Jonathan Gallagher Leccion 9. “Ninguna condenación” (4T 2017) Sabado 2 de diciembre del 2017

Leccion 9. Sin condenación (4 Trimestre de 2017: Salvación solo por fe – El libro de Romanos)

Texto bíblico: Romanos 8

Citas
• La libertad del evangelio es una libertad del pecado, no para pecar. Thomas Hall
• La verdad nos hace libres de nuestros enemigos espirituales, libres en el servicio de Dios, libres para el privilegio de ser hijos. Matthew Henry
• El cristiano ha sido trasplantado a un nuevo suelo y un nuevo clima, y Cristo es tanto el suelo como el clima. James S. Stewart
• Nuestro camino se encuentra cuesta arriba, con un cuerpo muerto sobre nuestras espaldas: el enemigo haciendo lo posible por derribarnos. Philip Henry
• Nunca puede haber paz en el alma de un creyente. Hay paz con Dios, pero constante guerra con el pecado. Robert Murray M’Cheyne
• Nunca podremos escabullarnos silenciosamente al cielo, a la presencia de Cristo, sin un conflicto y una cruz. Samuel Rutherford
• La vida cristiana no es un campo de juego, es un campo de batalla. Warren Weirsbe

Preguntas
¿Cómo somos “libres en Cristo”? ¿Por qué necesitamos saber que no hay condenación?¿Cómo se relaciona esto con todos los temas del gran conflicto¿Qué es lo importante en cuanto a ser los hijos de Dios, en todo esto? ¿Qué nos hace sus hijos? ¿Hay
alguna predestinación en todo esto? ¿Cómo la esperanza marca la diferencia?

Para debatir
“Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús.” (8:1) ¡Una de las palabras de mayor consuelo en todas las Escrituras! Para nosotros, que somos demasiado consientes de nuestras faltas y debilidades, tal declaración trae consuelo y esperanza,sabiendo que si estamos “en Jesús” entonces estamos bien con Dios.
Hemos sido “libertados de la ley del pecado y la muerte” (8:2). Tales conceptos de aceptación y liberación llegan al centro de nuestros problemas, y Dios se encarga de ellos. No es extraño que este libro de Romanos haya sido tan apreciado y amado, porque muestra cómo Dios trata con todo esteasunto del pecado – la rebelión en su universo – y cómo nosotros somos parte de ese proceso de vindicación. La ley, como lo explicamos anteriormente, no podría hacer esto, pero Dios en toda su bondad puede hacerlo, y lo hizo (8:3).
El capítulo contrasta la muerte del pecado y la vida de Dios (8:6-13). Dios, el libertador sanador es nuestro amante Padre celestial y nosotros somos sus hijos (8:14-17). A pesar de que el pecado intente “frustrar” el plan de Dios, él completará al final lo que ha planeado. ¡Esa es la razón por la cual tenemos esperanza! (8:18-25).
La discusión se enfoca entonces en la manera como Dios obra. Algunos han asumido esto como una indicación de la predestinación: Que Dios escoge a quienes serán salvos de antemano. Esto, claramente, no está en conformidad con el resto de la Escritura, la cual aclara que la salvación depende de nuestra elección. Lo que se discute aquí es que Dios tiene un conocimiento previo de las cosas, y que él puede lograr todo lo que dice (8:26-30). ¿Cuál debería ser nuestra respuesta? Reconocer que: “si Dios está con nosotros, ¿quién podrá estar contra nosotros?” (8:31). Notemos además el versículo 34, que describe a Jesús, no tratando de persuadir al Padre, sino presentando nuestro caso (el término usado aquí expresa la idea de un abogado)junto al Padre. El capítulo concluye con un hermoso himno de alabanza al amor de Cristo, con la seguridad plena de que ¡nada puede separarnos del amor de Dios! (8:35-39).

Comentario
Dios no hace nada arbitrariamente. Él nos hizo libres a todos para escoger entre el bien y el mal. Él nunca quebranta esa libertad en ninguna de sus criaturas. Todo el conflicto entre la verdad y el error, entre lo bueno y lo malo, debe pelearseen el evento de la conclusión final ante los ojos de todos. Esa conclusión depende del poder de la verdad y del bien para finalmente conquistar en un campo justo, en las mentes de seres libres e inteligentes…
Si Dios en ese entonces hubiese exterminado a las huestes del mal, antes de que al mal se le permitiera revelar su verdadera naturaleza, los que quedaron, ¿no habrían dicho que las acusaciones de Satanás eran justas, y que Dios, en ese mismo acto, estaba probando su propia culpabilidad? Pero esto no habría puesto fin al pecado, sino que más bien lo habría perpetuado y lo habría multiplicado. El objetivo mismo de Dios, al haber hecho esto, habría sido derrotado…De manera que es necesario que se permita que el pecado se desarrolle hasta que todas las criaturas libres e inteligentes de Dios vean que el pecado es miseria y que la justicia es gozo… No hay nada arbitrario en esto. Dios es declarado inocente…
Todo esto se hará, y sin embargo, la perfecta libertad de la mente de cada individuo debe mantenerse en medio de todo. G. E. Fifield, God is Love (Chicago: Theodore Reese, 1897)pp. 152-155.

Comentario de Elena de White
La gracia de Cristo no solo concierne a unos pocos. El mensaje de la misericordia divina y el perdón fue traído por Cristo desde el cielo para ser oído por todos. Nuestro Salvador dice: “Yo soy la luz del mundo”… El Salvador dio a conocer el carácter de Dios, y lo reveló como compasivo, paciente y grande en misericordia y verdad. [Revista Mensajes para los jóvenes,29 de Julio de 1897]
Si bien la vida del cristiano ha de ser caracterizada por la humildad, no debe señalarse por la tristeza y la denigración de sí mismo. Todos tienen el privilegio de vivir de manera que Dios los apruebe y los bendiga. No es la voluntad de nuestro Padre celestial que estemos siempre en condenación y tinieblas. Marchar con la cabeza baja y el corazón lleno de preocupaciones relativas a uno mismo no es prueba de verdadera humildad.
Podemos acudir a Jesús y ser purificados, y permanecer ante la ley sin avergonzarnos ni sentir remordimientos. “Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, mas conforme al Espíritu.” (Romanos 8: 1.)[El Conflicto De los Siglos, p. 531]
La religión de Cristo significa más que el perdón del pecado; significa la extirpación de nuestros pecados y el henchimiento del vacío con las gracias del Espíritu Santo.
Significa iluminación divina, regocijo en Dios, significa un corazón despojado del yo y bendecido con la presencia permanente de Cristo. Cuando Cristo reina en el alma, hay pureza, libertad del pecado. Se cumple en la vida la gloria, la plenitud, la totalidad del plan evangélico. La aceptación del Salvador produce un resplandor de perfecta paz, y amor perfecto, de perfecta seguridad. La belleza y fragancia del carácter de Cristo, reveladas en la vida, testifican que Dios ha enviado ciertamente a su Hijo al mundo, para ser su Salvador. .) [Lecciones Objetivas de Cristo, p. 306]

Preparado y escrito por: © Jonathan Gallagher 2017
Traducción: Shelly Barrios De Ávila

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