Jonathan Gallagher Lección 9. “Tiempo de perder” 2do Trimestre del 2019

Leccion 9. Tiempo de perder (2T 2019—Las etapas familiares)

Textos bíblicos: Marcos 5:22–24, 35–43; 1 Pedro 5:6, 7; Génesis 37:17–28; Lucas 16:13;
Romanos 6:16; 1 Corintios 15:26; Filipenses. 3:8.

Citas
● Aunque el mundo está lleno de sufrimiento, también está lleno de superación. Helen Keller
● Las víctimas de violación deben llevar sus recuerdos con ellos por el resto de sus vidas. No deben llevar también llevar la carga del silencio y la vergüenza. Nancy Venable Raine
● Hay momentos en los que uno no puede llorar, ni hablar, ni orar. Solo puede quedarse allí, callado ante Dios. Belle Kearney
● Me opongo a la violencia porque cuando parece hacer el bien, solo es temporal; pero el mal que hace es permanente. Gandhi
● El amor es la única fuerza capaz de convertir a un enemigo en un amigo. Martin Luther King, Jr.
● Este es el camino de la paz: Vence el mal con el bien; la falsedad con la verdad y el odio con amor. Peace Pilgrim

Para debatir
¿Cómo lidiamos con el corazón roto? ¿Cómo podemos realmente ayudarle a sanar? Si bien en teoría podemos aceptar la responsabilidad de ayudarnos unos a otros en tiempos de pérdida, ¿cómo hacemos esto en la práctica? ¿Tenemos algo que decir sobre la violación y el abuso? ¿Cómo pueden nuestras acciones coincidir con nuestras palabras? ¿Qué dice todo esto sobre el tipo de Dios en el que creemos?

Resumen bíblico
Marcos 5: 22–24 y 35-43 narra la historia de Jesús sanando a la hija de Jairo. En 1 Pedro 5: 6, 7 se nos dice que llevemos nuestras preocupaciones a Jesús, porque él se preocupa por nosotros. Gen. 37: 17–28 es la historia de la traición de José por sus hermanos. En Lucas 16:13, Jesús nos recuerda que no podemos servir a dos maestros. Somos esclavos de lo que elegimos obedecer (Rom. 6:16). Jesús conquista a todos los enemigos (1 Co. 15:26). Todo lo demás no es nada comparado con conocer a Jesús (Fil. 3: 8).

Comentario
Todas las familias experimentan momentos de tragedia y pérdida. Por mucho que lo intentemos, no podemos evitar todos los problemas de esta vida. ¿A qué se dedicaba Jesús la mayor parte de su ministerio? No se dedicaba a predicar. Ni siquiera a enseñar. Tampoco a hacer milagros sorprendentes como la alimentación de los 5.000. Sino a hacer milagros de curación verdaderamente significativos. ¿Qué nos dice eso? ¿Para qué dijo Jesús que vino? Para mostrarnos al Padre. Y al realizar tantos milagros de sanación, ¿qué nos dice eso acerca de nuestro amoroso Padre celestial? Que quiere curarnos. Él quiere sanarnos. Quiere restaurarnos a la salud perfecta. Cuando dice: “Yo soy el Señor que te sana”, ¿Cuál es su propósito? La salvación. Tenemos una vieja palabra inglesa que es bastante similar. Ungüento. Como dice Jesús en Apocalipsis, estamos destinados a ponernos un poco de colirio. ¿Para qué? Para curar nuestra ceguera espiritual, para que podamos ver. Para sanar nuestros ojos.Para que podamos ver.
Entonces, ¿qué es la salvación? La salvación se trata de sanación. No se trata de estar legalmente justificados ante Dios. La salvación de Cristo es el proceso de sanación, que comienza con nuestra conversión y dura hasta que nos encontremos cara a cara con el Señor. Es muy importante darnos cuenta de esto. Dios no está contando y revisando los pecados, estén perdonados o no. Él está tratando de ser como un doctor amable y amoroso, tratando de curarnos de una enfermedad mortal.
Una y otra vez Jesús vuelve a enfatizar este punto. ¿Cómo anunció Jesús su ministerio? Lucas 4:18 (una cita de Is. 61: 1, 2, que muestra que el Dios del Antiguo Testamento está interesado en la sanación): “El Espíritu del Señor está sobre mí… y me ha enviado a curar al corazón quebrantado” ¡Qué promesa! Qué clara demostración de lo que quería hacer por las personas oprimidas, quebrantadas y espiritualmente enfermas que lo rodeaban. ¡Y qué promesa para nosotros también! Jesús no solo quiere limpiar nuestra cuenta bancaria del sobregiro de pecado. Él quiere liberarnos de la enfermedad del pecado. Esa es la verdadera salvación, porque al final, seremos sanado completamente, y la enfermedad del pecado desaparecerá; y ni siquiera querremos pecar más.
Dios siempre ha sido así. Él siempre ha sido “el Señor que nos sana.” Él promete en Jer. 3:22 y Oseas 14: 4: “sanaré sus rebeliones” dice en Sal. 147: 3 que “sana a los quebrantados de corazón.” Imagina que estás enfermo. Tal vez ni siquiera lo sepas. Pero el médico diagnostica algún problema importante. ¿Lo ignoras y esperas que se vaya? ¿Pretendes que nada está mal? ¿O acudes a la única persona que puede tratarte y sanarte de nuevo? Obvio, ¿no es así? Incluso nuestros hijos pueden pensarlo. Sin embargo, cuando se trata de nuestra enfermedad espiritual, debemos escuchar a nuestros hijos. Saben más que nosotros, porque a menudo nos alejamos del Dios que promete sanarnos. ¿De quién es la culpa si nos negamos a admitir que algo está mal? ¿O si no seguimos la prescripción? ¿O si en secreto nos deshacemos de las pastillas? ¿O si rechazamos el permiso para una operación que salva vidas? Necesitamos tomar en serio el consejo de Santiago 5:16: “oren unos por otros para que recibir sanidad.” Recordemos que este es el verdadero significado de la salvación. Y debemos seguir el ejemplo del Señor para no herir ni propagar la enfermedad del pecado, sino
para amarnos y cuidarnos unos a otros.
Estas no son palabras piadosas, son la verdad absoluta. Nosotros también debemos sanar a los quebrantados y descarriados, a los ciegos de espíritu y a los cojos en el camino cristiano. Recuerda al Dios que servimos, el Señor que nos sana. Y que haya verdadera sanación espiritual en nuestras iglesias, en nuestras vidas y en nuestros corazones enfermos de pecado.

Comentarios de Elena de White
Los ministros cristianos, los médicos, los maestros, tienen un trabajo más amplio del que muchos han reconocido. No son solo para ministrar a la gente, sino para enseñarles a ministrar. No solo deben dar instrucciones sobre los principios correctos, sino también educar a sus oyentes para que impartan estos principios. La verdad que no se vive, que no se imparte, pierde su poder vivificante, su virtud sanadora. Su bendición puede ser retenida solo cuando es compartida. {Christian Ministers, Physicians, Teachers, p. 17.4} Y llegada la plenitud del tiempo, la Divinidad se glorificó derramando sobre el mundo tal efusión de gracia sanadora, que no se interrumpiría hasta que se cumpliese el plan de salvación. {El Deseado de Todas las Gentes, p. 28}

Preparado y escrito por: © Jonathan Gallagher 2019
Traducción: Shelly Barrios De Ávila.

Radio Adventista
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