Jonathan Gallagher Lección 12. “El Redentor de Job” (4T 2016—El libro de Job)

El Redentor de Job (4T 2016—El libro de Job)

Textos bíblicos: Job 19:25–27; Juan 1:1–14; Job 10:4, 5; Lucas 2:11; Gálatas 4:19;
Lucas 9:22; Isaías 53:1–6.

Citas
• ¿Qué es la fe, sino una especie de apuestas o especulación, después de todo? Debe ser, ‘apuesto a que mi Redentor vive.’ Samuel Butler
• El Jesús que conozco como mi Redentor no puede ser inferior a Dios. Atanasio
• El énfasis de la Biblia se encuentra en la obra del Redentor, no en la obra de los redimidos. Tullian Tchividjian
• Dios vive. Sé que Él vive. Sé que Jesús es el Cristo y el Redentor del mundo. Ezra Taft Benson
• Si los cristianos nos quieren hacer creer en un Redentor, que actúen como redimidos. Voltaire
• La profundidad del cristianismo es que Cristo es tanto nuestro Redentor como nuestro juez. No que uno sea nuestro redentor y otro nuestro juez, porque entonces ciertamente estaríamos bajo el juicio. Pero el Redentor y el juez son los mismos. Søren Kierkegaard

Para debatir
¿Cómo podemos entender el significado de la redención y a Dios como nuestro Redentor? ¿De qué manera la confianza de Job en Dios ilustra el tipo de confianza que podemos tener en nuestro Dios fiel? Aunque Job todavía tenía muchas preguntas, y seguramente estaba preocupado por su sufrimiento y su aparente indiferencia de Dios,
todavía él confiaba en Dios. ¿Qué nos muestra esto?

Resumen bíblico
“Pero yo sé que mi Redentor vive, y que al fin se levantará sobre el polvo, y que después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios. Lo veré por mí mismo; mis ojos lo verán, no los de otro. Pero ahora mi corazón se consume dentro de mí.” Job 19:25–27 FBV. Aquí vemos a Job confirmando su compromiso con Dios como su
Redentor, a pesar de todos sus sufrimientos. Juan 1: 1-14 describe cómo llegó este Redentor como la Palabra hecha carne, Jesucristo. El Salvador ha nacido en Belén (Lucas 2:11). Job reconoce la gran diferencia entre Dios y los seres humanos en 10: 4, 5. Nosotros hemos sido redimidos por Cristo siendo formado en nosotros (Gal 4:19). Jesús
predice su sufrimiento, muerte y resurrección en Lucas 9:22, mientras que el “siervo sufriente” está profetizado en Isa. 53: 1-6.

Comentario
El concepto clave aquí es la confianza duradera de Job en Dios como su Redentor a pesar de su dolor y las dificultades. Estamos hablando de la fuerza espiritual con el paso del tiempo, una consistencia de actitud y de enfoque que no está sujeta a los caprichos emocionales. Sin embargo, esto no viene de nosotros mismos. Viene de Dios en la medida que ponemos nuestra confianza en él, como lo hizo Job.
Tener confianza en Dios nos da la fuerza para vivir, y la fuerza para compartir las gloriosas buenas nuevas. Confiar en Dios como la fuente de la resiliencia es lo que nos da la seguridad y la convicción. A través de nosotros, Dios da a los demás la esperanza de vivir un presente y un futuro prometido por Dios. Esta es la motivación que nos
proporciona la confianza en Dios, y así la fuerza se renueva en nosotros.
Por eso es importante poner nuestra confianza en el Señor. Él es la única fuente de fuerza espiritual, porque en nosotros no está. El fundamento de nuestra esperanza está en Dios y su eterna majestad y poder, expresado en la humildad y el amor de Cristo. Así que debemos tener la mente de Cristo (véase 1 Corintios 2:16). Si nuestra confianza en el poder capacitador de Dios se desvanece, tenemos que volver a la Biblia y estudiar de nuevo las promesas de “esperanza,” y orar por un fortalecimiento en el poder de Dios. La confianza recuperada trae gloria brillante para el
mensaje, y restaura la motivación. La clave: redescubrir nuestra confianza en Dios, y compartirla con quienes nos rodean.
Así es, entonces, como transmitimos confianza en nuestro amoroso Señor. Y es esto lo que deberíamos estar celebrando, no nuestra propia fuerza. No es de nosotros, sino del Eterno Dios. Como resultado: “Mantenemos nuestra confianza y la esperanza que nos enorgullece.” Hebreos 3: 6 NVI. Si bien la forma en que nos expresamos difiere con cada uno de nosotros, el corazón del mensaje sigue siendo el mismo. Nuestra audacia y valor se encuentran en nuestra convicción de la realidad y de la verdad acerca de Dios. Nuestra gloria no está en nosotros mismos, sino en el Dios que predicamos y enseñamos, el Dios de ese futuro emocionante junto a él que hace una gran diferencia en la manera en que vivimos el presente.
Necesitamos crecer en la gracia de Dios, confiando y estando seguros en él mientras nos transformamos a su imagen y adquirimos su carácter inigualable. Nótese, sin embargo lo que se explica como una manera digna de la vocación: completamente humildes, gentiles, pacientes, tolerantes unos con otros en amor. A veces tenemos la idea
de que Dios nos llama a lograr alguna tarea de gran magnitud o abrumadora. Por el contrario, lo que Dios está buscando está en el interior, las actitudes que se reflejan la forma en que tratamos a los demás.
La fuente de nuestra fuerza es Dios. Llegamos a ser resistentes al confiar en él: “Los que esperan en el Señor tendrán nuevas fuerzas. Levantarán sus alas como las águilas; correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán.” Isaías 40:30, 31 NVI. La esperanza en el Señor es nuestra fuente de fortaleza espiritual. Esta confianza en Dios
significa renovación, una revitalización de suministro de energía espiritual. Volar como las águilas, correr sin cansarse, caminar y no agotarnos: nos recargamos espiritualmente al confiar en el Señor.

Comentarios de Elena de White
No descanse hasta poder decir en verdad: “Mi Redentor vive, y puesto que él vive, yo también viviré”. Si pierde el Cielo, lo pierde todo. Si obtiene el Cielo, lo logra todo. No se equivoque en esto, se lo ruego. Hay implícitos intereses eternos. Hágalo todo cabalmente. {Maranata, el Señor Viene, p. 14} El corazón que se rinde a la sabia disciplina de Dios, va a confiar en todas las obras de Su providencia. . . . La tentación vendrá para desalentar, pero ¿qué se gana al
ceder a cualquiera de tales tentaciones? ¿Le hace al alma algún bien murmurar y quejarse de su única fuente de fortaleza? ¿Se lanza el ancla dentro de la vela? ¿Se mantendrá ante la enfermedad? ¿Transmitiremos el testimonio aun en las últimas escenas de la vida, cuando los labios palidecen por la muerte? ¡El ancla permanece! Yo sé que mi Redentor vive. {OFC 283.2} ¿Será que no quiere o no puede restaurar en nosotros la imagen divina? Tengamos
fe en él. Ahora mismo pongámonos en una situación en la que podamos recibir el Espíritu que él nos ofrece. De este modo podremos dar a conocer al mundo lo que hace la verdadera religión en favor del hombre y de la mujer. El gozo de la salvación llenará los corazones, y la paz y la confianza nos hará decir: “Yo sé que mi Redentor vive”. Job 19:25. {Recibiréis poder, p. 74}

Preparado y escrito por: © Jonathan Gallagher 2016.
Traducción: Shelly Barrios De Ávila

escuela sabatica jonathan gallagher

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