Lección 2 Edición Adultos: “Muerte en un mundo pecaminoso” Para el 8 de Octubre de 2022

Cuarto Trimestre de 2022

“Muerte en un mundo pecaminoso”

Lección 2 :- Para el 8 de Octubre de 2022

Sábado 1º de octubre

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Génesis 2:16, 17; 3:1–7; Salmo 115:17; Juan 5:28, 29; Romanos 5:12; 2 Corintios 5:21.

PARA MEMORIZAR: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Rom. 5:12).

Cuando Dios el Padre le confirió un honor especial a Cristo y anunció que juntos crearían este mundo, “Lucifer estaba envidioso y tenía celos de Jesucristo” (HR 16), y conspiró contra él. Como fue expulsado del cielo, Satanás decidió “destruir la felicidad de Adán y de Eva” en la Tierra, y así “causar tristeza en el cielo”. Imaginó que “si de alguna manera podía inducirlos [a Adán y a Eva] a desobedecer, Dios haría algo para perdonarlos; entonces él y todos los ángeles caídos dispondrían de una buena oportunidad para compartir con ellos la misericordia de Dios” (HR 29, 30). Plenamente consciente de la estrategia de Satanás, Dios advirtió a Adán y a Eva que no se expusieran a la tentación (Gén. 2:16, 17). Esto significa que, aun cuando el mundo todavía era perfecto e inocente, ya había claras restricciones para que los seres humanos las obedecieran.
Esta semana reflexionaremos sobre la caída de Adán y de Eva, sobre cómo el pecado y la muerte se apoderaron de este mundo y cómo Dios plantó una semilla de esperanza para la humanidad ya desde el Edén.

 

Domingo 2 de octubre
DECLARACIONES EN TENSIÓN
El mundo, tal como salió de Dios, era perfecto (Gén. 1:31). La muerte era una experiencia desconocida para Adán y Eva. En ese contexto, Dios vino al Jardín del Edén y les advirtió: “De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Gén. 2:16, 17). ¿Cómo se muestra la realidad del libre albedrío en la perfección del Edén, según Génesis 2:16, y 17? Es decir, ¿por qué Dios necesitaba advertirles, si no podían elegir libremente? Tiempo después de esta advertencia de Dios, Satanás adoptó la forma de una serpiente y también entró en el Edén. Eva observó que la serpiente comía alegremente el fruto prohibido sin que muriera. “Él mismo había comido de ese fruto prohibido” (PP 34), y no le había sucedido nada.

Lee Génesis 3:1 al 4. Ponte en el lugar de Eva, ¿por qué esas palabras podrían sonar convincentes? Desde la perspectiva de la lógica humana, el argumento de la serpiente podría sonar mucho más convincente que la palabra dada por Dios. En primer lugar, no había ninguna evidencia en el mundo natural, hasta ese entonces, de la existencia del pecado ni de la muerte. En segundo lugar, la serpiente efectivamente estaba comiendo el fruto prohibido, y lo disfrutaba mucho. Entonces, ¿por qué Eva debería abstenerse de hacer lo mismo? El mandato de Dios parecía ser demasiado restrictivo y absurdo. Desafortunadamente, al decidir entre las dos declaraciones contrapuestas, Eva ignoró tres principios básicos: (1) la razón humana no siempre es la forma más segura de evaluar los asuntos espirituales; (2) la Palabra de Dios puede parecernos ilógica y sin sentido, pero siempre es correcta y digna de confianza; y (3) hay cosas que no son ni malas ni incorrectas en sí, pero Dios las ha elegido como prueba de obediencia.
La experiencia de Eva en el Jardín del Edén no es un caso único. Todos los días y en todo momento debemos decidir entre la Palabra de Dios (que para muchos puede ser impopular) y los atractivos seductores de la cultura que nos rodea. Nuestras decisiones tendrán consecuencias eternas. ¿En qué formas la clara enseñanza de la Biblia entra en conflicto con los caminos del mundo?

