Lección 7 Edición Maestros – Motivados por la esperanza – Sábado 18 Mayo 2024

EL SÁBADO ENSEÑARÉ

Introducción:.

Un elemento crucial en el Gran Conflicto fue la venida del Mesías. Durante el período profético de las 70 semanas, el diablo luchó para destruir la fe de Israel en la primera venida del Mesías como el cumplimiento de las promesas, las profecías y los tipos del Antiguo Testamento. De la misma manera, al final del período profético de 2.300 años, las fuerzas del mal trataron de oscurecer su cumplimiento en el Juicio Preadvenimiento que ocurriría en el Santuario celestial, y de suprimir la proclamación de la segunda venida del Mesías. Al final del período profético de las 70 semanas, hubo fieles de Dios, como Simeón, que esperaban “la consolación de Israel” (Luc. 2:25), o Ana y otros “que esperaban la redención en Jerusalén” (Luc. 2:38). Estos pocos fieles vieron en Jesús el cumplimiento de la promesa de la primera venida del Mesías. Del mismo modo, al final de los 2.300 años había creyentes, como William Miller, cuyo mensaje de la “verdad presente” se centraba en la esperanza en la pronta venida del Mesías. William Miller no descubrió este mensaje mediante una metodología filosófica, sino por medio de una lectura literal de las Escrituras. Esto ilustra, una vez más, la esencialidad de las Escrituras para el Gran Conflicto.

 

Temática de la lección:.

Este estudio se centra en dos temas principales:.

1. Aunque la fecha exacta de la segunda venida de Cristo no se da en la Escritura, las profecías de las 70 semanas y de los 2.300 días, que se relacionan tanto con la primera venida de Jesús como con su segunda venida, se han cumplido con precisión. Su cumplimiento preciso nos asegura que la segunda venida de Cristo es cierta e inminente.

2. Dios llamó al pueblo adventista para proclamar al mundo el cumplimiento de la profecía más antigua de la Biblia. Dios también lo designó para llamar al mundo a abrazar la esperanza en la segunda venida de Jesús, que pondrá fin para siempre al Gran Conflicto.

 

COMENTARIO.

Se encuentra esperanza en el premilenialismo.

La esperanza y el optimismo llenaban la atmósfera de los Estados Unidos del siglo XIX, la nueva nación nacida de la singular Revolución Norteamericana. Ese siglo trajo cambios sociales, económicos y políticos, así como tecnológicos, e inventos, prometiendo el amanecer de un nuevo mundo. El espíritu de la época influyó en los cristianos evangélicos protestantes del país, hasta impregnar su religión y sus iglesias. El resultado fue un cristianismo posmilenialista con un fervor escatológico esperanzador y optimista. Pero ¿qué es el posmilenialismo? Milenialismo proviene de la palabra “milenio”, que se refiere a los mil años del reinado de Cristo con los santos, como se describe en Apocalipsis 20:1 al 6. Aunque la mayoría de los cristianos acepta esta enseñanza bíblica acerca del Milenio, no todos están de acuerdo en cómo relacionar el Milenio con la Segunda Venida y con el Juicio Final. Los primeros teólogos posapostólicos (los padres apostólicos) adoptaron el premilenialismo, la creencia de que Cristo volvería a la Tierra antes del milenio y ejecutaría el Juicio Final. (Los adventistas, por supuesto, entienden que el Milenio será en el Cielo). Sin embargo, padres de la iglesia posteriores, como Orígenes de Alejandría (185-254 d.C.) y Agustín de Hipona (354-430 d.C.), integraron la filosofía griega con la teología cristiana y aplicaron el método alegórico a la lectura de la Biblia y su interpretación. En consecuencia, rechazaron el premilenialismo por considerarlo una lectura ingenua y superficial del libro del Apocalipsis, y en cambio propusieron una nueva teoría del Milenio, que más adelante se denominó amilenialismo. Según esta teoría, el Milenio debe entenderse en forma alegórica o espiritual y se refiere al período eclesiástico que transcurre entre la primera venida de Jesús y su segunda venida. Durante este período, Cristo reina espiritualmente con las almas de los santos muertos en el Cielo, así como con la iglesia en la Tierra. La iglesia es el Reino de Dios en este planeta. Cristo trabaja para establecer su iglesia hasta los confines de la Tierra, disminuyendo así el poder del diablo. Sin embargo, antes de la Segunda Venida, Satanás corromperá la iglesia, lo que llevará a la instauración del anticristo. En ese momento, Jesús regresará para salvar a la iglesia del anticristo y ejecutará el Juicio Final, restableciendo así un nuevo orden de cosas. Esta postura fue adoptada por la Iglesia Católica Romana, las iglesias ortodoxas y algunas confesiones protestantes, como las iglesias luterana, anglicana y presbiteriana.

