Lección 7 Edicion Adultos: “Cómo vencer el pecado” Para el 18 de noviembre de 2017

Cuarto trimestre (octubre-diciembre) de 2017

“Cómo vencer el pecado”

Lección 7: – Para el 18 de noviembre de 2017

 

Sábado 11 de noviembre

Lee Para el Estudio de esta Semana: Rom. 6; 1 Juan 1:8–2:1.

Para Memorizar: “El pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia” (Rom. 6:14).

Si las obras no pueden salvarnos, ¿por qué preocuparse por ellas? ¿Por qué no seguir pecando?

El capítulo 6 es la respuesta de Pablo a esta importante pregunta. Pablo aquí se ocupa de lo que comúnmente se entiende como “santificación”, el proceso por el que vencemos el pecado y reflejamos cada vez más el carácter de Cristo. La palabra santificación aparece solo dos veces en Romanos. Se encuentra en Romanos 6:19 y 22 como la palabra griega hagiasmos, que significa santificación. En la NVI aparece en estos dos versículos como la palabra “santidad”.

En la Biblia, “santificar” significa “dedicar”, generalmente a Dios. Por lo tanto, ser santificado a menudo se presenta como un acto pasado culminado. Por ejemplo, “con todos los santificados” (Hech. 20:32). Los santificados en esta definición son los que están dedicados a Dios.

Pero este uso bíblico de “santificar” de ninguna manera niega la importante doctrina de la santificación o el hecho de que la santificación es la obra de toda una vida. La Biblia apoya firmemente esta doctrina, pero generalmente usa otros términos para describirla.

Esta semana veremos otro aspecto de la salvación por la fe, que fácilmente puede malinterpretarse: las promesas de victoria sobre el pecado en la vida de alguien que es salvado por Jesús.

 

Domingo 12 de noviembre:

Cuando el pecado abundó

En Romanos 5:20, Pablo hace una declaración poderosa: “Mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia”. Su razonamiento es que no importa cuánto pecado hay o cuán terrible sea el resultado del pecado, la gracia de Dios es suficiente para remediarlo. ¡Qué esperanza debiera darnos a todos, especialmente cuando nos vemos tentados a creer que nuestros pecados son demasiado grandes como para ser perdonados! En Romanos 5:21, Pablo muestra que aunque el pecado llevó a la muerte, la gracia de Dios mediante Jesús ha derrotado a la muerte y puede darnos vida eterna.

Lee Romanos 6:1. ¿Qué lógica aborda Pablo, y cómo responde a esa clase de pensamiento en Romanos 6:2 al 11?

Pablo sigue una interesante línea de argumentación en el capítulo 6 acerca de por qué una persona justificada no debiera pecar. En primer lugar, dice que no debemos pecar porque hemos muerto al pecado. Luego explica lo que quiere decir.

La inmersión en las aguas del bautismo representa el entierro. ¿Qué se entierra? El “viejo hombre” de pecado, es decir, el cuerpo que comete pecado, el cuerpo dominado o gobernado por el pecado. Como resultado, se destruye este “cuerpo de pecado”, por lo que ya no servimos al pecado. En Romanos 6 se personifica al pecado como un amo que somete a sus siervos. Una vez que se destruye el “cuerpo de pecado” que sirvió al pecado, cesa el dominio del pecado sobre él. El que sube de la tumba líquida emerge como una nueva persona que ya no sirve al pecado. Ahora anda en vida nueva.

Cristo, cuando murió, murió una vez y para siempre, pero ahora está vivo para siempre. Por lo tanto, el cristiano que se bautiza ha muerto al pecado de una vez por todas y nunca más debiera volver a estar bajo su dominio. Por supuesto, como todo cristiano bautizado sabe, el pecado no desaparece automáticamente de nuestra vida una vez que salimos del agua. No estar gobernado por el pecado no es lo mismo que no tener que luchar contra él.

