Escuela Sabatica Universitaria. Leccion 6 “Crecer en Cristo” Sabado 9 de Agosto 2014


Por Omar Velázquez
Los cultos de adoración de los sábados siempre deberían ser una experiencia de celebración espiritual, donde las notas tónicas de la alabanza, gratitud, predicación y compromiso, alcancen a cada adorador. Sin embargo, tristemente es cierto que en muchas iglesias, el servicio de adoración contribuye muy poco al crecimiento espiritual de los asistentes. Permítame compartir algunas citas de varios autores sobre el beneficio espiritual que en los cultos de adoración se deben encontrar. Además, presentaré algunas ideas que pueden ser claves para lograr que un servicio de adoración nutra espiritualmente a los presentes.

En las Creencias de los Adventistas del Séptimo Día se afirma: “Sin la adoración corporativa, perdemos la identidad y el escenario de nuestra comunión, y es en esta comunión y la relación interpersonal con otros que maduramos y crecemos”.[1] En esta declaración se reconoce que el culto de adoración contribuye a mantener la identidad como iglesia y a la comunión entre los asistentes, de tal manera que se logre madurar y crecer en la vida espiritual.

Además, la Iglesia Adventista del Séptimo Día considera a Elena G. de White como una mensajera del Señor, cuyos escritos proveen a la iglesia de consuelo, dirección, instrucción y corrección.[2] Ella escribió lo siguiente en relación a la importancia del culto de adoración: “Para el alma humilde y creyente, la casa de Dios en la tierra es la puerta del cielo. El canto de alabanza, la oración, las palabras pronunciadas por los representantes de Cristo, son los agentes designados por Dios para preparar un pueblo para la iglesia celestial, para aquel culto más sublime, en el que no podrá entrar nada que corrompa”.[3] En otras palabras, ella señala que la experiencia que viva el adorador en el culto de adoración debe ofrecerle la oportunidad de respirar, de manera anticipada, de la atmósfera celestial donde participará en dar alabanza, honra y gloria al Cordero.[4] Por esta razón, una experiencia de adoración en esta tierra debe ser de tal impacto en su vida espiritual que le ayude a crecer en su relación con Cristo.

Otros autores también señalan la importancia del culto de adoración para el crecimiento espiritual en Cristo. Por ejemplo, Ernest B. Gentile afirma: “¡Una iglesia respira a través de su sistema de adoración! La vitalidad de una iglesia local se relaciona directamente con su devoción. El pueblo de Dios florece a través de una adoración significativa, lo que a su vez produce personas espirituales”.[5] En otras palabras, él sostiene que así como un organismo necesita respirar para vivir, el cuerpo de Cristo, que lo constituyen los creyentes, necesita de una experiencia de adoración que sea nutriente para producir una vida espiritual. Porque, de acuerdo con este autor, hay una relación muy estrecha entre una experiencia de adoración y la espiritualidad de una iglesia.

Por su parte, Anderson y Towns sostienen que cuando las iglesias adoran verdaderamente a Dios, entonces experimentan un verdadero avivamiento.[6] Para estos autores el avivamiento espiritual de una iglesia debe empezar con una significativa experiencia de adoración a Dios. Ellos reconocen que esos momentos de culto corporativo constituyen un factor clave para que los adoradores puedan crecer en Cristo y a la vez son determinantes para propiciar el despertar espiritual.

Elementos del culto que contribuyen a crecer en Cristo

Para que un culto de adoración realmente contribuya al crecimiento espiritual de los asistentes deben considerarse algunos elementos del mismo que son vitales para ese propósito. A continuación se describen algunos de ellos.

Un ambiente teocéntrico. Cuando Salomón dedicó el templo a Dios, oró pidiendo que la presencia de Jehová estuviera en ese lugar de noche y de día.[7] El pidió que el Señor escuchara los ruegos de todos los que le buscaran allí para que todos reconocieran su nombre y le temieran.[8] De la misma manera, los que se reúnen en un templo para adorar deben reconocer que la presencia de Dios en ese lugar es una realidad. Esa misma sensación deben experimentar todos los invitados a adorar a Dios en ese lugar. Si se logra mantener un ambiente donde la presencia de Dios se perciba y destaque, sin duda alguna, eso ayudará significativamente para que los asistentes tengan un encuentro con Dios y como consecuencia puedan crecer en Cristo.