 

Lunes 3 de octubre
EL ENGAÑO DE LA SERPIENTE
Lee Génesis 3:1 al 7. ¿Qué criterio utilizó Eva para decidir entre la Palabra de Dios y la de la serpiente? Génesis 3 es uno de los ejemplos más claros de la psicología de la tentación. Dios había advertido a Adán y a Eva que, si comían del fruto prohibido, inexorablemente morirían (Gén. 2:16, 17). Al asumir la forma de una serpiente, Satanás utilizó varias estrategias retóricas para inducir a Eva al pecado. En primer lugar, generalizó la prohibición específica de Dios. Le preguntó: “¿Es verdad que Dios les dijo que no comieran de ningún árbol del jardín?” (Gén. 3:1, NVI). Eva contraargumentó que la prohibición se refería solo a ese árbol específico, porque si alguna vez comían de él o lo tocaban, morirían. Entonces, Satanás contradijo la declaración de Dios. Afirmó categóricamente: “Ciertamente no morirán” (Gén. 3:4, RVA-2015).

Y finalmente, Satanás acusó a Dios de ocultarles deliberadamente a ella y a su esposo información esencial. El engañador argumentó: “Sino que sabe Dios que el día que comáis de él [el fruto prohibido], serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Gén. 3:5). La curiosidad de Eva la llevó al terreno encantado de Satanás. Allí se vio obligada a decidir entre permanecer fiel al mandato restrictivo de Dios o aceptar los seductores encantos de Satanás. Como dudó de la palabra expresa de Dios, utilizó sus propios sentidos, el método empírico, el de la observación personal, para decidir entre las dos declaraciones en conflicto.

En primer lugar, vio que, desde una perspectiva nutricional, “el árbol era bueno para comer”. En segundo lugar, desde un punto de vista estético, vio que “era agradable a los ojos”. En tercer lugar, a partir de un análisis lógico, el árbol era “codiciable para alcanzar la sabiduría”. Por lo tanto, en su mente, sin duda tenía buenas razones para hacer caso a las palabras de la serpiente y comer del árbol prohibido. Desgraciadamente, esto es lo que hizo. Algunos argumentan que todas las formas de conocimiento son válidas, siempre y cuando retengamos “lo bueno” (1 Tes. 5:21). Pero las trágicas experiencias de Adán y de Eva en el Jardín del Edén demuestran que el conocimiento en sí puede ser muy perjudicial. Hay algunas cosas que, de hecho, es mejor que no sepamos. ¿Qué nos enseña este relato sobre lo fácil que es racionalizar y justificar nuestras decisiones pecaminosas?

 

Martes 4 de octubre
“NO MORIRÉIS”
Lee Génesis 3:4. ¿De qué formas diferentes se ha repetido esta mentira a lo largo de los siglos? Una poderosa manifestación de esta mentira se encuentra en la creencia común de la inmortalidad del alma. Esta noción era la base de muchas religiones y filosofías antiguas. En el antiguo Egipto, motivó las prácticas de momificación y la arquitectura funeraria, como se observa en las pirámides.
Esta teoría también se convirtió en uno de los principales pilares de la filosofía griega. Por ejemplo, en La república, de Platón, Sócrates le pregunta a Glaucón: “¿No eres consciente de que nuestra alma es inmortal y nunca perece?” En Fedón, de Platón, Sócrates razona en un tono similar, al decir que “el alma es inmortal e imperecedera, y nuestras almas realmente existirán en el Hades”. Estos conceptos filosóficos dieron forma a gran parte de la cultura occidental e incluso al cristianismo posapostólico. Pero se originaron mucho antes, ya en el Jardín del Edén, con el mismo Satanás. En el punto central de la tentación edénica, Satanás le aseguró a Eva: “Ciertamente no morirán” (Gén. 3:4, RVA-2015). Con esta enfática afirmación, Satanás puso su palabra por encima de la palabra de Dios.

En contraste con la inmortalidad del alma, ¿qué enseñan estos versículos y cómo pueden usarse para contrarrestar esta mentira? Salmo 115:17; Juan 5:28, 29; Salmo 146:4; Mateo 10:28; 1 Corintios 15:51–58. La teoría satánica de la inmortalidad natural del alma ha persistido incluso en nuestro mundo moderno. Los libros, las películas y los programas de televisión han seguido promoviendo la idea de que, cuando morimos, simplemente pasamos a otro estado consciente. ¡Qué lamentable es que este error se proclame también en muchos púlpitos cristianos! Incluso la ciencia se ha entremetido. Hay una fundación, en los Estados Unidos, que intenta crear tecnología que, según afirma, nos permitirá comunicarnos con los muertos, de quienes cree que todavía están vivos pero que existen como PPM, “personas posmateriales”. Con este error tan extendido, no es de extrañar que este engaño desempeñe un papel crucial en los acontecimientos finales de la historia humana. ¿De qué manera se manifiesta esta mentira en tu cultura? ¿Por qué debemos confiar en la Palabra de Dios a pesar de lo que nos digan nuestros sentidos?