“Con esto vemos claramente lo que significan las palabras del apóstol. Las declaraciones como: 1. ‘Hemos muerto al pecado’, 2. ‘Consideraos […] vivos para Dios’, etc., significan que no cedemos a nuestras pasiones pecaminosas ni al pecado, aunque el pecado continúe en nosotros. Sin embargo, el pecado permanece en nosotros hasta el final de nuestra vida, como leemos en Gálatas 5:17: ‘El deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí’. Por lo tanto, todos los apóstoles y los santos confiesan que el pecado y las pasiones pecaminosas permanecen en nosotros hasta que el cuerpo se vuelva cenizas, y resucite un nuevo cuerpo (glorificado) que esté libre de pasión y pecado”.-M. Lutero, Commentary on Romans, p. 100.

 

Lunes 13 de noviembre:

Cuando el pecado reina

¿Qué amonestación se nos da en Romanos 6:12?

La palabra reinar muestra que aquí “pecado” es presentado como un rey. La palabra griega traducida como “reinar” significa literalmente “ser un rey” o “funcionar como rey”. El pecado está demasiado dispuesto a asumir el reinado de nuestro cuerpo mortal y a determinar nuestro comportamiento.

Cuando Pablo dice “no reine […] el pecado”, sugiere que el justificado puede optar por impedir que el pecado se erija como rey en su vida. Aquí es donde entra en acción la voluntad.

“Lo que necesitas entender es la verdadera fuerza de la voluntad. Este es el poder que gobierna en la naturaleza del hombre: el poder de decidir o de elegir. Todo depende de la correcta acción de la voluntad. Dios ha dado a los hombres el poder de elegir; depende de ellos el ejercerlo. Tú no puedes cambiar tu corazón, tú no puedes por ti mismo dar sus afectos a Dios; pero puedes elegir servirlo. Puedes darle tu voluntad; entonces él obrará en ti tanto el querer como el hacer de acuerdo con su voluntad. De este modo tu naturaleza entera será puesta bajo el dominio del Espíritu de Cristo; tus afectos se centrarán en él y tus pensamientos estarán en armonía con él” (CC 47).La palabra griega en Romanos 6:12 traducida como “concupiscencias” significa “deseos”. Estos deseos pueden ser tanto de cosas buenas como de cosas malas; cuando reina el pecado, nos hará desear lo malo. Los deseos serán fuertes, incluso irresistibles si luchamos contra ellos por nuestra cuenta. El pecado puede ser un tirano cruel que nunca está satisfecho sino que siempre regresa por más. Solo mediante la fe, solo al reclamar las promesas de la victoria, podemos derrocar a este amo implacable.

La palabra pues en Romanos 6:12 es importante. Hace referencia a lo que se ha dicho antes, específicamente a lo que se ha dicho en Romanos 6:10 y 11. El bautizado “para Dios vive” ahora. Es decir, Dios es el centro de su nueva vida. La persona sirve a Dios, haciendo lo que le agrada a Dios y, por lo tanto, no puede servir al pecado al mismo tiempo. Está “vivo para Dios en Cristo Jesús”.

Repasa la cita de Elena G. White en el estudio de hoy. Observa lo crucial que es el concepto del libre albedrío. Como criaturas morales debemos tener libre albedrío: el poder de elegir entre el bien y el mal, Cristo o el mundo. Durante las próximas 24 horas, trata hacer un seguimiento consciente de cómo utilizas este libre albedrío moral. ¿Qué puedes aprender de tu uso, o abuso, de este don sagrado?

 

Martes 14 de noviembre:

No bajo la ley sino bajo la gracia

Lee Romanos 6:14. ¿Cómo debemos entender este versículo? ¿Significa que los Diez Mandamientos ya no son obligatorios para nosotros? Si ya no lo son, ¿por qué?

Romanos 6:14 es una de las declaraciones clave del libro de Romanos. Y a menudo escuchamos que la citan en el contexto de alguien que nos dice a los adventistas que el día de reposo sabático ha sido abrogado.