 

Posmilenialismo.

El posmilenialismo fue una adaptación del amilenialismo por parte de las iglesias protestantes del siglo XIX, que lo aplicaron a su situación contemporánea. Al igual que los amilenialistas, los posmilenialistas pensaban que Cristo vendría al final del Milenio. Sin embargo, a diferencia de los amilenialistas, la mayoría de los posmilenialistas pensaba que el Milenio representa mil años años literales previos al regreso de Cristo. Durante este tiempo, Cristo trabajará mediante el Espíritu Santo y la iglesia para extender el evangelio por todo el mundo y establecer su Reino milenario. A medida que la mayor parte de la población de la Tierra acepte el evangelio, el poder y el control del diablo disminuirá, y el mundo entrará gradualmente en su edad de oro, un período de paz, rectitud, justicia, amor y prosperidad, que servirá como anticipo de la llegada del Reino eterno de Dios. Los posmilenialistas, muy optimistas respecto de la naturaleza del ser humano y de la sociedad, no preveían una época en la que la iglesia se corrompiera o en la que el anticristo controlara y oprimiera a la iglesia y al mundo. Al Milenio le seguiría la segunda venida de Cristo, la resurrección general, el Juicio Final y el Reino eterno de Dios. A juzgar por el éxito del evangelio en el mundo durante el siglo XVIII, los posmilenialistas del siglo XIX concluyeron que el Milenio aún estaba en el futuro, aunque a punto de llegar. Además, dado que el reino milenario sería inaugurado por Cristo mediante la iglesia, los protestantes se arremangaron y empezaron a trabajar duro para hacer realidad el Milenio, y para hacerlo durante su vida. El cambio y el progreso llenaban el aire de Estados Unidos. Cada vez más sociedades bíblicas publicaban Biblias y publicaciones cristianas. Se enviaron misioneros al extranjero a fin de preparar al mundo para aceptar el evangelio y entrar en el Reino milenario. Paralelamente a este desarrollo, un número creciente de inventos tecnológicos contribuyó al aumento de la calidad de vida en los Estados Unidos y en todo el mundo. Las sociedades de temperancia se centraron en mejorar la calidad de la salud de la gente mediante la abstinencia del alcohol. Ante la ausencia de grandes guerras, los partidos políticos y todo tipo de movimientos sociales reclamaron profundos cambios sociales compatibles con el establecimiento del Reino milenario de Dios. Sin embargo, no todos acompañaron el entusiasmo posmilenial de la mayoría. Las ideas premilenialistas originales de los apóstoles y de los padres apostólicos fueron revividas por los reformadores anabaptistas en el siglo XVI y luego continuadas por algunos evangélicos ingleses a lo largo del siglo XVIII; y, finalmente, comenzaron a difundirse en Estados Unidos durante la primera mitad del siglo XIX. En el siglo XIX, los mayores defensores del premilenialismo bíblico fueron William Miller y, tras el Gran Chasco, los adventistas del séptimo día. Al igual que los posmilenialistas, los premilenialistas adventistas creían que el Milenio representaba mil años literales, que aún estaba en el futuro y que comenzaría pronto.

 

Los adventistas del séptimo día.