Un ambiente social cristocéntrico. Si bien es cierto que los que asisten a los centros de adoración corporativa deben buscar a Dios en primer lugar, también en cierto que el ambiente social que encuentren allí puede contribuir o no, a su crecimiento espiritual. Cuando se asiste a un culto de adoración, no se puede evitar recibir el impacto del ambiente social de esa reunión. Porque al asistir a un templo para adorar, esa experiencia espiritual se da en un ambiente social.

En los cultos de adoración convergen personas de diferentes edades, intereses y necesidades. En esas circunstancias, es vital que la nota tónica, de toda conversación, antes, durante y después del culto, sea el Señor y su maravillosa obra a favor de sus hijos. Cuando esto es una realidad, sin duda alguna, ese tipo de pláticas favorecen el desarrollo espiritual de los adoradores. Por otro lado, es triste reconocer que, aún en la casa de Dios, es muy fácil dejar al Señor fuera de la conversación. Y cuando esto ocurre, es cuando el ambiente social puede evitar que la adoración contribuya al crecimiento en Cristo de los asistentes.

El canto congregacional. Otro elemento que se debe promover y cuidar en todo culto de adoración es el canto congregacional. El apóstol Pablo recomendó el canto espiritual. Él exhortó a los cristianos de Éfeso y de Colosas a cantar alabanzas al Señor y con gracia en los corazones.[9] Además indicó a los corintios que al cantar se debe hacerlo con entendimiento.[10]

Por su parte, Elena de White menciona que el canto tiene un poder maravilloso. Ella dice que “pocos medios son más eficaces para grabar sus palabras en la memoria, que el repetirlas en el canto”.[11] El canto congregacional ayuda a grabar en la mente las grandes verdades del evangelio. Por esta razón didáctica, en todo culto de adoración se deben promover los cantos congregacionales que tengan mensajes que exalten a Dios y recuerden sus promesas para sus hijos.

La predicación. El apóstol Pablo reconoció que mediante la predicación Dios quiere salvar a la raza humana.[12] Por esta razón, el tema de su predicación fue Cristo crucificado como Salvador del mundo.[13] Además animó a Timoteo, con gran solemnidad, a predicar la Palabra.[14] Sin duda alguna, porque él también reconocía que ellas dan testimonio de Jesús.[15]

Cuando las Escrituras se presentan como la base de la predicación y la obra de Jesús como su tema dominante, el mismo Espíritu Santo que la inspiró obra con poder para liberar al hombre del pecado. En relación con esto, Gustaf Wingren, catedrático luterano de teología de la Universidad de Lund, considera que los seres humanos son esclavos del pecado, de la culpa y la muerte, y ve a la predicación como el medio de liberación para ellos. Él afirma: “La palabra del predicador es un ataque a la prisión en que se mantiene el hombre”.[16] Ella abre la prisión y lo libera. Sobre todo cuando el verdadero Libertador de los pecadores se presenta a la congregación.

De acuerdo con el mismo Wingren, “es la predicación la que provee los pies sobre los que Cristo camina al acercarse a nosotros y alcanzarnos”.[17] Además, añade: “La predicación no es una charla acerca de un Cristo del pasado, sino la voz por la que el Cristo del presente nos ofrece vida hoy”.[18]

La preparación de un culto de adoración debe ser considerada como uno de los deberes básicos de los pastores y los ancianos de la iglesia. Elena White advierte que “nada de lo que es sagrado, nada de lo que pertenece al culto de Dios, debe ser tratado con descuido e indiferencia”.[19] Por lo tanto, la preparación de un culto de adoración debe ser considerada como uno de los deberes básicos de los pastores y los ancianos de la iglesia. Es cierto, eso representa mucho trabajo, pero cuando se hace con dedicación, entonces el culto de adoración se puede convertir en un escenario propicio para crecer en Cristo.

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