Sin embargo, eso obviamente no es lo que significa el versículo. Como dijimos anteriormente, ¿cómo es que se podría eliminar la ley moral y que el pecado siga siendo una realidad? ¡Porque la ley moral es lo que define el pecado! Si leyeras todo lo dicho anteriormente en Romanos, incluso solo en el capítulo 6, sería difícil ver que, en medio de toda este análisis sobre la realidad del pecado, Pablo dijese de repente: “La ley moral (los Diez Mandamientos, que definen el pecado) ha sido abolida”. Eso no tiene ningún sentido.

Pablo les está diciendo a los romanos que quien vive “bajo la ley” (es decir, bajo la economía judía tal como se practicaba en su época con todas sus normas y reglamentos hechos por el hombre) estará gobernado por el pecado. En contraste, la persona que vive bajo la gracia obtendrá la victoria sobre el pecado, porque la ley está escrita en su corazón y el espíritu de Dios puede guiar sus pasos. Aceptar a Jesucristo como el Mesías, ser justificado por él, bautizarse en su muerte, destruir al “viejo hombre”, resucitar para “andar en vida nueva”: estas son las cosas que destronarán al pecado de nuestra vida. Recuerda, todo esto es el contexto en el que aparece Romanos 6:14, el contexto de la promesa de la victoria sobre el pecado.

No debiéramos definir la frase “bajo la ley” en forma demasiado restrictiva. La persona que supuestamente vive “bajo la gracia” pero desobedece la ley de Dios no hallará gracia sino condenación. “Bajo la gracia” significa que mediante la gracia de Dios según la revelación de Jesús, se ha eliminado la condenación que la ley inevitablemente acarrea sobre los pecadores. Por ende, ahora libres de esta condenación de muerte causada por la ley, “andamos en vida nueva”, una vida que se caracteriza y se manifiesta por el hecho de que, al morir al yo, ya no somos esclavos del pecado.

¿Cómo has experimentado la realidad de una nueva vida en Cristo? ¿Qué evidencia tangible puedes señalar que revele lo que Cristo ha hecho en ti? ¿De qué aspectos te niegas a desprenderte, y por qué debieras deshacerte de ellos?

 

Miércoles 15 de noviembre:

¿Pecado u obediencia?

Lee Romanos 6:16. ¿Qué está planteando Pablo? ¿Por qué su argumento es tan blanco y negro? Es lo uno o lo otro, sin ningún término medio. ¿Qué lección debiéramos obtener de este contraste tan claro?

Pablo vuelve a enfatizar que la nueva vida de fe no garantiza que estemos libres de pecado. La vida de fe hace posible la victoria sobre el pecado; de hecho, solo a través de la fe podemos tener la victoria que se nos promete.

Luego de personificar al pecado como un rey que somete a sus súbditos, Pablo ahora vuelve a la figura del pecado como un amo que exige la obediencia de sus siervos. Pablo señala que una persona tiene la opción de escoger a su señor. Puede servir al pecado, que lleva a la muerte, o puede servir a la justicia, que conduce a la vida eterna. Para Pablo no hay un término medio, ni deja espacio para avenencias. Es una cosa o la otra porque al final nos enfrentamos a la vida eterna o a la muerte eterna.

Lee Romanos 6:17. ¿Cómo amplía Pablo lo que dijo en Romanos 6:16?

Es interesante observar que la obediencia está ligada a la doctrina correcta. La palabra griega para “doctrina” aquí significa “enseñanza”. A los cristianos romanos se les habían impartido los principios de la fe cristiana que ahora obedecían. Por eso, para Pablo, la doctrina correcta, la enseñanza correcta, cuando la obedecieron “de corazón”, ayudó a los romanos a convertirse en “siervos de la justicia” (Rom. 6:18). A veces oímos decir que la doctrina no importa, siempre y cuando mostremos amor. Esa es una expresión muy simplista de algo que no es tan sencillo. Como se dijo en una lección anterior, Pablo estaba muy preocupado por la falsa doctrina a la que la iglesia de Galacia había sucumbido. Por consiguiente, debemos ser cuidadosos con las declaraciones que de algún modo denigran la importancia de la enseñanza correcta.

