús partici-pó en la adoración pública. Pero, Jesús no realizó toda su enseñanza en reuniones públicas; también enseñó mientras caminaba por los campos (Lucas 6:1-5) y mientras comía en las casas (Lucas 14:1-6). La adoración es una parte integral del sábado.
Jesús, también, nos dio un ejemplo de observancia del sábado al ali-viar los sufrimientos (por ejemplo, Lucas 6:6-11). Cuando terminó la obra de la Creación, comenzó la obra de sustentarla; y la curación de los enfermos es parte de la obra de sustentar la creación. Esa obra co-menzó el primer sábado, y sigue incluso hoy. Es apropiado que traiga-mos alivio a los que están sufriendo.
La adoración a Dios implica tanto el espíritu como la verdad (Juan 4:24). Ninguno de ellos puede ser ignorado. Jesús nos mostró cómo adorar en verdad con sus enseñanzas y su participación en la adoración pública. Nos mostró cómo adorar en espíritu con sus curaciones y su ministerio hacia los sufrientes. Sus seguidores no pueden hacer nada mejor que seguir su ejemplo.

La Creación y la observancia del sábado
La práctica de observar el sábado en el séptimo día está inevitable-mente vinculada con una Creación en seis días literales. Primero, la numeración de los días está basada en la semana de la Creación. El sép-timo día, en el cual Dios descansó, está explícitamente identificado co-mo el que sigue inmediatamente a los seis días de la Creación.
Segundo, la frase “el sábado de Dios” está basada en la semana de la Creación. El “sábado” de Dios es el “reposo” de Dios; y la idea de que Dios reposó no tiene significado aparte de la obra de la creación. Si Dios no dedicó seis días a la obra de crear, ¿cuál sería el significado de pasar el séptimo día descansando? La misma palabra “sábado” implica un descanso de crear, y deriva su importancia de la historia de la Crea-ción en el Génesis.
Una tercera manera en la que la Creación en seis días hace una dife-rencia para el sábado está en el panorama del sábado. La Biblia descri-be la creación de los antepasados de todos los seres humanos en el sex-to día de la semana de la Creación. El Mandamiento que ordena la ob-servancia del sábado en el séptimo día de la semana utiliza las mismas palabras definidoras que se usan en el registro de las actividades en el séptimo día de la semana de la Creación, mostrando que el sábado se aplica a toda la humanidad. Si rechazáramos la teoría de la Creación en seis días, estaríamos eliminando la base para la observancia universal del sábado, dejando el sábado como una institución para los judíos, con muy poca relevancia para los gentiles.

Conclusión
La observancia del sábado en el séptimo día es una expresión de fe en el Dios Creador, quien creó un mundo terminado en seis días; quien hizo muy buenas todas las cosas, aun brindando libertad de elección a las personas que él creó, que usaron mal y corrompieron la creación, y quien promete restaurar todo lo que se perdió.
Jesús, el Creador, vino y nos mostró cómo guardar el sábado en es-píritu y en verdad. La universalidad de la Creación es la garantía de la universalidad del sábado, el séptimo día, y de la promesa de restaura-ción universal.

Referencias
1 Éxodo 16:23-26; cf. Lucas 4:16. En el contexto de la Creación, la palabra hebrea yom (día) claramente significa un día literal, ya que estaba compuesto de tarde y de mañana; está en una secuencia numerada de días; y se conmemora con la observancia de un día literal.
2 La palabra hebrea bará (“crear”) y ‘asáh (“hacer”). Estas son las mismas dos palabras que Dios usó en su actividad creadora durante los seis días de la Creación.
3 Ver el capítulo 8 de este libro.
4 La misma palabra se encuentra en Génesis 2:2, 3.
5 Para un excelente análisis en profundidad del significado del sábado, ver S. Tonstad, The Lost Meaning of the Seventh Day (Berrien Springs, MI: Andrews University Press, 2009).
6 Ver Davidson, R. M., “Biblical Evidence For the Universality of the Genesis Flood , en Baldwin, J. T., ed. Creation, Catastrophe, and Calvary (Hagerstown, MD: Review and Herald®, 2000), pp. 79-92, y las referencias 17-25. tumbimg250x150-lc

Radio Adventista
1 comment… add one
  • muy interesante los comentarios sobre las lecciones de Escuela Sabaica

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