 

Miércoles 5 de octubre
CONSECUENCIAS DEL PECADO
Según Génesis 3:7 al 19 y Romanos 5:12, ¿cuáles fueron las principales consecuencias del pecado?
Cautivada por el persuasivo discurso de la serpiente, Eva no previó las graves consecuencias del curso que estaba siguiendo. En sí, el acto de comer del fruto prohibido no era tan significativo como lo que realmente representaba. Con ese acto de desobediencia, Eva puso fin a su lealtad a Dios y comenzó a ser leal a Satanás.
Génesis 3 describe la caída de Adán y de Eva y algunas de sus consecuencias más trágicas. Desde una perspectiva teológica, ambos contrajeron teofobia (tener miedo de Dios) y se escondieron de él (Gén. 3:8). Desde una evaluación psicosocial, se avergonzaron de sí mismos y comenzaron a acusarse mutuamente (Gén. 3:7, 9-13). Desde un punto de vista físico, sudarían, sentirían dolor, y finalmente morirían (Gén. 3:16-19). Y, desde una perspectiva ecológica, el mundo natural se iría degenerado (Gén. 3:17, 18). El Jardín del Edén ya no era el lugar hermoso y agradable que solía ser. “Cuando vieron en la caída de las flores y las hojas los primeros signos de la decadencia, Adán y su compañera se apenaron más profundamente de lo que hoy se apenan los hombres que lloran a sus muertos. La muerte de las delicadas y frágiles flores fue en realidad un motivo de tristeza; pero cuando los bellos árboles dejaron caer sus hojas, la escena les recordó vivamente la dura realidad de que la muerte es el destino de todo lo que tiene vida” (PP 41).

Adán y Eva no murieron inmediatamente, en el sentido de dejar de existir, sino que ese mismo día recibieron su sentencia de muerte. El Señor dijo a Adán: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás” (Gén. 3:19). De hecho, la Caída tuvo trágicas consecuencias para toda la humanidad. El apóstol Pablo explica que, “como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Rom. 5:12).

Lo triste y doloroso es que, así como la humanidad sufrió a lo largo de todas las edades, hoy también sufrimos las consecuencias de lo que sucedió en el Edén. Sin embargo, cuán agradecidos debemos estar porque, gracias a Jesús y a la Cruz, tenemos la esperanza de la vida eterna en un mundo donde el pecado nunca volverá a surgir. ¿Qué lecciones podemos aprender de la trágica experiencia de Eva y de las consecuencias de nuestros actos pecaminosos?

 

Jueves 6 de octubre
LA PRIMERA PROMESA EVANGÉLICA
Lee Génesis 3:15 y 21. ¿Qué esperanza podemos encontrar en estos pasajes para toda la humanidad? Génesis 3 describe la terrible tragedia que invadió el mundo después de la Caída. Todo cambió, y Adán y Eva pudieron ver el contraste entre lo que el mundo había sido y en lo que se había convertido. Pero, en medio de su frustración y desesperación, Dios les dio seguridad para el presente y esperanza para el futuro. En primer lugar, maldijo a la serpiente con una palabra de esperanza mesiánica. Declaró: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Gén. 3:15).

La palabra “enemistad” (hebreo ’evá) implica no solo un conflicto cósmico de larga duración entre el bien y el mal, sino también una repulsión personal al pecado, que ha sido implantada por la gracia de Dios en la mente humana. Por naturaleza, somos seres completamente caídos (Efe. 2:1, 5) y “esclavos del pecado” (Rom. 6:20). Sin embargo, la gracia que Cristo implanta en cada vida humana crea en nosotros enemistad contra Satanás. Y es esta “enemistad”, un regalo divino desde el Edén, lo que nos permite aceptar su gracia salvífica. Sin esta gracia transformadora y ese poder renovador, la humanidad continuaría siendo cautiva de Satanás, una sierva siempre dispuesta a cumplir sus órdenes.

