Lección 8 Edición Maestros “Jesús mostraba simpatía” – Para el Sábado 20 de Agosto 2016

Edición para maestros. Tercer trimestre (julio-septiembre) de 2016

“Jesús mostraba simpatía”

Lección 8:  Para el 20 de agosto de 2016

 

El sábado enseñaré…

Texto Clave: Mateo 14:14.

 

Enseña a tu clase a:

Saber cuál es la importancia del método que empleó Cristo en su ministerio, de mostrar simpatía a otros mediante la palabra y la acción.

Sentir el gozo de mostrar bondad y simpatía abnegadas hacia quienes están luchando.

Hacer: Dar pasos prácticos para demostrar la compasión y el amor de Cristo al tratar con otros.

 

 Bosquejo de la Lección

  1. Saber: Ser rectos y bondadosos
    1. ¿Por qué parece que la iglesia, a veces, es poco simpática hacia los que no son miembros?
    2. ¿Cómo es posible mantenerse en contra del pecado pero también ser simpáticos con las personas que cometen los pecados?
    3. ¿Qué factores crees que actúan para socavar nuestra simpatía hacia otros?
  2. Sentir simpatía
    1. ¿De qué forma podemos mostrar simpatía a las personas sin condescender hacia ellas, o sin tratarlas como “un caso de caridad”?
    2. ¿Qué podemos hacer, cuando sabemos que alguien tiene necesidades, pero encontramos difícil sentir simpatía por ella por causa de su conducta?
  3. Hacer: Mostrar simpatía
    1. Con oración, pregúntate si hay alguien a quienes puedes haber sido poco simpático o poco bondadoso. Pídele a Dios que te dé fuerza para pedir disculpas y hacer restitución.
    2. ¿Qué pasos puede dar tu iglesia para mostrar simpatía a las personas en tu comunidad?

 

 Resumen

Nuestro mundo está lleno de personas cansadas, solitarias y desanimadas. A veces, algo tan sencillo, como un oído amable puede hacer una gran diferencia en sus vidas. En su ministerio, Jesús nos dio el ejemplo de cómo mostrar simpatía: sencillamente siendo bondadosos y tiernos, escuchando y sanando.

 

 CICLO DE APRENDIZAJE

Texto destacado: Mateo 14:14.

Concepto clave para el crecimiento espiritual: Cuando nos ocupamos en la misión, es vital analizar nuestros motivos y propósitos. Algunas personas están motivadas a testificar porque sienten que tienen que hacerlo, o porque quieren tener números buenos de bautismos. Sin embargo, se nos llama a tener una motivación más alta: a testificar porque tenemos amor, simpatía y compasión por la gente.

 

PASO 1: ¡Motiva!

Solo para los maestros: Esta semana explora con tu clase por qué mostrar simpatía, es más que solo pensar en cosas buenas y decir palabras consoladoras. Mostrar simpatía significa responder en formas tangibles que sienten amor, cuidado y compasión.

Diálogo inicial: Facebook, el sitio más grande del mundo para redes sociales, tiene más de mil millones de usuarios activos. Si fuera un país, estaría compitiendo con China como la nación más poblada de la tierra. Los usuarios de Facebook pueden poner fotos, contactar a amigos y hacer comentarios. Una de las características más usadas es la capacidad de apretar un botón que dice “Me gusta”, o sea, una forma rápida y fácil de indicar aprecio por algo que un amigo o conocido ha puesto, sin tener que escribir ni una palabra.

Aunque es una característica altamente popular, no cae bien poner “Me gusta” si alguien puso que tiene cáncer terminal, o que falleció un miembro de la familia. Y así, a fines de 2014, los ejecutivos e ingenieros de Facebook consideraron añadir una nueva característica: un botón de “Simpatía”. Dicen que la idea era que la gente tuviera la opción de usar una respuesta cuando la noticia es triste, lo que significaría que un botón de “simpatía” aparecería como una alternativa a la opción de “me gusta”.