Siervos del pecado, siervos de la justicia: el contraste es muy marcado. Si después del bautismo pecamos, ¿significa que no somos verdaderamente salvos? Lee 1 Juan 1:8 a 2:1. ¿Cuánto nos ayuda este pasaje a entender lo que significa ser seguidor de Cristo y aún así estar sujeto a caer?

 

Jueves 16 de noviembre:

Libres de pecado

Teniendo en cuenta lo que hemos estudiado hasta ahora en Romanos 6, lee Romanos 6:19 al 23. Resume en las siguientes líneas la esencia de lo que Pablo está diciendo. Más aún, pregúntate cómo puedes hacer realidad en tu vida las verdades esenciales que aborda Pablo. Pregúntate qué cuestiones están en juego.

Estas palabras de Pablo muestran que comprende plenamente la naturaleza caída de la humanidad. Él habla de “ vuestra humana debilidad”. Él sabe de lo que es capaz la naturaleza humana cuando queda librada a su suerte. Por eso nuevamente hace un llamado al poder de decisión: el poder que tenemos de elegir entregar nuestra carne débil y de entregarnos a nosotros mismos a un nuevo amo, Jesús, que nos permitirá vivir una vida justa.

A menudo se cita Romanos 6:23 para mostrar que el castigo por el pecado, es decir, la transgresión de la ley, es la muerte. No cabe duda de que el castigo del pecado es la muerte. Pero además de ver la muerte como el castigo del pecado, debemos ver el pecado como Pablo lo describe en Romanos 6: como un amo que domina a sus siervos y los embauca pagándoles con la muerte.

Observa, además, que en la descripción del retrato de los dos amos, Pablo llama la atención sobre el hecho de que servir a un amo significa librarse de servir al otro. De nuevo vemos que las alternativas son bien definidas: o una o la otra. No hay término medio. Al mismo tiempo, como todos sabemos, estar libre del dominio del pecado no significa ser impecable, no significa que no luchemos y que no caigamos incluso a veces. Significa que ya no estamos dominados por el pecado, por más que este siga siendo una realidad en nuestra vida y por más que debamos reclamar diariamente las promesas de victoria sobre él.

Por lo tanto, este pasaje llega a ser un poderoso llamado para cualquiera que esté sirviendo al pecado. Este tirano no ofrece nada más que la muerte como pago por hacer cosas vergonzosas; por lo tanto, una persona razonable debiera desear la emancipación de este tirano. En cambio, los que sirven a la justicia hacen cosas rectas y dignas de alabanza, no con la idea de obtener así la salvación, sino como fruto de su nueva experiencia. Si actúan con el propósito de ganarse la salvación, no captaron la esencia del evangelio, de lo que es la salvación, ni de por qué necesitan a Jesús.

 

Viernes 17 de noviembre

Para Estudiar y Meditar:

Lee Elena G. de White, Mensajes para los jóvenes, “Apropiarse de la victoria”, pp. 72, 73; El discurso maestro de Jesucrito, “El verdadero motivo del servicio”, pp. 79-81; Testimonios para la iglesia, “Una súplica a los jóvenes”, t. 3 p. 402; Comentario bíblico adventista, t. 6, pp. 1074, 1075.

“Él [Jesús] no consintió en pecar. Ni siquiera por medio de un pensamiento cedió a la tentación. Así también podemos hacer nosotros. La humanidad de Cristo estaba unida con la divinidad; fue hecho idóneo para el conflicto mediante la permanencia del Espíritu Santo en él. Y él vino para hacernos participantes de la naturaleza divina. Mientras estemos unidos con él por la fe, el pecado no tendrá dominio sobre nosotros. Dios extiende su mano para alcanzar la mano de nuestra fe y dirigirla a asirse de la divinidad de Cristo, con el fin de que nuestro carácter pueda alcanzar la perfección” (DTG 98).