Entonces, Dios utilizó un sacrificio animal para ilustrar esta promesa mesiánica (ver Gén. 3:21). “Cuando Adán, de acuerdo con las indicaciones especiales de Dios, presentó una ofrenda por el pecado, fue para él una ceremonia sumamente penosa. Tuvo que levantar la mano para tomar una vida que solo Dios podía dar, para entregar su ofrenda por el pecado. Por primera vez estuvo en presencia de la muerte. Al contemplar a la víctima sangrante en medio de las contorsiones de su agonía, se lo indujo a observar por fe al Hijo de Dios, a quien esa víctima prefiguraba, y que moriría como sacrificio en favor del hombre” (HR 43). Lee 2 Corintios 5:21 y Hebreos 9:28. ¿Qué enseñan estos textos sobre lo que se reveló por primera vez en el Edén?

Adán y Eva abandonaron el Jardín del Edén sabiendo que finalmente morirían (Gén. 3:19, 22-24). Pero no se marcharon desnudos ni con sus hojas de higuera (Gén. 3:7). Dios mismo les “hizo túnicas de pieles”, y hasta los vistió (Gén. 3:21), un símbolo de su justicia protectora (ver Zac. 3:1–5; Luc. 15:22). Por lo tanto, incluso entonces, desde el mismo comienzo, en el mismo Edén, el evangelio le fue revelado a la humanidad.

 

Viernes 7 de octubre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee Elena de White, El conflicto de los siglos, “La tentación y la Caída”, pp. 31-43, “El plan de la redención”, pp. 43-51; La educación, “El conocimiento del bien y del mal”, pp. 23-26. En años recientes, se han realizado estudios sobre lo que se denomina experiencias cercanas a la muerte (ECM). Resulta que la gente “muere por cuanto su corazón deja de latir y deja de respirar. Sin embargo, luego vuelve a la vida, pero con historias fantásticas de haber flotado en otro plano de existencia y encontrarse con un ser de luz. Algunos, incluso, hablan de encuentros con parientes fallecidos hace ya mucho tiempo. Muchas personas, incluso cristianas, que no comprenden la verdad sobre la muerte, creen que estas historias son una prueba más de la inmortalidad del alma. Sin embargo (y esta debería ser la advertencia más clara de que algo anda mal), la mayoría de los que tienen estas experiencias afirman que los seres espirituales que conocieron durante las ECM les dieron palabras reconfortantes, declaraciones agradables sobre el amor, la paz y la bondad; pero no escuchan nada sobre la salvación en Cristo, nada sobre el pecado y nada sobre el Juicio. Mientras “probaban el más allá” cristiano, ¿no deberían haber recibido al menos una pizca de las enseñanzas cristianas más básicas? Sin embargo, lo que se les enseña suena principalmente a dogma de la Nueva Era, lo que podría explicar por qué, en muchos casos, salen menos inclinados al cristianismo de lo que estaban antes de haber “muerto”. Además, ¿por qué ninguno de los cristianos, convencidos de que sus ECM eran un anticipo del cielo cristiano, recibió ninguna teología cristiana mientras estuvo allí, pero sí una gran dosis de sentimentalismo de la Nueva Era? La respuesta es que los engañó el mismo que engañó a Eva en el Edén, y también con la misma mentira. (Ver la lección 11.)

 

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. La experiencia de Adán y de Eva, ¿cómo demuestra que el perdón de Dios no necesariamente revierte todas las consecuencias del pecado? ¿Por qué siempre debemos recordar esta verdad tan importante?
  2. El árbol del conocimiento del bien y del mal era el “terreno encantado” del enemigo para Adán y Eva. ¿Cuáles son algunos “terrenos encantados” en los que podríamos sentirnos tentados a entrar?
  3. Satanás está tratando de inducir al pueblo de Dios a creer que “los requerimientos de Cristo son menos estrictos de lo que una vez creyeron, y que asemejándose al mundo podrán ejercer más influencia sobre los mundanos” (TM 485). ¿Qué debemos hacer para no caer en esta trampa sutil?
Radio Adventista
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