En un sentido, tener esta característica propuesta sería una mejora. En otro sentido, es otro indicador de que nuestra creciente “realidad” digital en línea nos está distanciando del contacto humano. Antes, si alguien estaba en angustia emocional, física o espiritual, los amigos y vecinos visitaban a esas personas para consolarlas y llevarles simpatía. Si eso no era posible, tal vez las llamaban por teléfono, o por lo menos le enviaban pensamientos consoladores en una carta. Luego la industria de las tarjetas arregló las cosas para producir tarjetas de condolencias o simpatía. Así en vez de tomarte el tiempo de componer tus propias palabras de simpatía, sencillamente comprabas una tarjeta, usabas sus pensamientos prefabricados, firmabas tu nombre, y lo echabas al correo.

Facebook puede pronto hacer que el proceso sea más refinado. No necesitarás conversar más, ni hablarle, escribirle una nota, o expresar siquiera una palabra. Sencillamente aprietas el botón “Simpatizo” y sigues tus tareas sin pensar más en ello.

Preguntas para reflexionar

  1. ¿Cuán importante es el “toque personal” para mostrar simpatía?
  2. ¿Cuál es el peligro cuando un cristiano le dice a alguien: “Estaré orando por ti”?

PASO 2: ¡Explora!

Solo para los maestros: En lecciones anteriores vimos de qué modo Jesús, después de presentar el magnífico Sermón del Monte, descendió y puso en práctica lo que había predicado. En esta lección, explora con tu clase diferentes maneras en las que Jesús mostró simpatía a las personas mientras se mezclaba con ellas.

Comentario de la Biblia

I. Jesús mostró simpatía

(Repasa, con tu clase, Mat. 14:14.)

La palabra “compasión” en este versículo es la traducción de splanjnístheis, que William Braclay describe como “la palabra más fuerte para lástima en el idioma griego”. Él destaca que deriva de la palabra splánjna, que describe los intestinos. De acuerdo con Barclay, “describe la compasión que mueve a un hombre hasta las profundidades más hondas de su ser. En los evangelios, fuera de su uso en alguna de las parábolas, se usa solo acerca de Jesús”.

En Mateo 8 y 9 vemos maneras específicas en que Jesús muestra compasión y simpatía hacia la gente.

1. Un centurión romano se acerca a Jesús y le pide ayuda (Mat. 8:5). Pero cuando uno mira más de cerca el texto, uno ve que lo hace de una manera indirecta, no pide ayuda directamente. En cambio, presenta el problema a Jesús: “Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado” (vers. 6). Recordemos que el centurión romano era un gentil y un representante de la ocupación romana. Por eso Mateo nos muestra la forma en que el amor de Jesús se extiende más allá de los judíos para abrazar a toda la humanidad. Jesús lee entre líneas la afirmación del centurión y muestra su simpatía: “Yo iré y le sanaré” (vers. 7).

Sin duda, el centurión conoce bien las leyes judías acerca de la pureza, que prohibía no solo comer con los gentiles, sino entrar en sus casas. Y así, sensible a este hecho, el centurión le dice a Jesús que no tiene necesidad de ir físicamente a su casa: todo lo que Jesús tiene que hacer es decir “la palabra”, y su criado sanaría. Aun cuando las leyes de pureza no eran barreras para Jesús –él siempre priorizaba el ministerio a la gente por sobre la rígida adhesión a las leyes judías– recompensó la fe del centurión e inmediatamente sanó a su siervo.

2. Un grupo de hombres trae un paralítico a Jesús en una cama (Mat. 9:2). Sin duda este hombre que sufría estaba nervioso y ansioso: ¿Cómo responderá Jesús? Jesús lo mira y le dice: “Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados”. Jesús, tan tierno, tan bondadoso, con tanta simpatía.

3. Un dirigente se arrodilla delante de Jesús, pidiéndole que levante a su hija de los muertos (Mat. 9:18). Jesús se levanta de inmediato para ir con él. Por el camino, desde la multitud una mujer que ha sufrido durante doce años de hemorragias, toca el borde de su manto (vers. 20, 21). Lucas, en su informe, dice que Jesús se dio vuelta y dijo: “¿Quién es el que me ha tocado?” (Luc. 8:45). Sin duda la mujer debe haberse sentido muy avergonzada por ser expuesta repentinamente frente a la multitud. Pero Jesús, con simpatía, distiende la situación al decirle bondadosa y tiernamente: “Ten ánimo, hija; tu fe te ha sanado” (Mat. 9:22, NVI).