“En nuestro bautismo nos comprometemos a romper toda relación con Satanás y sus instrumentos, y a poner corazón, mente y alma en la obra de extender el reino de Dios […]. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se han comprometido a cooperar con los instrumentos humanos santificados”.-“Comentarios de Elena G. de White”, Comentario bíblico adventista, t. 6, p. 1075.

“Una profesión del cristianismo, sin la fe y las obras correspondientes no servirá de nada. Nadie puede servir a dos señores. Los hijos del maligno son los siervos de su señor, al cual se entregaron para obedecerle; son sus siervos, y no pueden ser siervos de Dios a menos que renuncien a todas sus obras. No puede ser inofensivo para los siervos del Rey celestial tomar parte en los placeres y diversiones en que participan los siervos de Satanás, aun cuando repitan a menudo que las tales diversiones son inocentes. Dios ha revelado verdades sagradas y santas que han de separar a sus hijos de los impíos y purificarlos para sí. Los adventistas del séptimo día deben vivir conforme a su fe” (TI 1:358).

Lee Elena G. de White, Mensajes para los jóvenes, “Apropiarse de la victoria”, pp. 72, 73; El discurso maestro de Jesucrito, “El verdadero motivo del servicio”, pp. 79-81; Testimonios para la iglesia, “Una súplica a los jóvenes”, t. 3 p. 402; Comentario bíblico adventista, t. 6, pp. 1074, 1075.

“Él [Jesús] no consintió en pecar. Ni siquiera por medio de un pensamiento cedió a la tentación. Así también podemos hacer nosotros. La humanidad de Cristo estaba unida con la divinidad; fue hecho idóneo para el conflicto mediante la permanencia del Espíritu Santo en él. Y él vino para hacernos participantes de la naturaleza divina. Mientras estemos unidos con él por la fe, el pecado no tendrá dominio sobre nosotros. Dios extiende su mano para alcanzar la mano de nuestra fe y dirigirla a asirse de la divinidad de Cristo, con el fin de que nuestro carácter pueda alcanzar la perfección” (DTG 98).

“En nuestro bautismo nos comprometemos a romper toda relación con Satanás y sus instrumentos, y a poner corazón, mente y alma en la obra de extender el reino de Dios […]. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se han comprometido a cooperar con los instrumentos humanos santificados”.-“Comentarios de Elena G. de White”, Comentario bíblico adventista, t. 6, p. 1075.

“Una profesión del cristianismo, sin la fe y las obras correspondientes no servirá de nada. Nadie puede servir a dos señores. Los hijos del maligno son los siervos de su señor, al cual se entregaron para obedecerle; son sus siervos, y no pueden ser siervos de Dios a menos que renuncien a todas sus obras. No puede ser inofensivo para los siervos del Rey celestial tomar parte en los placeres y diversiones en que participan los siervos de Satanás, aun cuando repitan a menudo que las tales diversiones son inocentes. Dios ha revelado verdades sagradas y santas que han de separar a sus hijos de los impíos y purificarlos para sí. Los adventistas del séptimo día deben vivir conforme a su fe” (TI 1:358).

Preguntas para Dialogar:

  1. A pesar de que tenemos todas estas maravillosas promesas de victoria sobre el pecado, el hecho es que todos (incluso como cristianos nacidos de nuevo) somos conscientes de cuánto hemos caído, de cuánto hemos pecado y de cuán corrompido puede ser nuestro corazón. ¿Existe alguna contradicción? Explica tu respuesta.
  2. En la clase, da un testimonio de lo que Cristo ha hecho en ti, de los cambios que has experimentado, y de la nueva vida que tienes en él.
  3. Aunque es importante que siempre recordemos que nuestra salvación descansa solo en lo que Cristo ha hecho por nosotros, ¿qué peligros surgen si enfatizamos excesivamente esa maravillosa verdad y excluimos la otra parte de la salvación: lo que Jesús hace en nosotros para transformarnos a su imagen? ¿Por qué necesitamos entender y enfatizar estos dos aspectos de la salvación?
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