Los premilenialistas adventistas del séptimo día entendieron, a partir del estudio de la Biblia, que las cosas empeorarían para el pueblo de Dios antes del Día del Señor (2 Ped. 3:3-13); que Jesús vendría antes del Milenio (Apoc. 19:11-16) para salvar a su iglesia perseguida, resucitar a su pueblo y llevar a todos con él al Cielo (1 Tes. 4:13-18). En el Cielo, el pueblo de Dios no solamente reinaría con Cristo (Apoc. 20:4, 6), sino también participaría con Dios en el juicio de los impíos (Apoc. 20:4; 1 Cor. 6:2). Durante ese tiempo, se describe que el diablo sería atado “por mil años” (Apoc. 20:2) en la Tierra, “para que no engañe más a las naciones” (Apoc. 20:3). Estas naciones constituyen los impíos que no resucitarán hasta el final de los mil años (Apoc. 20:2, 3, 5). Una vez que termina el juicio milenario, Jesús regresa al planeta Tierra con todos sus santos. Él resucita a los impíos (Apoc. 20:5, 7, 13) y ejecuta el Juicio Final (Apoc. 20:11, 12). El diablo intenta engañar a los impíos por última vez para incitarlos a luchar contra Dios y tomar su Reino por la fuerza (Apoc. 20:7-9). Este acontecimiento culmina el Gran Conflicto: Cristo ejecuta sus juicios, y los impíos, el diablo y el mal, así como la misma muerte, son arrojados al “lago de fuego” (Apoc. 20:9, 10, 14, 15) y son aniquilados para siempre. Miller y los adventistas del séptimo día no compartían el optimismo de sus contemporáneos posmilenaristas respecto de la naturaleza humana y el futuro próximo de la humanidad: brillante y utópico. Pero esta postura no se debía a que Miller y los adventistas fueran antisociales o no podían alegrarse por el progreso y la esperanza de la humanidad. Más bien, Miller y los adventistas del séptimo día llegaron a su concepción premilenialista a partir de su estudio sólido, literal e histórico-gramatical de la Biblia. Por esta razón, rechazaron tanto el amilenialismo como el posmilenialismo, porque estas doctrinas no estaban cimentadas en la Biblia sino en los presupuestos de la antigua filosofía griega o de los estudios socioeconómicos y políticos contemporáneos. Las postulaciones de los amilenialistas o los posmilenialistas no solamente están ausentes de la Biblia, sino además van en contra de las enseñanzas bíblicas, y por ende distorsionan el evangelio y generan falsas esperanzas. Miller y los adventistas del séptimo día anhelaban esperanza, pero querían una esperanza construida sobre el sólido fundamento de la Palabra de Dios. En pocas décadas, las dos guerras mundiales y la Guerra Fría del siglo XX pulverizaron el optimismo posmilenial respecto de la naturaleza humana y la llegada gradual de la humanidad al reino milenario de paz y prosperidad de Dios. La mayoría de los evangélicos volvió al premilenialismo. Es cierto que este premilenialismo fue reempaquetado y distorsionado, por lo que se cayó en la enseñanza antibíblica del dispensacionalismo. Sin embargo, el mero hecho de que los evangélicos volvieran al premilenialismo indica que el amilenialismo y el posmilenialismo no solamente no son bíblicos, sino además constituyen una exégesis inadecuada y decepcionante de los acontecimientos del tiempo del fin. El premilenialismo bíblico es el único fundamento para la esperanza. Enseña que, aunque la humanidad no puede salvarse a sí misma ni al mundo, Jesús vendrá de nuevo en el momento más difícil de la historia. Antes del Milenio, él nos salvará de los ataques finales del diablo y sus ejércitos, y conducirá el Gran Conflicto hacia su fin.

 

APLICACIÓN A LA VIDA.

¿Cuánta esperanza aporta la segunda venida de Jesucristo a tu contexto religioso o cultural? ¿Cómo puedes explicarles a tus vecinos que el regreso de Jesús es la única esperanza para la humanidad? 1. ¿Qué relevancia tiene el cumplimiento de las profecías bíblicas de tiempo (como la de los 2.300 años) en tu contexto religioso o cultural? Piensa y propón formas de hacerlo relevante para la gente de tu comunidad. 2. William Miller desarrolló un modo específico de leer y comprender la Biblia. ¿Cuál es tu modelo de lectura e interpretación de las Escrituras? Desarrolla y comparte con tu clase de Escuela Sabática qué método/s utilizas para entender la Palabra de Dios en forma significativa. Comparte cómo la verdad bíblica ha transformado no solamente tu vida, sino también la de tu familia y de tu comunidad.

 

RESEÑA.

Textos clave: Hebreos 8:1, 2.

Enfoque del estudio: Éxodo 25:8, 9, 40; Hebreos 8:1-6; Mateo 25:1-10; Daniel 7:9, 10; Hebreos 8:1-5; 9:23-28; Apocalipsis 11:19; Hebreos 10:16; Levítico 16:21, 29-34; 23:26-32.

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