4. Al final del capítulo 9, Mateo resume en forma hermosa la actitud de simpatía desde la cual Jesús mira a la gente y dice: “Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” (Mat. 9:36). Otra vez Mateo usa la palabra splanjnístheis.

Considera: Cuando hablamos acerca de la misión, a veces usamos expresiones como poblaciones a alcanzar, metas bautismales y estrategias para extendernos a ellas. Más bien, que mirar a la gente con la simpatía que Jesús mostró, caemos en la trampa de verlas sencillamente como candidatos potenciales para el bautismo. ¿Qué podemos hacer para evitar que esto suceda?

PASO 3: ¡Aplica!

Solo para los maestros: Explora con tu clase la frase: “Ama al pecador; odia el pecado”. Cuando el antiguo teólogo cristiano Agustín de Hipona usó esta expresión por primera vez, seguía más o menos este pensamiento: “Ten amor por la humanidad, pero odia el pecado”. Esa expresión tiene cierta resonancia y significado que se ha perdido actualmente. Al decir “ama al pecador, odia el pecado”, ¿de qué manera podemos correr el riesgo de sonar como condescendientes? ¿En qué sentido esta expresión implica que “el pecador” corresponde a un grupo separado de nosotros? La verdad es que todos somos pecadores (aun cuando hemos aceptado el perdón de Dios y le pedimos que cambie nuestras vidas). ¿Qué peligro existe aquí al definir a alguien por su pecado, como llamar borracho a alguien, olvidando que puede ser una madre, un hijo, un amigo? La distinción entre “pecado” y “pecador” no es sencilla en nuestras vidas y relaciones personales: es difícil separar a una persona de lo que hace. Y parece que en algunos círculos cristianos, escuchamos el “ama al pecador” más a menudo cuando hablamos de homosexuales o adúlteros, pero no cuando estamos hablando de materialistas, glotones u orgullosos.

Preguntas para reflexionar:

  1. ¿De qué forma podemos mostrar simpatía a personas que viven en pecado, sin implicar que aceptamos su conducta?
  2. ¿Cómo “llamamos al pecado por su nombre” sin proyectar un sentido de superioridad?
  3. ¿De qué modo nos mostró Jesús su simpatía en nuestras propias luchas?

 

PASO 4: ¡Crea!

Solo para los maestros: Dialoga con tu clase acerca de diversas maneras en las que ellos pueden mostrar simpatía a la gente: visitándolos, llamándolos por teléfono, dándoles un abrazo, enviándoles un regalo, ayudándoles en formas prácticas. Aprovecha para hablar acerca de la importancia del toque personal.

Actividad:

Durante la semana anterior a esta clase, compra una caja de tarjetas en blanco, si tienes la posibilidad, y también estampillas postales.

Paso 1: Invita a los miembros de la clase a compartir experiencias cuando alguien les mostró simpatía y cuánto significó eso para ellos.

Paso 2: Dale a cada miembro de tu clase tarjetas en blanco e invítales a pensar en alguien –preferiblemente que no sea miembro de la iglesia– a quien podrían enviarle una breve nota de simpatía o de ánimo. Puede ser un vecino, un conocido del trabajo, o aun un miembro de la familia. También podría ser alguien con quien no se han encontrado pero que está pasando por momentos difíciles. Anímalos a mostrar en sus palabras simpatía como la de Cristo.

Paso 3: Después de que terminaron, entrégales una estampilla de correo (si se aplica) y anímalos a escribir la dirección en el sobre y echarla al correo. En pocas semanas, podrán dialogar acerca de alguna respuesta que hayan recibido.

Paso 4: Anima a cada miembro de la clase a pensar en alguien a quien puedan visitar y animar durante la próxima semana.

maestros

 

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